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11 ene 2014

El crítico número uno del neoliberalismo ENTREVISTA A ALDO FERRER POR REVISTA VEINTITRES


Algunos consideran a Aldo Ferrer como el padre del modelo kirchnerista. Pero alterna críticas y elogios hacia el Gobierno. Inflación, precios y crisis energética. El pensamiento vivo del gurú de la heterodoxia.
Hablar con Aldo Ferrer es hacerlo con la heterodoxia económica en persona. Desde que egresó de la Facultad de Económicas, allá por la década del ’50, que viene luchando –muchas veces en soledad– contra las posturas económicas liberales y neoliberales. Es el faro y la inspiración de la mayoría de los economistas heterodoxos. No concibe a la Argentina sin el desarrollo de una estructura productiva fuerte, con la industria en el centro de la escena. En charla con Veintitrés, habla de la coyuntura económica y le saca dramatismo a la situación, al tiempo que descree que, de imponerse en 2015, la oposición vaya a desandar lo conseguido durante el kirchnerismo.
–¿Qué opina de la actual situación económica?

24 dic 2009

El primer peronismo Por Aldo Ferrer

CUARTA NOTA DEL BICENTENARIO
En el seno del gobierno de facto, instalado con el golpe de Estado del 4 de junio de 1943, surgió un jefe que comprendió los reclamos populares contra la injusticia social, el fraude y la subordinación a la potencia imperial, reclamo que había sido expresado, principalmente, desde las filas del radicalismo de filiación yrigoyenista, entre otros, por los militantes de FORJA. El coronel Juan Domingo Perón se hizo cargo de la protesta. Desde la cartera laboral del gabinete, puso en marcha diversas medidas de protección del trabajador, en el marco de un discurso de contenido nacionalista y reivindicatorio del respeto a la voluntad popular. El hecho de que el caudillo surgiera de un gobierno de facto, sospechado de simpatías con las potencias del Eje, dividió mal las aguas, mezclando, en el campo opositor, a los representantes del régimen oligárquico con sectores populares que compartían la protesta social. Las falsas antinomias se repitieron incesantemente y constituyen, hasta la actualidad, una debilidad de la densidad nacional y obstáculo fundamental a la construcción de coaliciones para sostener el proceso de transformación.

21 dic 2009

La lección que la clase media no aprendió Por Alejandro Horowicz


Los comerciantes conocen el secreto: la adolescencia contiene casi todo el target “aspiracional hacia arriba y hacia abajo”: los chicos y chicas de 9 a12 años quieren ser adolescentes, lo mismo sucede con los de 30, más allá de su sexo, y los que tienen más edad de ningún modo aceptan que se note.

En materia de distribución del ingreso y pertenencia a clases sociales ocurre otro tanto: todos quieren ser de clase media. Al menos así piensan los economistas del Centro de Estudios Distributivos Laborales y Sociales (Cedlas) de la Universidad Nacional de La Plata. La tesis, más sociológica que económica, permite ver que la “clase media” funciona como proyecto tanto para pobres como para ricos. A ese club todos creen/quieren pertenecer.
“Un 50 por ciento de la población piensa que se ubica en los dos deciles –20 por ciento– del segmento medio, y eso es matemáticamente imposible”, explica Guillermo Cruces, economista de la UNLP. El efecto observado resulta asimétrico, ya que son más los ricos que creen pertenecer al club, que los pobres que pueden acceder a él.
Pero: ¿cuál es la magia de la clase media?

20 dic 2009

ESPECIALISTAS EN ERRAR


En estas semanas en que la tradición obliga a consultar a los economistas de la city sobre los pronósticos 2010, Cash prefirió evaluar lo que afirmaron para este año y su resultado. Ese elenco, cuya especialidad es el error en sus estimaciones, tropieza una y otra vez con la misma piedra. La concepción ortodoxa de la economía junto a la tarea de actuar como instrumento de presión con sus opiniones a favor del establishment los precipita a equivocarse. De todos modos, son afortunados: en cualquier otra profesión ya estarían buscando trabajo en otra actividad.


Por Roberto Navarro
“NNi siquiera con la confiscación de las jubilaciones el Gobierno podrá cumplir con los vencimientos de la deuda pública de 2009: porque tendrá pesos, pero no dólares para cancelar los vencimientos.” El 9 de noviembre de 2008, el diario La Nación recogió esta opinión del economista Miguel Angel Broda. En el peor momento de la crisis financiera internacional, el consultor de la city generaba incertidumbre entre los inversores alertando sobre la posibilidad de un nuevo default argentino. Un año después el país no sólo cumplió con todos sus compromisos de 2009; también constituyó un fondo con unos 6600 millones de dólares para pagar sus deudas de 2010. Se trató de otra equivocación de Broda en sus pronósticos, como el que vaticinó de un dólar a 10 pesos en 2002, valor que nunca alcanzó. Pero no está sólo. Desde hace varios años el elenco de economistas de la city, cuya especialidad es el error en sus pronósticos, tropiezan una y otra vez con la misma piedra: su concepción ortodoxa de la economía junto a la tarea de actuar como instrumento de presión con sus opiniones a favor del establishment los precipita a equivocarse. Al ya mencionado Broda, en ese equipo de gurúes que hace mucho dejaron el análisis riguroso para transformarse en profesionales de estimaciones fallidas se encuentran varios más: Aldo Abram, Ricardo Arriazu, Daniel Artana, Mario Brodersohn, Juan Carlos De Pablo, José Luis Espert, Orlando Ferreres, Miguel Kiguel, Ricardo Delgado, Ricardo López Murphy, Manuel Solanet, Carlos Melconián, entre otro más. De todos modos, ese elenco de economistas son afortunados: en cualquier otra profesión ya estarían buscando trabajo en otra actividad. Es difícil que un médico que haya sido acusado de mala praxis pueda seguir ejerciendo, o un arquitecto que se haya equivocado en los cálculos de construcción provocando un derrumbe pueda continuar su carrera laboral. Estos economistas, en cambio, son premiados en gran parte de los medios y en el establishment por sus errores.

13 dic 2009

La EPH Por Alfredo Zaiat

Para analizar la evolución de la distribución del ingreso se requiere de las cifras que surgen de la Encuesta Permanente de Hogares elaboradas por el Indec. Durante dos años se careció de esos datos por motivos técnicos y por funcionarios desplazados que pusieron obstáculos para el acceso a la base de información, disputas políticas, gremiales y personales, inhábiles funcionarios para la conducción de un conflicto, obstrucción informativa acerca de las razones de esa discontinuidad y exagerada morosidad en normalizar un área sensible. Ese extenso período de vacío estadístico dejó el camino libre para las interpretaciones más variadas sobre la tendencia que había adquirido la distribución del ingreso, variable clave en términos socioeconómico y político, porque el Gobierno la había asumido como bandera propia. En ese debate, no merece destacarse la opinión de la ortodoxia y las corrientes conservadoras, porque poco les importa ese indicador; más bien son ejecutores de políticas para agudizar la regresividad pese a que ahora adaptaron su discurso al tono de moda. En cambio, es relevante la de los grupos que se identifican con el progresismo, puesto que aseguraron que había empeorado la distribución, incluso afirmando que en comparación resulta peor que la registrada en la década del noventa. Esa sentencia ignora lo que implica la orientación de una tendencia (al empeoramiento durante el menemismo; a la recuperación desde 2003) y ha tenido predicamento precisamente por el espacio estadístico vacante del Indec. Por fin, la base de la EPH volvió a ser pública (la renovada y la anterior) y, por lo tanto, se puede acceder a la información para estudiar la dinámica de la distribución del ingreso. Ahora ya no habrá excusas para eludir la rigurosidad, con la excepción de aquellos que prefieran continuar con las chicanas políticas de bajo vuelo. La primera aproximación a esas cifras ofrece dos conclusiones:

Estadísticas y bienestar Por Alfredo Zaiat

Los galardonados por el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz y Amartya Sen, coordinados por el destacado economista Jean-Paul Fitoussi, trabajaron en una comisión con otros 21 expertos de reconocimiento internacional para elaborar una serie de recomendaciones para mejorar las estadísticas públicas. En febrero de 2008, el presidente francés, Nicolas Sarkozy, los convocó para dar respuesta a la insatisfacción con el estado de la información estadística sobre economía y sociedad. El 14 de septiembre pasado se presentó en la Universidad de la Sorbona el Informe de la Comisión sobre la medición del desarrollo económico y del progreso social. La relevancia de este trabajo reside en que expone en forma contundente que la pérdida de confianza en las estadísticas oficiales es un fenómeno que atraviesa a muchos países. Se destacan especialmente los casos de Francia y Gran Bretaña, precisando que apenas un tercio de los ciudadanos de esos países confían en las cifras oficiales. Existe una diferencia pronunciada entre las mediciones habituales de las grandes variables socioeconómicas, como el crecimiento, la inflación y el desempleo, entre otras, y las percepciones ampliamente generalizadas de dichas realidades. En ese informe se sostiene que “esta diferencia es tan importante y está tan generalizada que no sólo puede explicarse refiriéndose a la ilusión monetaria o la psicología humana”. Este fenómeno influye en las modalidades del debate público sobre la situación de la economía y las políticas que se instrumentan.

28 oct 2009

“Están forjando su propio destino” Por Cristian Carrillo

PAUL KRUGMAN, NOBEL DE ECONOMIA, DIO UNA CONFERENCIA EN BUENOS AIRES

El prestigioso economista estadounidense dijo que Argentina logrará una rápida y fuerte recuperación de la crisis. Elogió las políticas heterodoxas del pasado, aunque recomendó cambiar de estrategia. Criticó al FMI y analizó cómo seguirá la economía mundial.
“Esta región está forjándose su propio destino y la decisión está ahora en ustedes.” La frase, que parece salida del final de una película hollywoodense, pertenece al economista y Premio Nobel 2008, Paul Krugman, al referirse al futuro de la Argentina. El especialista aseguró que la economía local logrará una rápida y “fuerte” recuperación de la crisis internacional, al igual que lo está haciendo Brasil, gracias a que el impacto del derrumbe financiero “fue relativamente más moderado que en otras partes del mundo”. La Argentina sacará ventaja de la debilidad del dólar ante el resto de las monedas a través del ingreso de divisas por exportación de materias primas y de la relación entre América latina y China. “Hay entorno para Sudamérica más favorable de lo que era en 2005 y la perspectiva es mejor acá que en Europa y Norteamérica”, aseguró Krugman al participar ayer del World Business Forum, en un hotel de Puerto Madero. Fue una visita corta, ya que estuvo menos de 24 horas en el país. El economista insistió en que aplicar políticas heterodoxas tras la crisis de 2001 fue necesario en el país, pero fue menos entusiasta en la recomendación de seguir con ellas. Respecto de la reapertura del canje de deuda, opinó que es un “buen síntoma” y que el Gobierno y los holdouts deben tratar de “resolver el tema como adultos”. También criticó al Fondo Monetario.

No utilizó filminas con gráficos ni punteros láser a la hora de ilustrar su presentación. Krugman arribó al estrado, donde cerca de mil ejecutivos aguardaban su exposición, sin siquiera una carpeta. Sacó de su bolsillo unas cuantas hojas arrugadas, que desdobló luego cuidadosamente, y en las que se traslucían las anotaciones hechas de puño y letra y varias tachaduras con birome. Tras sortear algunos problemas de acople con el sonido, sobre los que ironizó que se hacían “para evitar que hablara”, comenzó con su disertación. Más tarde ofreció una conferencia para algunos periodistas en la que se centró en la problemática local.
“Ya pasó este tiempo terrible, la crisis del 2002, el cese de pagos y la renegociación de la deuda que fue necesaria”, afirmó. El Nobel en Economía del año pasado celebró que se haya reabierto el canje. “Lo importante de estas acciones no es la carga de la deuda, sino el efecto y el hecho de que se termina esta historia y seguimos adelante”, agregó. El especialista responsabilizó de la crisis de 2001 a la convertibilidad, la cual fue desde el inicio una “mala idea”. Defendió también las políticas que llevó a cabo el Gobierno desde entonces. “La Argentina fue heterodoxa después de la crisis de 2001 y eso estuvo bien, pero ahora debería dejar esa posición”, consideró. Entre las medidas que destacó se refirió a la salida de la convertibilidad y la “dura” reestructuración de la deuda, que fue “necesaria”. “No obstante, los controles de precios no creo que hayan sido algo positivo”, juzgó, para satisfacción de los empresarios presentes.
“El error es quedarse demasiado en la heterodoxia y no saber ponerle fin a eso. Es ahora momento de cultivar una imagen de ciudadano respetable, para volver a ser heterodoxo cuando se necesite”, opinó Krugman. Consultado acerca de la aplicación de retenciones, reconoció que ha habido una larga historia en impuestos abusivos y cuando se habla del tema, “uno sospecha”. Sin embargo, señaló que los gobiernos siempre capturan una parte de esa renta. “Eso fue útil para los países petroleros”, ejemplificó.
El FMI no escapó a sus críticas. “A veces suenan mucho más flexibles y otras son los mismos de siempre”, afirmó el economista, tomando como ejemplo las políticas que recetó a países de Europa del Este.
La Gran Depresión
A pesar de que esa comparación cayó en descrédito con las últimas cifras de recuperación mundial, Krugman cotejó el comportamiento de la economía mundial en el último año con el primero de la Gran Depresión. “Acabamos de transitar años terroríficos”, comenzó a decir. Entre finales de 1929 y principios de 1930 la producción industrial mundial cayó un 12 por ciento. Entre la primavera de 2008 y la de 2009, la retracción fue de la misma cuantía. En tanto, el comercio mundial se retrajo 7 por ciento en el ’30 y un 20 por ciento en este último año. “En este colapso todo el mundo fue atrapado, debido al efecto en la demanda mundial, con reducción y contracción de gran parte del sistema financiero; totalmente equiparabale a la Gran Depresión”, agregó.
De todas maneras, vaticinó que el segundo año no será tan malo. “Vamos a poder contener el colapso, aunque el comercio mundial se encuentra aún 18 por ciento debajo de su pico”, explicó. Por primera vez en su vida profesional ve que “a América latina le va mejor que al resto del mundo” y que “muestra signos serios de recuperación”.
Se hizo mal y bien
El problema –según apuntó– fue la falta de regulación. Sólo se vigiló a los bancos convencionales, mientras se creaba un sistema financiero fantasma con más fondos que el sistema convencional de depósitos y créditos. No obstante, el economista destacó algunas medidas que permitieron que se controle el efecto expansivo. La primera fue que los bancos centrales no cometieron el mismo error que en 1930, de subir las tasas de interés para defender, en ese momento, el patrón oro. En cambio, las redujeron rápidamente, aunque no alcanzó. Según un modelo econométrico, la tasa tendría que estar hoy en 5 por ciento negativo. La segunda, los gobiernos son actualmente más grandes y el gasto público fue elevado, y puso un piso a la crisis. Tercero: la intervención del gobierno para respaldar al sistema financiero, la FED, BCE, Japón y Reino Unido. Por último, el estímulo fiscal. Este permitió a los Estados Unidos recuperar 1,5 millones de empleos que se habían perdido.
Doble caída
Krugman alertó sobre la posibilidad de una segunda vuelta del retroceso de la economía. El ralentamiento de la actividad se basa en que la actual recuperación responde sólo a la “venta de inventarios”. Además, los efectos de los planes de estímulo comenzarán a desvanecerse y la economía mundial se acercará a un proceso recesivo muy prolongado hasta la recuperación.
“Se estima que tras una crisis el desempleo alcanza su techo a los 4,5 años”, afirmó el Nobel. De ser así, el deterioro laboral se extendería hasta 2012. Sin embargo, remarcó que existen recuperaciones rápidas, “como la de Argentina después de 2002”. “Pero siempre tiene que ver con las exportaciones y para ello debe depreciarse el tipo de cambio. Y no podemos todos hacer lo mismo, porque deberíamos exportarle a otro planeta”, ironizó.
Monedas y materias primas
“El dólar como moneda de reserva no va a desaparecer”, ratificó con tono concluyente el economista. Explicó que para ser reserva una moneda debe tener buena circulación. “Los remimbi de China no pueden ser reserva mientras haya trabas al ingreso y egreso de capitales”, explicó. Sostuvo que el euro parece un “rival serio”, pero los mercados financieros que la integran no están unificados. Alemania y Francia se presentan como mercados seguros; sin embargo, España e Italia no. “Si todos fueran seguros podrían ser equivalentes al dólar. El reinado del dólar continuará por un tiempo”, concluyó.
La solución, argumentó, estará en la inversión privada y en la protección del medio ambiente. “Una crisis financiera puede arruinar una década, pero el calentamiento global puede arruinarlo todo”, concluyó.
http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-134225-2009-10-28.html

Krugman opinó que la recuperación económica será fuerte en Argentina

El premio Nobel de Economía norteamericano, que cuestionó los controles de precios y las restricciones a la exportación en el país, disertó en el marco del foro Economy & Finance que se realizó en la Capital

El premio Nobel de Economía 2008, Paul Krugman, sostuvo que la recuperación económica será "bastante fuerte" en la Argentina y Brasil, y cuestionó los controles de precios y las restricciones a las exportaciones en el país.

En una conferencia de prensa brindada en el marco del World Business Forum, que se realiza en esta Capital, Krugman señaló que la perspectiva de una recuperación de la región "es buena, mejor que en otro lugar del mundo, con excepción de Asia".
Krugman sostuvo que la Argentina aplicó políticas heterodoxas "que yo apoyo, como la salida de la convertibilidad y la renegociación de la deuda externa".
"Pero no es apropiado castigar a la economía con controles de precios, no creo que haya sido positivo" en la Argentina", añadió.
"Hay que tener mucho cuidado, la historia de las intervenciones no es buena. Estoy en contra de controlar las exportaciones y es perturbador que vuelvan a existir una vez más", señaló el economista, al hacer referencia a la política de retenciones del Gobierno.
Al referirse al canje de deuda anunciado por el Gobierno, sostuvo que "es un síntoma bueno, porque es deseable terminar con el episodio del default, después de la terrible situación del 2002 y la renegociación fue necesaria".
"Si bien esa no fue la solución definitiva en términos de costo de endeudamiento, lo mejor es que se pone punto final a esta situación", añadió Krugman.
El economista no se mostró muy confiado en que vaya a haber un cambio en las políticas del FMI. Dijo que ese organismo "a veces suena como más flexible y más abierto mentalmente, pero en otras oportunidades suena como el viejo FMI".
No obstante, consideró que el FMI, junto con los bancos centrales del mundo, adoptaron una política correcta, al aumentar la liquidez "porque lograron evitar que la crisis se profundizara".
Dijo que los países emergentes "son ahora un poder importante y que las decisiones ya no son más solamente de los clubes occidentales y Japón y esto es un gran logro".
Al referirse a la reanudación posible de la relaciones de Argentina con el FMI "opinó que las dos partes deben resolver como adulto esta situación y lo que espero es que esta situación este a punto de resolverse".
La economía global
Al referirse a la situación de los Estados Unidos, el Premio Nobel dijo que la Reserva Federal "debería seguir asistiendo a la economía siempre y cuando necesite ese respaldo", y opinó que ninguna moneda reemplazará al dólar en el mundo "al menos en los próximos diez años.
"El euro es importantísimo, pero no creo que por los próximos diez años sea un desafío para el dólar, y mucho menos una moneda asiática", añadió.
El Premio Nobel de Economía de 2008 dijo que la "fase extrema" de la crisis global fue superada, pero advirtió de que en los próximos meses se puede registrar una recaída en la economía mundial.
"Superamos la fase extrema de la crisis, pero nos queda mucho trecho por recorrer antes de superar todos los problemas. Pasamos la etapa en que parecía que el mundo llegaba a su fin. Parecía el Apocalipsis. Pero esto dista mucho de decir que estamos en el camino de regreso a la prosperidad", agregó al disertar en Buenos Aires ante empresarios.
Krugman consideró que "en el corto plazo, en los próximos seis a ocho meses, hay una posibilidad bastante fuerte de un retroceso importante" de la economía.
"No sé si va a haber una nueva recesión, pero sí va a haber una ralentización del crecimiento", sostuvo.
Este fenómeno, explicó, se dará por un lado, "porque mucho del crecimiento actual tiene que ver con inventarios", que se han recuperado tras la crisis, pero dejarán de recomponerse para finales de este año.
España, un símbolo de la crisis
La vida sería mucho más fácil si hubiera un federalismo fiscal en Europa. En Estados Unidos, estados como Florida y California, que se vieron severamente afectadas por la burbuja inmobiliaria, inmediatamente recibieron ayuda porque la seguridad social sigue siendo financiada por Washington. Eso no va a suceder en Europa", señaló a preguntas de EFE.
Krugman analizó que España deberá someterse a una fuerte "devaluación interna", con recortes de salarios y precios, para salir de la crisis ya que no puede esperar ayudas de la Unión Europea (UE).
"España realmente no tiene otra alternativa más que lo que se puede llamar una devaluación interna. Tiene que tener una caída en sueldos y precios, una caída relativa en relación a Alemania", dijo Krugman.
El economista sostuvo, en una disertación ante empresarios, que el euro, como moneda única, "plantea problemas graves para regiones deprimidas de Europa como España que no tiene una forma real de ajustarse".
"España tuvo esta monstruosa burbuja de construcción que colapsó y ahora tiene un 17% de desempleo y necesita, o bien que los trabajadores se trasladen a otras partes de Europa, o bien una caída en sus salarios relativos", indicó.
"Pero los trabajadores no se trasladan con tanta libertad dentro de Europa. Es muy difícil que los costos y los salarios estén alineados (con la UE). Hace 20 años España hubiera devaluado la peseta, pero hoy no hay peseta, está el euro, y esto parece que les está resultando un chaleco de fuerza", añadió.
Al ser consultado sobre si España debería recibir alguna ayuda especial de la UE, Krugman dijo que "simplemente sí, pero eso no va a suceder".
El Premio Nobel consideró que ante esta "muy difícil" situación, "España va a tener que hacer recortes de sueldos, recortes de precios".
"No me gusta esto, no es una manera de ajustarse, pero es la única forma disponible. Odio esto: no me gusta la deflación, pero la realidad es que va a suceder. La pregunta es si va a pasar durante diez años de sufrimiento o relativamente rápido", se preguntó el economista.
Fuente: NA y EFE

27 oct 2009

El dólar: “muerto”… ¡ma non troppo! Por Eduardo Luis Curia


Se intensifican las manifestaciones y trascendidos acerca del desfallecimiento del dólar en el mundo. Incluso, desde hace semanas, el dólar se deprecia frente al euro y frente a otras monedas. El debilitamiento del dólar en cuestión se insinuaba desde tiempo atrás, pero, sin duda, la emergencia de una enorme crisis mundial fogoneada desde el país titular de esa moneda, impuso un empujón adicional al asunto.
Como es sabido, una “teorización” al respecto -y que se tratamos en una nota anterior- la formuló el gobernador del Banco Central chino, Zhou Xiaochuan, el que argumentó que debería apuntarse a despegar en el tiempo a la moneda que sirva de reserva mundial de un signo monetario de cuño nacional, como es el dólar. Aducía que, ante la posibilidad de que el país titular de la moneda de reserva debiera abordar un ajuste interno y rematar en una depreciación de aquella, en virtud de tratarse de una moneda patrón, se podría suscitar un efecto “arrastre” sobre otros países. Aquí rondaba la sombra del más del millón de millón de dólares (alrededor de la mitad de las reservas chinas) que China tiene colocadas en títulos de los EE.UU.
Posturas “orgánicas” y públicas como la comentada, combinan con trascendidos de especie variada: vgr., que diversos países petroleros buscarían eliminar el monopolio de uso del dólar en las operaciones relativas al fluido, lo que hallaría franca resistencia en los productores petroleros árabes.
Tampoco faltan posiciones académicas que aspiran a sumar aportes en parecida dirección, como es el caso del Nóbel Stiglitz, quien también abordó la cuestión del reemplazo del dólar como moneda de reserva mundial.
DEL “DICHO” AL “HECHO”. De todas formas, no está claro quién le va a colocar el cascabel al gato, bajo qué metodología se efectuará la operación y en qué tiempo. Por otra parte, no es fácil coherentizar las posiciones al respecto.
Compútese que aun el 65% de las reservas mundiales están corporizadas en dólares. Por ende, una fórmula posible de viabilización del famoso reemplazo, es la continuidad del proceso de desgaste de la posición privilegiada del dólar. Pero, ¿cuál es la estimación del plazo de esta “muerte natural”?.
En lo inmediato, en cuanto a la actual desvalorización del dólar respecto del euro, ello parece trasuntar la idea de que la economía europea puede repuntar antes que la americana, interactuando con la hipótesis de que la Reserva Federal demorará más para incrementar la tasas de interés. Ahora bien, la primera de esas hipótesis no está a salvo de discusión. Por lo demás, Krugman señala que, precisamente, la depreciación del dólar -no se olvide que en su momento existía una relación: un euro igual a 1,60 dólares-, de la mano de fondos que ahora salen de los EE.UU. hacia otras plazas, mientras de paso favorece el frente comercial externo de ese país, es una manera de exudar una “mayor confianza”, en el sentido de que el epicentro de la crisis está reaccionando. Por supuesto, Krugman relativiza el “peligro” de inflación en los EE.UU., algo que choca con percepciones bastante difundidas (y más ortodoxas).
Más aun, teniendo como trasfondo aquello del aludido desgaste natural del dólar, véase que China y otras naciones asiáticas, no dejan de intervenir para sostener en sus áreas el valor del dólar americano. China, por ejemplo, mantiene un valor del yuan en un nivel que sobrepasa algo los 6,80 por dólar.
En realidad, al gran país asiático, se le plantea el viejo dilema de “estar en misa y repiquetear la campana, al mismo tiempo”. Plantea por un lado, programáticamente, el reemplazo del dólar como moneda de reserva, por los riesgos que esta condición instiga, pero, a la vez, defiende en lo inmediato el valor del dólar, por de pronto, por eventuales efectos “riqueza” perentorios en torno a la colocación de sus reservas.
Pero, hay bastante más. Pesan aspectos que rozan directamente la exitosa estrategia de desarrollo -que enfatiza la proyección exportadora industrial- de China, que le permitió en unos lustros sextuplicar su incidencia en el PIB internacional, erigiéndose en una potencia económica mundial, y aumentar su población urbana en 300 millones de personas, de las cuales la mitad ya halló empleo productivo en función de esa estrategia. Mucho se dice que, por tal razón, esa estrategia está muy expuesta por la misma circunstancia de su fuerte proclividad exportadora y su vinculación con los mercados mundiales, en especial, en instancias de crisis.
Sin embargo, este argumento, justamente, huele a “cuento chino”. Porque los datos durante la crisis demuestran que China, si bien sufrió la caída de sus exportaciones, la misma fue comparativamente menor que la de otros grandes competidores, con lo cual, terminó ampliando su participación en el comercio mundial. Y, en definitiva, el poderío que cimentó con el modelo en cuestión, también le permite estimular su mercado interno. Así, sumando resortes, logró moderar la caída de su ritmo de actividad. China, aun con todo el soberbio plafond competitivo que posee, no se dedicó a dejar apreciar su moneda contra el dólar (hasta ella se depreció algo en determinado momento). Por lo visto, jamás se le ocurrió esgrimir el sideral dislate, como sí hicieron varios círculos en nuestro país, de despreocuparse por la proyección exportadora y la competitividad cambiaria, porque: “total, la demanda externa se debilitaba”.
Por cierto, el gobierno y múltiples círculos a derecha y a izquierda de los EE.UU. le reclaman a China la clara apreciación de su moneda, dejando que flote o apelando a otros mecanismos. Por un lado, se aduce que la gran liquidez que “bombea” China a los EE.UU. (recolocando sus reservas) tuvo mucho que ver con la burbuja que desencadenó la reciente crisis planetaria. Por el otro lado, más a la izquierda (americana), se alude al empleo interno que se pierde como correlato del modelo del país asiático.
Cuando se trata de endulzar tamaño reclamo, en los EE.UU. se suele alegar que China, apreciando el tipo de cambio, limitando su ahorro, incrementando el consumo y mejorando el sistema bancario y crediticio para reforzar lo último, “estaría de parabienes”. Lo que pasa es que los chinos conocen el antecedente del caso japonés cuando Japón, décadas atrás, aceptó el reclamo norteamericano de apreciar el yen. La administración de este asunto fue uno de los factores que llevó al Japón a una fuerte depresión y a una trampa de liquidez.
Naturalmente, el entuerto está planteado desde hace tiempo. China desconfía del dólar, pero, a la postre, se benefició ampliamente a través de su conexividad con la economía norteamericana, la que le ofreció un gran mercado para actuar en escala, con el aporte de capitales provenientes de los EE.UU., los que contribuyen mucho al despliegue de su manufactura con proyección exportadora. En gran parte, el poder comercial externo chino y el déficit externo de los EE.UU. se hallan muy entreverados. De lo que China tampoco puede hacerse completamente la desentendida, por lo que le cabe (asimismo, China es gran candidata a la aplicación de acciones antidumping por terceros, aunque, claro, posee un notable poder de fuego para retalionar). Respecto a todo esto, suena hilarante que el titular del Banco Central chino, en algunos foros, como dato de preocupación respecto de la economía norteamericana, además del tópico del peligro de la inflación, ¡cite el del déficit externo americano!, como si su país no gravitara en el asunto. Obviamente, en medio de esta pulseada entre los EE.UU. y China, que lucen en este ámbito como “enemigos íntimos”, queda instalada Europa.
La “solución” que permitiría superar el atolladero, se dice, es la célebre ampliación de los derechos especiales de giro (DEG). Pero, debería tratarse de una emisión ultra masiva (hoy, los DEG, pese al reciente refuerzo, no son más que el 4/5% de las reservas totales). Algo que es más fácil decirlo que hacerlo. ¿Cuál sería el procedimiento, cuál el plazo, que países respaldarían el asunto?. Si China aspira a jugar en las ligas mayores en este frente, ¿ello es compatible con un superávit comercial externo, como el de 2008, de casi 300.000 millones de dólares?. Pero, justamente, este resultado se asocia con su exitoso modelo económico.
En fin: cada vez hay más voces que advierten acerca de que el dólar está destinado a morir como moneda de reserva. No obstante, en perspectiva, con todos los bemoles que campean en el asunto, el dólar “está muerto”…¡ma non troppo!
http://www.elargentino.com/nota-63242-El-dolar-muerto…-¡ma-non-troppo!.html

TEMAS DE DEBATE: ¿POR QUE LA BANCA NO SIRVE PARA FINANCIAR LA ACTIVIDAD PRODUCTIVA?

Un sistema que gira al revés

El crédito bancario sigue siendo un objeto inalcanzable para el sector pyme, emblema de la actividad productiva. La actitud parcialmente distinta de la banca pública no alcanza. La carencia de incentivos y políticas, en la visión de dos especialistas.
Producción: Tomás Lukin

La garantía, puerta de acceso

Por Ramiro Manzanal *
Durante el 2008, la cartera pyme representaba apenas un cuarto del total de préstamos al sector privado no financiero. Esto es revelador de las dificultades del sistema financiero a la hora de canalizar el crédito hacia el sistema productivo en general, y hacia las pymes en particular. Sin embargo hay matices. Parte de la banca pública ha mostrado fuerte dinamismo reciclando el ahorro en créditos genuinos a la producción. A modo de ejemplo, también durante el año 2008, sólo el Banco de la Nación Argentina explicaba 75 por ciento del incremento del total de la cartera de préstamos a pymes.

Este contraste revela que si bien persisten dificultades para las pymes al momento de acceder al financiamiento, cuando se les ofrecen condiciones favorables responden con dinamismo. Ahora bien, cuando se habla de condiciones favorables, no sólo se hace referencia a bajas tasas y largos plazos, sino también a una exigencia en materia de garantías que pueda ser cumplida.
Los sistemas de garantía, entonces, han sido desarrollados con el objetivo de fortalecer las capacidades de las pequeñas y medianas empresas para acceder al financiamiento. Una de sus modalidades, las Sociedades de Garantía Recíproca (SGR), son entidades constituidas para dotar a las empresas de reducido tamaño, de colaterales que les permitan mejorar las condiciones y el acceso al mercado crediticio; esto es, otorgar garantías destinadas a respaldar crédito comercial o financiero que sus beneficiarios solicitan en el sistema financiero.
El sistema de SGR implementado en Argentina, a través de la Ley 24.467 y reformado parcialmente por la Ley 25.300, posee algunas características particulares. Específicamente, el esquema de incentivos impositivos implementado en el que las SGR obtienen la exención del impuesto al valor agregado y del impuesto a las ganancias por el otorgamiento de los contratos de garantía. Además, se otorga una exención impositiva para los aportes al fondo de riesgo, que pueden ser imputados como gastos por los socios protectores en forma anticipada. Así, el socio protector adiciona el rendimiento del fondo de riesgo el acceso a una desgravación impositiva.
Bajo este esquema, aunque el volumen de garantías creció de manera importante entre 2002 y 2007, se trataba todavía de una presencia poco significativa. En efecto, el sistema de SGR representaba en 2007 menos del 6 por ciento de las financiaciones que reciben las pymes en el sistema bancario. En este contexto, el comportamiento de las SGR resultó claramente conservador una vez alcanzados los ratios mínimos exigidos por la legislación (80 por ciento del fondo de riesgo), de modo que la expansión del sistema se basó más en la ampliación del número de jugadores antes que en mejoras de productividad o ampliación del negocio de cada SGR. De menos de una decena de operadores se pasó a veinticuatro a partir de 2005.
Entre 2006 y 2007, la Sepyme decidió dotar al sistema de una mayor racionalidad mediante una serie de medidas correctivas. Acotó la ampliación del sistema a nuevos jugadores y del fondo de riesgo de las SGR existentes. Procedió a auditar la totalidad de las SGR, lo que derivó en la revocación de la autorización para funcionar de dos SGR. Además, se exigió un apalancamiento del 150 por ciento para aceptar la reimposición del fondo de riesgo una vez caducado el plazo de la inversión y se exigió uno del 250 por ciento para solicitar aumento de fondo de riesgo. Estas medidas permitieron incrementar sustancialmente el apalancamiento del sistema, pasando de 122 por ciento en marzo de 2006 a 144 por ciento un año más tarde y 170 por ciento a fines de 2007, todo ello manteniendo el mismo costo fiscal en tanto se limitaron drásticamente las autorizaciones de nuevas SGR y los aumentos de fondo de riesgo.
Sin embargo, ello no disipa la necesidad de un replanteo del sistema. En este sentido, la referencia al caso español resulta interesante. La operatoria de las SGR españolas no está sujeta a exenciones impositivas. Sin embargo, cuentan con un mecanismo promocional que ha mostrado un marcado dinamismo: la Compañía Española de Reafianzamiento SA (Cersa). Este reaseguro apalanca la capacidad de absorción de riesgo por parte de las SGR a la vez que disciplina el sistema. Este tipo de garantías de segundo piso incrementan el efecto multiplicador de los fondos propios, al tiempo que expanden la capacidad de otorgar garantías. Esto resulta determinante en términos de la viabilidad a largo plazo de las SGR.
Estimular la presencia de pocas SGR sólidas y diversificadas, inducir mecanismos de mayor apalancamiento, reemplazar sistemas de desgravación por otros basados en diferimientos impositivos, fortalecer los mecanismos de control y fiscalización, dotar al sistema de una mayor presencia de fondos públicos e incorporar el mecanismo de reafianzamiento como una alternativa para profundizar el sistema de garantías son algunos de los objetivos que una reforma no debería soslayar.
* Economista de la AEDA Asociación de Economía para el Desarrollo de la Argentina.
Crédito escaso y para pocos

Por María José Castells *
Luego de la devaluación de 2002, la evolución del crédito bancario local al sector privado no financiero mostró sus primeros síntomas de recuperación hacia mediados de 2004. En menos de un lustro, más que se duplicó el volumen total de préstamos, aun considerando que en la actualidad el ratio préstamos/PIB apenas supera el 10 por ciento, mientras que en países desarrollados esa relación va del 100 al 150 por ciento.

Al analizar la estructura de financiamiento por tramo de deuda, se observa que la participación de la cartera pyme (compuesta por las operaciones que van de 0,5 a 5 millones de pesos) en el total de los préstamos para el conjunto de bancos apenas alcanzó el 27,8 por ciento para el período 2005-2009, y si analizamos junio de 2009, apenas si supera el 24 por ciento. Si bien se destaca el comportamiento de las bancas cooperativa y pública (en particular la nacional), tanto en términos de la participación que la cartera pyme mantiene en el total de los préstamos como de los niveles de crecimiento interanual que presentan los créditos a este sector, el financiamiento bancario local destinado a las pymes mantiene un lugar marginal en el sistema financiero argentino. Las sucursales de entidades financieras del exterior apenas destinan el 15 por ciento de sus préstamos al financiamiento pyme.
Así, la concentración de los tomadores de crédito no sólo evidencia que un grupo menor de empresas se lleva la mayor parte del mismo, dado que los bancos las encuentran mucho más rentables y con garantías más sólidas, sino que las empresas de menor envergadura se ven casi imposibilitadas de acceder al crédito bancario. Y esto no es menor, ya que son precisamente las pymes las que están impedidas de acceder a fuentes alternativas de financiamiento, pues si bien se ha venido desarrollando el mercado de valores, principalmente a través de cheques de pago diferido, es claro que el sistema bancario local representa la fuente de financiamiento casi exclusiva para este sector.
Paralelamente, los créditos al consumo y de corto plazo, en particular las líneas destinadas al financiamiento de saldos de tarjetas de crédito y de préstamos personales, mostraron las tasas de crecimiento interanuales más elevadas y sostenidas a lo largo del período y constituyen, en conjunto, el 39 por ciento del total de los préstamos al sector privado no financiero en pesos, tendencia que parece profundizarse. Esto es un indicador de la preponderancia del crédito al consumo por sobre el destinado a la inversión de mediano y largo plazo.
Algo semejante sucede con el financiamiento a la vivienda: a la banca privada parece no seducirla demasiado la idea de prestar a las familias a largo plazo, dada la complejidad de determinar tasas de interés en estas operaciones. También aquí la banca pública hizo lo suyo, intentando cubrir, al menos en parte, la enorme brecha existente entre la oferta y la demanda de créditos hipotecarios. Pero una vez más, el rol de aquélla no es más que un paliativo a una situación estructural, que como tal no es novedosa en términos históricos.
La estructura económica argentina, caracterizada por décadas de alta volatilidad de sus variables más relevantes, ha generado una escasa bancarización y monetización, y una baja oferta de crédito, que ha dado como resultado, excesivo autofinanciamiento. A su vez, el marco regulatorio aplicado por la vieja Ley de Entidades Financieras y profundizado por las regulaciones microprudenciales del Comité de Basilea introducidas en los noventa, ha propiciado el retiro del Estado de su rol como asignador cualitativo del crédito, dando lugar a un fuerte proceso de concentración y extranjerización del sistema financiero, así como la desaparición de la banca especializada.
A fin de revertir este nocivo comportamiento financiero, y dados los objetivos de política económica que debería tener cualquier Estado para promover el desarrollo, resulta primordial avanzar en las discusiones tendientes a modificar la regulación vigente y delinear nuevos mecanismos de financiamiento, como es la banca de desarrollo, principalmente en lo que se refiere a las pymes. Sin embargo, es importante reconocer que, dadas las especificidades del proceso de acumulación en Argentina, se impone la necesidad de implementar un nuevo esquema de asignación del crédito a las pymes, trascendiendo la mera asistencia crediticia. A fin de lograr un crecimiento sustentable de estas empresas, y con el objetivo de que las mismas logren dar el salto cualitativo que las convierta en capitales innovadores que aporten al desarrollo económico nacional, resulta fundamental condicionar la asignación del financiamiento a dichas empresas al cumplimiento de ciertos estándares de desempeño en materia de empleo formal, productividad y generación de divisas, ya sea vía exportaciones o sustitución de importaciones.
* Investigadora Cefid-Ar.
http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-134111-2009-10-26.html

24 oct 2009

Asignación universal Por Alfredo Zaiat

El debate acerca de la necesidad de instrumentar una asignación familiar universal tiene la virtud de instalar en el espacio público la existencia de un porcentaje importante de la población con necesidades básicas insatisfechas. Pero tiene el defecto de que ha sido una iniciativa capturada por sectores conservadoras que pueden desdibujar un reclamo histórico de organizaciones sociales. Además, se corre el riesgo de depositar en ese proyecto una cualidad de la que carece, que es la de instalar en la sociedad la idea de que con esa sola medida se puede terminar con la pobreza. Como se sabe, la definición de un hogar como pobre reconoce la existencia de varios factores, siendo uno de los más relevantes la insuficiencia de ingresos, pero no el único. En el ámbito de las políticas públicas existe la tensión entre estrategias inmediatas y permanentes, que en este caso se expresaría entre la distribución de una suma de dinero y la generación de condiciones económicas y de infraestructura que mejoren la situación social. Esta cuestión no resulta de fácil resolución puesto que, además de cierta restricción presupuestaria, aparece un inquietante cuadro social que requiere respuestas rápidas a pesar de la permanencia de un ciclo económico que acumula varios años de fuerte crecimiento económico. Igualmente, esto no significa que el sendero de la asignación universal sea el más adecuado para alterar la matriz inequitativa de la distribución del ingreso o para disminuir en forma considerable la pobreza. Pero tiene otras cualidades no consideradas en algunos análisis rústicos dominantes en ese debate.

El sociólogo danés Gösta Esping-Andersen, profesor de la Universidad Pompeu Fabra, Barcelona, ha escrito un documento provocador desde el mismo título: ¿Por qué el ingreso básico garantizado es una mala idea? Lo interesante de este trabajo es que ofrece elementos para pensar en forma crítica ese proyecto acerca de su impacto en el corto plazo así como también de sus debilidades estructurales. Permite alejarse de las concepciones mágicas que se instalan en el sentido común respecto de que una sola medida puede solucionar el problema de la pobreza. Esping-Andersen, que confronta con el neoliberalismo siendo un estudioso del Estado de Bienestar, destaca que ésta ha sido una de las innovaciones institucionales más importantes del siglo XX. Aunque también subraya la necesidad de adaptarlo a una nueva sociedad y a una nueva economía. En ese contexto, sostiene que “muchos creen que el ingreso básico es un potente instrumento contra la pobreza. Pero puede suceder que a menudo sea un instrumento irrelevante”.
Si se observa que pese a la dimensión de los actuales planes sociales, que alcanzan a gran parte de la población vulnerable, se convive con un elevado porcentaje de hogares que siguen en la pobreza, esa definición del danés encontraría cabida en la realidad argentina. En la práctica, existe una asignación por hijo “casi” universal. El autor de esta columna publicó el 16 de agosto pasado un artículo precisando que, de acuerdo con los datos registrados en los ministerios de Trabajo y de Desarrollo Social, la cantidad de beneficiarios de los distintos programas sociales alcanza al 78,5 por ciento del total de menores de 18 años, estimado en 12,4 millones, según el último censo de 2001. También detalló que esa cobertura está estructurada de la siguiente manera:
- Empleados en relación de dependencia: 5,2 millones menores.
- Empleados que reciben más de 5000 pesos mensuales, que declaran en la AFIP los menores a cargo para la deducción en el Impuesto a las Ganancias: 800 mil menores.
- Plan Jefas y Jefes de Hogar: 636.447 menores.
- Plan Familias: 1.965.143 menores.
- Pensión No Contributiva (madre de 7 hijos): 1.038.441 menores.
- Pensión No Contributiva (discapacidad): 61.141 menores.
- Otras PNC: 34.562 menores.
En ese esquema quedan sin cobertura 2,6 millones de menores, de los cuales se estima que cerca de la mitad no tienen documentos de identidad, lo que complica la posibilidad de su incorporación a un programa social. Por ese motivo, los proyectos en circulación se refieren a ese grupo poblacional, o la reformulación de todos esos planes para presentarlo como uno universal. En realidad, más allá de uno u otro esquema de universalización, un punto central en esta cuestión se encuentra en el monto de la asignación, que remite a aspectos presupuestarios, fuentes de recursos y decisiones de orientación del gasto. Este último puede hacerse hacia la asistencia social inmediata, hacia la generación de condiciones sociales que mejoren la calidad de vida de los pobres o hacia la creación de fuentes de trabajo.
Frente a esas alternativas, el documento de Esping-Andersen, publicado en Revista de Trabajo (julio-diciembre 2006), incorpora un tema fundamental en relación al objetivo de disminuir la desigualdad en una sociedad. El especialista indica que para evaluar el ingreso básico desde una perspectiva de igualdad se necesita acordar en lo que es más relevante: “¿Igualdad ‘aquí y ahora’, o una igualdad de oportunidades de vida?”. “Realmente cambia perentoriamente si optamos por una u otra alternativa.” Explica que dentro de la perspectiva “aquí y ahora” no hay duda de que una transferencia de un ingreso básico a todas las personas tendría seguramente un efecto redistributivo. Sin embargo, señala que si ese mismo dinero fuera asignado a servicios, el efecto sería mucho más grande. En la categoría servicios incluye educación, salud e infraestructura básica (agua, cloacas, luz y gas de red). Esto es, las prestaciones sociales que un Estado, el de Bienestar adaptado a los actuales y estrechos márgenes de autonomía que determina la globalización, debería garantizar a toda la población.
De todos modos, Esping-Andersen concede que “hay sin duda un buen argumento (para el ingreso básico universal) contra la pobreza en las familias con niños. Esto es porque la pobreza por ingreso, en la infancia, tiene efectos secundarios muy problemáticos para las futuras oportunidades de vida”.
El análisis general de este especialista tiene la reserva en que se refiere a economías desarrolladas o con bajos porcentajes de pobres en la población. Sin embargo, sirve para pensar en forma crítica las limitaciones y alcances que tiene la idea de la universalización de una asignación.
En una sociedad que ha padecido los efectos de un modelo neoliberal que transformó la estructura laboral y social, generando núcleos duros de pobreza y desempleo, y con una política neodesarrollista que posee restricciones para alterar la estructura regresiva en la distribución del ingreso, la propuesta de universalizar una asignación monetaria por hijo tiene la mayor virtud en el reconocimiento de derechos de los excluidos. Se trata de una compensación por sufrir décadas de neoliberalismo. Esta iniciativa de indudable relevancia, que para los sectores más postergados significaría tener más dinero en sus bolsillos, no implica necesariamente que de ese modo se vaya a terminar con la indigencia o disminuya considerablemente el índice de pobreza. Pero sí ofrece una respuesta reparadora a una población que ha sido castigada por sucesivas políticas económicas.
azaiat@pagina12.com.ar
http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-134026-2009-10-24.html

Crisis Global I: Un respiro en la turbulencia (Parte IV) Por Claudio Katz

Ofensiva patronal

Las clases dominantes pretenden afrontar los desequilibrios en curso con nuevos atropellos a los trabajadores. Los capitalistas intentan aprovechar el temor que suscita el desempleo, para desmantelar en Estados Unidos todas las protecciones sociales conquistadas en la posguerra.
Estos objetivos reaccionarios son incentivados por el discurso republicano contra cualquier reforma social y por la ideología derechista, que equipara responsabilidades en la gestación de la crisis. Los financistas -que se enriquecieron con burbujas especulativas- son ubicados en el mismo plano que los pequeños deudores hipotecarios, que contrajeron créditos por encima de su capacidad de pago.
Ambos grupos son igualmente señalados como culpables de una “cultura del endeudamiento”, que descuidó el ahorro y descontroló los gastos. Con este enfoque se justifica el auxilio a los grandes capitalistas enalteciendo su capacidad para generar empleo. La convocatoria a ayudar “sólo a los que se que se auto-ayudan” es la consigna para arremeter contra los últimos resabios del estado de bienestar. (16)
El carácter reaccionario de estos discursos salta a la vista. Para restaurar la confianza en un sueño americano -severamente corroído por el temblor financiero- se promueve un mayor ensanchamiento de las desigualdades sociales.
Esta misma estrategia de agresiones patronales promueve el establishment en Europa Occidental, para remover conquistas populares más significativas. También allí la retórica derechista exonera a los poderosos y culpabiliza a los desamparados, buscando convertir a los inmigrantes en chivos expiatorios.
Antes del estallido financiero los capitalistas del Viejo Continente despotricaban contra la “reducida competitividad” y “la magra productividad” que imponen las protecciones sociales. Ahora sitúan en esas mismas “distorsiones” a la gran dificultad para salir de la recesión.
Los atropellos sociales en marcha presentan una dimensión mayor en las pequeñas economías de la periferia europea (como Irlanda o Islandia), que intentaron convertirse en paraísos financieros y actualmente soportan un plan de ajuste del Fondo Monetario. Este mismo torniquete agobia a los países de Europa Oriental. Esperaban llegar al Primer Mundo con la restauración capitalista y en los hechos enfrentan una degradación propia del Tercer Mundo.
En todas estas regiones se verifica un empobrecimiento de los sectores medios, que en las últimas dos décadas adoptaron el credo neoliberal. El establishment intenta transformar la frustración que exhiben estos segmentos en furia antipopular, para redoblar las medidas de austeridad y profundizar la flexibilización laboral. En un marco de recesión profunda y alto desempleo, los capitalistas pretenden recrear el escenario que en 1981-82 dio inicio a la ofensiva neoliberal.
Interrogantes de la resistencia social
La sensación de alivio económico que exhiben las clases dominantes también refleja la ausencia de una resistencia popular significativa. El temor a esa reacción estuvo muy presente en el debut de la crisis y se expresó en la reunión que la crema del capital realizó a principio de año en Davos. El pesimismo económico coincidió en ese evento con el pavor a un estallido social. (17)
Allí se observó el impacto generado por la rebelión juvenil en Grecia y por las movilizaciones sindicales de Europa Occidental. Estas acciones se profundizaron posteriormente en Francia, con marchas que tuvieron un nivel de concurrencia comparable a las protestas de 1995.
Las movilizaciones también fueron multitudinarias en Alemania y España y estuvieron rodeadas en Irlanda por simbólicas ocupaciones de fábricas. La oleada de resistencia parecía consolidarse con las manifestaciones que tumbaron al gobierno conservador de Islandia. Pero al cabo de esta primera reacción, las protestas cedieron en todos los países y los dominadores se tranquilizaron.
En Estados Unidos se registraron inicialmente varias acciones significativas (simbolizadas en la lucha de Republic Windows). Pero los regresivos acuerdos de General Motors frenaron ese impulso. También la expectativa de lograr una reforma que revierta la persecución a los sindicatos (EFCA) se ha debilitado. En el sector privado el nivel de sindicalización se mantiene en un piso histórico de 7,3% (2008) frente al 35% de mediados de los años 50. Es inminente, además, una ofensiva patronal para recortar los contratos colectivos, en un clima de intimidación judicial a las organizaciones obreras y mudanza laboral hacia el despolitizado sur del país.
Este panorama podría revertirse con las luchas que han gestado los inmigrantes y con otras formas de resistencia social dispersa. La llegada de Obama a la presidencia reflejó un cambio de expectativas populares, asentado en la superación de viejos prejuicios raciales y en la gravitación de nuevas demandas (como el seguro médico). Pero este giro no se expresa hasta ahora en irrupciones callejeras. Este contexto contrasta con lo ocurrido en los años 30, cuándo Roosvelt se vio obligado a concretar reformas sociales y otorgar derechos de organización sindical bajo la directa presión de la resistencia obrera. (18)
En Europa Occidental las protestas sociales han sido contrapesadas por la presión desmovilizadora, que genera un mercado de trabajo crecientemente liberalizado. Los patrones recurren a este mecanismo para potenciar la competencia laboral entre los asalariados. Mientras que los gobiernos socialdemócratas han reforzado su servilismo hacia las clases dominantes hay muchos signos de desorientación popular. En las últimas elecciones de la Unión Europea se registró una altísima abstención y el miedo creado por la crisis alimentó un deslizamiento hacia la derecha. (19)
En Europa del Este, la magnitud del colapso social colocó a varios gobiernos al borde del precipicio. Hubo fuertes ensayos de movilización social (especialmente en Letonia, Lituania y Bulgaria), pero ninguna de estas respuestas alcanzó la dimensión que, por ejemplo, tuvo la rebelión del 2001 en Argentina.
Las escasas noticias sobre el curso de la resistencia en el Sudeste de Asia, probablemente reflejen el menor impacto que ha tenido la crisis en esa región. Algunos investigadores han retratado los síntomas de reacción subterránea que se observan en China o Vietnam, junto a la conocida valentía que han vuelto a exhibir los obreros de Corea del Sur. (20)
Pero hasta ahora, la zona que registra el principal engrosamiento mundial de la clase obrera, no se ha transformado en un foco protagónico de la lucha social. Proliferan las situaciones de crisis por arriba (como el desplome del oficialismo en Japón por primera vez en 50 años), pero no las manifestaciones de irrupción popular.
Comparaciones y problemas
La principal diferencia entre la crisis actual y su antecesora de los años 70 se localiza hasta ahora en el plano político y social. Las analogías puramente económicas suelen omitir esta distinción, cuya relevancia es más significativa que cualquier matiz de la recesión, del endeudamiento o de la política monetaria.
Las clases dominantes fueron radicalmente desafiadas hace treinta años por una oleada internacional de alzamientos obreros y sublevaciones antiimperialistas. En la crisis actual prevalece, por el contrario, un cuadro de preeminencia neoliberal, retroceso social y regresión del proyecto anticapitalista. Los trabajadores deben lidiar con una situación más adversa que la afrontada por la generación precedente.
Estas diferencias entre el contexto actual y el escenario de 1974-75 se refleja nítidamente en las interpretaciones de la eclosión, que se debaten en los ámbitos radicales. Ninguna caracterización contemporánea atribuye el estallido financiero del 2008 a un “estrangulamiento de las ganancias”, a la fortaleza de los sindicatos o las demandas obreras (profit squeze). Tampoco se escuchan explicaciones asociadas con el incremento de los costos sociales o la expansión del estado de bienestar. La crisis actual no fue detonada por protestas sociales, ni militancias radicales.
Otro problema de la resistencia popular ha sido la irrupción de la crisis, en un momento de impasse política dentro del Foro Social Mundial (FSM). Este bloqueo afecta al organismo que podría cumplir un rol aglutinante de la protesta. El movimiento alterglobal es el candidato natural a centralizar esa lucha por la experiencia adquirida al cabo de varios años de movilizaciones internacionales. Pero su rol ha decaído, cuándo más se necesita un referente global de la resistencia.
Luego del pico de protestas altermundialistas alcanzado en Génova (2001) y en las marchas contra la guerra de Irak (2003), la influencia de los Foros y convocatorias del FSM ha disminuido. A pesar del alto nivel de participación que tuvo el último encuentro de Belem (2009) este declive no se ha detenido. Las plataformas frente a las crisis discutidas en ese encuentro no han bastado para revertir el vaciamiento político que padece el Foro, por el papel que juega una dirección socialdemócrata asociadas con ONGs de oscuro financiamiento.
La sistemática oposición a las iniciativas de lucha, la atomización de los temas en debate y la inexistencia de prioridades han creado un clima de frustración y cansancio, entre los movimientos sociales que participan en el FSM. Tampoco las distintas iniciativas radicales ensayadas durante el año pasado han alcanzado para contrarrestar este bloqueo con una respuesta por abajo. (21)
Una conjunción de factores ha determinado por lo tanto el carácter limitado de la respuesta popular a la crisis. Estas debilidades le han permitido a las clases dominantes recuperarse del susto inicial. Pero también es cierto que los poderosos han sido cautelosos en descargar todos los efectos de la eclosión sobre los trabajadores. Aunque siguen temiendo esa reacción social, no dudarán en reforzar su agresión si encuentran el terreno despejado.
La crisis recién ha comenzado y es prematuro cualquier pronóstico sobre la lucha popular. En la izquierda hay posturas optimistas y pesimistas sobre esa resistencia. Lo más sensato es constatar que en la conmoción económica será persistente y habrá muchas oportunidades para recuperar la iniciativa.
El devenir de la crisis depende de esta actitud de los oprimidos. Un mismo descalabro financiero puede reforzar la andanada de atropellos o crear una situación opuesta de protesta por abaja y repliegue por arriba. Quiénes abstraen la política y la lucha social del análisis económico, no pueden comprender ni caracterizar estas alternativas. Se enfrascan en discusiones técnicas y especulaciones sobre las variables financieras, olvidando la influencia preeminente que tienen las confrontaciones clasistas sobre el devenir de la economía.
Pero una comprensión de la crisis también exige superar las visiones exclusivamente centradas en la coyuntura. ¿Cuál es la relación de la eclosión actual con varias décadas de neoliberalismo? ¿De qué forma influye la mundialización sobre ese estallido? ¿Qué efecto tiene la conmoción en curso sobre la dinámica del imperialismo? Abordaremos estos temas en nuestro segundo texto sobre la crisis global.
Ver también:
- Crisis Global I: Un respiro en la turbulencia (Parte III)
- Crisis Global I: Un respiro en la turbulencia (Parte II)
- Crisis Global I: Un respiro en la turbulencia (Parte I)
Claudio Katz es economista, Investigador, Profesor. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda).
Notas:
16) Ver: Brendt Rolf, “El estado no debe salvar a las compañías”, La Nación, 13-5-09, Dahrendorf Ralf, -No existen soluciones globales”, La Nación, 1-4-09.
17) “Honestamente no sabemos lo que va a ocurrir. Pero lo seguro es que las próximas noticias serán peores”, Martín Wolf, El País, 1-2-09.
18) Sustar Lee, “Los trabajadores norteamericanos en la crisis”, www.aporrea.org/trabajadores, 10-9-09, Selfa Lance, “Change Lite from the new White House”, Socialist Worker, 5-6-09.
19) Sabado Francois, “Après les résultats des élections européennes”, Inprecor 551-552, juillet-aout 2009.
20) Bello Waldem, “Asia: the coming fury”, www.fpif.org/fpiftxt, 9-2-09
21) Antentas Josep Maria, Vivas Esther, “G 8: de Génova a L´Aquila”, ALAI, 8-7-09, Rousset Pierre, “Le FSM en debate”, Les autres voix de la Planete, n 38, avril 2008.
Bibliografia:
- Álvarez Nacho, Medialdea Bibiana, “Financiarización, crisis económica y socialización de las pérdidas”, Viento Sur n 100, enero 2009.
- Chesnais Francois, “La recesión mundial: el momento, las interpretaciones y lo que se juega en la crisis, Herramienta n 40, marzo 2009.
- Di Leo Petrino, “The return of Keynes”, International Socialist Review, January-February 2009
- Foster John Bellamy, McChesney Robert, “A New Deal under Obama?”, Monthly Review vol 60, n 9, February 2009.
- Geier Joel, “Capitalism´s worst crisis since the 1930s”, International Socialist Review, November-December 2008.
- Guillén Romo Arturo, “La crisis global y la recesión generalizada”, XI Encuentro Internacional sobre Globalización y problemas del Desarrollo, La Habana, 2-6 marzo 2009.
- Harvey David, “Por qué está condenado al fracaso el paquete de estímulos económicos”, Sin Permiso, 16-2-09.
- Husson Michel, “La burguesía o la crisis en marcha atrás”, Viento Sur, abril 2009
- Johsua Isaac, “Crisis: tras los planes de relanzamiento, la hora de la verdad”,www.espacioalternativo.org/ 20-8-09
- Kregel, Jan, “Taming the bond market vigilantes: gaining policy space”, XI Encuentro Internacional sobre Globalización y problemas del Desarrollo, La Habana, 2-6 marzo 2009.
- Moseley Fred, “The U.S. economic crisis. Causes and solutions”, International Socialist Review, March-April 2009.
- Panitch Leo, “Interview”, Worker´s Liberty, www.socialistproject.ca, 17-2-09
- Samary Catherine, “Vers un tsunami bancaire et social Est-Ouest européen”, Inprecor 549-550, mai-juin 2009.
- Sapir Jacques, “Rèflexions sur les conséquences de la crise et les tendances economiques a venir”, 31-10-08.
- Shaik Anwar “La mejor alternativa es un estado creando puestos de trabajo”, Página 12, 15-3-09.
- Udry Charles André, “Una crisis duradera”, Revista La Breche n 5, enero-febrero 2009.
- Wallerstein Inmanuel, “The politics of Economic Disaster”, Agence Global, 15-2-09
- Weisbrot Mark, “Economía global exagerada”, Página 12, 17-4-09
http://www.argenpress.info/2009/10/crisis-global-i-un-respiro-en-la_23.html

Crisis Global I: Un respiro en la turbulencia (Parte III) Por Claudio Katz

Crisis prolongada

Cualquiera sea el perfil que presenten las recuperaciones coyunturales existen fuertes indicios del carácter prolongado de la crisis en curso. Este escenario es previsto por todos los analistas que pronostican un extenso período de bajo crecimiento (en L), frente a quiénes anticipan una salida rápida (en U) u oscilante (en W) de la recesión.
Esta significativa duración derivaría de la confluencia de tres procesos, que presionan especialmente en Estados Unidos hacia una nueva retracción del PBI: la contracción del crédito, la desvalorización de las propiedades y la pérdida de riqueza patrimonial.
La restricción de los préstamos (credit crunch) tiende a perdurar. Los bancos se han visto obligados a recortar su otorgamiento de fondos para contrarrestar las pérdidas sufridas durante la crisis. Sólo una vertiginosa re-capitalización atenuaría este achicamiento crediticio.
La crisis puede prolongarse, además, por la retracción de los gastos que genera la depreciación de los ahorros y la reducción de los ingresos. La caída del empleo y de los salarios afecta directamente al consumo, que motoriza a la economía norteamericana. Los intentos de sostener este nivel de compras con asignaciones estatales a las familias no han logrado remontar esa retracción de la demanda. Si este impacto deteriora nuevamente al sector productivo podría retroalimentarse la vulnerabilidad de las finanzas. Este despeñadero descendente ha sido la norma de todas recesiones profundas.
Muchos economistas estiman que este sombrío escenario impondrá un freno a la economía estadounidense por lo menos hasta el 2012-13. Ciertos desajustes externos adicionales, provocados por ejemplo por un nuevo encarecimiento del petróleo podían agravar el panorama. (7)
En este cuadro se inspira la frecuente analogía entre la crisis actual y la prolongada recesión que padeció Japón en los años 90. Este contexto diferiría del abrupto desplome que caracterizó a la depresión del 30. En lugar de un colapso uniforme y generalizado predominaría un estancamiento de varios años en los países más avanzados, combinado con imprevisibles estallidos de las economías más frágiles. Estas conmociones son presentidas por todos los analistas, que comparan el colapso de Argentina (2001) con los desmoronamientos observados el año pasado en Europa Oriental. (8)
La elite del establishment exhibe gran prudencia al tomar nota de esta posibilidad de crisis continuada. Cómo tiene pavor a una recaída recesiva al cabo de transitorios respiros (la temida “segunda vuelta”) mantiene los programas de auxilio estatal. Esta actitud predominó entre los mandatarios del G 20 que participaron de la última reunión de Pittsburg.
Todos desconfían de los efectos de una recuperación carente de inversión privada, que se sostiene en el empujón fiscal. Un duro dilema a resolver es cuándo despegar el pie de este sostén. La continuidad de este socorro conduce al descalabro de la deuda pública, pero su corte anticipado amenaza con recrear el abismo recesivo.
Depuración de empresas
El carácter prolongado de la crisis está condicionado por la imperiosa necesidad de desvalorizar el capital existente, a fin de recomponer los beneficios afectados por el crack. Esta depuración es el único camino que conoce el capitalismo para emerger de sus periódicos descalabros. Durante los ciclos descendentes de este sistema suelen procesarse drásticas reorganizaciones de las firmas, fuertes reducciones de los ingresos populares y agudos procesos de expropiación.
Estos reajustes ya comenzaron en la esfera financiera, dónde el FMI estima que deberán digerirse pérdidas por 4,1 billones de dólares. Estos quebrantos se distribuirían entre Estados Unidos (2,7 billones), Europa (1,19 billones) y Japón (149 mil millones). Un rebalanceo semejante se está consumando en las Bolsas, mediante la absorción de los grandes desplomes del año pasado. (9)
Esta reorganización tiende a transparentar quiénes serían los bancos ganadores y perdedores de la crisis. El ajuste de cuentas puede incluir el cierre de grandes entidades, pero el gobierno norteamericano tiende a evitar este tipo de clausuras, luego del tembladeral creado por el entierro de Lehman Brothers.
El equipo de Obama trata de impedir fuertes penalizaciones, inyecta liquidez y elude el reconocimiento de las situaciones de insolvencia. Busca posponer las puniciones y la resolución de los quebrantos financieros, mediante quitas obligatorias o canjes compulsivos de bonos. Nadie sabe hasta que punto se podrá evitar estas medidas, ya que el uso del dinero público para redimir bancarrotas tiene un límite. Pero la intención es lograr una administración regulada de la inevitable depuración financiera. (10)
Mucho más convulsiva será la extensión de esta desvalorización a la órbita productiva. Este ajuste ya afecta a las grandes empresas y golpea a los salarios. Es probable que el tiempo requerido por esta limpieza determine la duración de la crisis.
La quiebra de General Motors brinda un anticipo de la forma que podría asumir esa desvalorización. La firma recurrió a un amparo judicial para situaciones de bancarrota que permite pautar los sacrificios de las pensiones, los salarios y las condiciones de trabajo. El objetivo es transferir todo el costo de la cirugía a los asalariados.
Este atropello se justifica atribuyendo el quebranto a los “privilegios” que mantuvieron los obreros sindicalizados de Detroit, frente a sus pares desorganizados de otras compañías. Esta explicación del desmoronamiento de la empresa ha ganado preeminencia frente a otras interpretaciones, que ponen el acento en aspectos administrativos (mala gestión, reinvención fallida, decisiones empresariales desacertadas), económicos (pérdida de competitividad) o culturales (declinación de un estilo de vida).
En General Motors se negocia el cierre de once fábricas y la supresión de 21.000 de los 54.000 puestos de trabajo. También se instrumenta el vaciamiento de los fondos de pensión de los obreros, mediante la conversión de estos activos en títulos de una empresa desvalorizada. Además, el nuevo contrato laboral imposibilitaría las huelgas, repitiendo el precedente de destrucción sindical perpetrado en las compañías aéreas.
Este plan reaccionario es solventado con fondos públicos. Los capitalistas reciben sumas millonarias para financiar despidos y rebajas de salarios. En lugar de sancionar a una empresa que multiplicó el despilfarro para incrementar sus ventas (obsolescencia acelerada), generalizó el derroche de gasolina y hostigó sin pausa a los trabajadores, se premia a los responsables de la bancarrota. La reestructuración en curso desalienta, además, una reconversión más estructural del ineficiente sistema de vehículos individuales a un esquema no contaminante de transporte público. (11)
La negociación de General Motors constituye un test para toda la industria norteamericana. Indica un sendero de soluciones reaccionarias, que tendería a bloquear todos los intentos de resucitar el peso de los sindicatos en la vida estadounidense.
Neoliberales y keynesianos
Cuándo estalló la crisis los neoliberales olvidaron sus principios de competencia y exigieron el socorro inmediato del estado. Esta actitud se mantuvo sin cambios mientras registraban el agravamiento del temblor. Pero con el alivio financiero de los últimos meses han reaparecido las convocatorias a garantizar la preeminencia del mercado.
Estos llamados recobran fuerza, cómo si el colapso financiero hubiera ocurrido hace siglos. Los banqueros mantienen su exigencia intervención estatal para socializar pérdidas, pero ya retoman el evangelio de la desregulación. Reconocen que hubo un momento de pánico, con escapes en manada que amenazaron a todo el sistema financiero. Pero el respiro les ha quitado el susto y observan con resquemor el nuevo paisaje económico creado por la ingerencia estatal.
En pocos meses el gobierno norteamericano se ha transformado en la principal entidad hipotecaria, asumió participaciones en 600 bancos, sostiene a las grandes aseguradoras y es garante de la reestructuración automotriz. Esta presencia retrata el típico esquema de “capitalismo de amigos” (los funcionarios deciden el destino de cada empresa), que los neoliberales siempre han objetado en forma hipócrita. Para mantener viva la llama del libre-mercado hay que remover en algún momento esa estructura. Pero nadie sabe cómo y cuándo instrumentar esa modificación.
El periodismo neoliberal proclama a los cuatro vientos que “la crisis terminó”. Algunos incluso estiman que una recesión corta y leve ha pavimentado un nuevo ciclo de venturosa globalización. (12)
Pero este anuncio de estabilización necesita ser corroborado por los hechos. La crisis ya ha probado cuán voluble es la imagen idílica del capitalismo, como un sistema de prosperidad infinita. Un nuevo giro recesivo volverá a transformar estas utopías tranquilizadoras en desesperados pedidos de auxilio.
Un debate más serio involucra al futuro de la política monetaria. Muchos economistas ortodoxos estiman que la Reserva Federal se equivocó al instrumentar las políticas laxas, que desde el 2001 favorecieron la expansión de la burbuja inmobiliaria. Aprueban la instauración de bajas tasas de interés en la emergencia, pero propugnan una orientación más restrictiva para el futuro. Confían en la capacidad de la FED para manejar las tasas y la emisión en la coyuntura, pero alertan contra los peligros inflacionarios de esa estrategia.
También los economistas keynesianos tienden a oscilar con los vaivenes del momento, pero en general presentan evaluaciones más cautelosas del alivio actual. Consideran que la recuperación sólo adoptará un sendero consistente, cuándo se introduzcan nuevas regulaciones en el sistema financiero. Cómo explican la crisis por las “fallas de mercado” (información asimétrica, incentivos desacertados, falta de transparencia) estiman que un buen control sobre los bancos garantizará la salud del capitalismo. (13)
Pero omiten aclarar cómo se ha logrado el respiro actual sin la adopción de ninguna de esas medidas. A pesar del congelamiento de todas las reformas bajo consideración oficial, la tensión financiera se aquietó. Este resultado parece indicar que los vaivenes del ciclo son más sensibles al socorro a los banqueros, que a la supervisión de sus operaciones.
A diferencia de sus colegas ortodoxos, los keynesianos avalan la continuidad y la ampliación del gasto público (14). Pero olvidan las consecuencias desestabilizadoras de esos gastos. Cómo restringen todos los problemas del capitalismo a defectos de la administración gubernamental, imaginan que una buena dosis de intervención pública enmendará al sistema. Por eso le asignan al financiamiento oficial una capacidad mayúscula para disipar la recesión, cómo si este recurso tuviera elasticidad infinita y provisión garantizada de fondos hasta el fin de los tiempos.
En cualquier caso es importante registrar cómo la heterodoxia ha bajado los decibeles de sus críticas en la coyuntura de alivio financiero. Hay muchos signos de subordinación al nuevo perfil del neoliberalismo, que a su vez tiende remodelarse con mayores regulaciones estatales. Esta es la fórmula elegida por el establishment para salir de la crisis. Se busca preservar los atropellos contra los trabajadores, acotando los excesos de la liberalización financiera, mediante cierto control sobre los bancos y los movimientos internacionales de capital.
Si esta orientación se afianza la vieja convergencia entre economistas neoclásicos y keynesianos podría asumir nuevas modalidades. No hay que olvidar que los reguladores de posguerra adoptaron los principios conservadores del libre-mercado, mientras que el neoliberalismo de las últimas décadas mantuvo todos los instrumentos heterodoxos de la política anticíclica y el déficit fiscal. Muchas propuestas de reorganización bancaria, coordinación del gasto público y engrosamiento de las deudas estatales se ubican en esta perspectiva de empalme keynesiano-liberal.
Pero la continuidad de la crisis afecta por igual a ambas tradiciones. Demuestra la imposibilidad de evitar los colapsos financieros, recurriendo a la auto-regulación mercantil o priorizando la supervisión estatal. Estos descalabros obedecen a contradicciones intrínsecas del capitalismo y tienden a reaparecer en escenarios regulados y desregulados.
La crisis no deriva de la codicia o de la especulación. Es una consecuencia del comportamiento económico ciego y auto-destructivo que impone la competencia. El estallido repitió todos los rasgos típicos de las eclosiones capitalistas. Incluyó el contagio, la propagación (dominó) y la retroalimentación (ping pong), es decir todos los mecanismos que la economía convencional periódicamente considera extinguidos. La crisis expresa desequilibrios sistémicos y contradicciones acumulativas del capitalismo, que la ortodoxia y la heterodoxia nunca logran explicar. (15)
Claudio Katz es economista, Investigador, Profesor. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda).
Notas:
7) Stiglitz Joseph, “La crisis no ha terminado”, Clarin 15-9-09. Roubini Nouriel, “The risk of a double-dip recession is rising”, Financial Times, 23-8-09
8) Algañaraz Julio, “Argentina del Báltico”, Clarín, 28-2-09, Ferguson Niall, “Tan endeudados como Argentina”, Clarín, 11-2-09, The Economist, “Argentina en el Danubio”, 1-3-09, Krugman Paul, “La economía mundial corre el riesgo de un largo estancamiento”, Clarín, 5-7-09.
9) Clarín, 24-3-09.
10) Esta política es retratada por Hossein Zadegh Ismael, “The Wall Street coup and the bailout cam”, www.counterpunch.org/prashad, 21-10-08, Hossein Zadegh Ismael, “Too big to fail: a Bailout Hoax” www.huffingtonpost.com,2-2-09
12) Estos efectos son documentados por Moore Michel “Adiós a General Motors”, Página 12, 5-6-09.
12) Castro Jorge, “El G 20, en busca de retomar el control sobre las finanzas mundiales”, Clarín, 20-9-09. Castro Jorge, “Al final, la temida recesión mundial ha sido breve y leve”, Clarín, 13-9-09.
13) Es la postura de Vanoli Alejandro, “Cómo salir de un orden financiero ineficaz y cruel”, Clarín, 26-02-09 Lavagna Roberto, “La crisis global reclama reformas no cosméticas”, Clarín, 24-2-09.
14) Stiglitz Joseph, “Un nuevo sistema de crédito es vital para frenar esta crisis”, Clarín, 11-4-09.
15) Hemos expuesto nuestra caracterización de la crisis en: Katz Claudio, “Lección acelerada de capitalismo”, Laberinto, Universidad de Málaga, n 28, 3er cuatrimestre de 2008, Málaga. Katz Claudio, “Codicia, regulación o capitalismo”, Revista Herramienta, n 41, julio 2009, Buenos Aires.
http://www.argenpress.info/2009/10/crisis-global-i-un-respiro-en-la_22.html

22 oct 2009

Una década extraordinaria de la economía argentina (III) Por Aldo Ferrer

Hemos visto, en las notas anteriores, la trayectoria de esta extraordinaria década de la economía argentina y cuáles son sus enseñanzas. Observamos cómo, en este decenio, la Argentina revivió sus problemas históricos. La década volvió a registrar el comportamiento pendular de la política económica entre el modelo neoliberal y el proyecto de conformar una estructura económica avanzada. Como en el pasado, su desplazamiento, en uno u otro sentido, reflejó el hecho de que ninguno de los modelos alternativos llegó a conformar, desde la crisis de 1930 hasta la actualidad, las condiciones políticas necesarias para sustentar su permanencia a largo plazo.

La existencia de un proyecto hegemónico de desarrollo económico es esencial para la estabilidad del sistema. Entre la Organización Nacional y la caída de Yrigoyen en 1930 existió un modelo agroexportador, no cuestionado por el resto de la sociedad, fundado en los intereses de los dueños de la tierra y la relación privilegiada con la potencia central de la época, Gran Bretaña. En ese contexto, el sistema político transitó, sin interrupciones desde la presidencia de Mitre hasta 1930, bajo el régimen constitucional, incluida la reforma electoral de 1912. La debacle económica mundial de los años ’30 puso fin al modelo agroexportador y, con él, se desplomaron las instituciones de la República.
Bajo los gobiernos del fraude en la década del ’30 y principios de los ’40, la dictadura de 1976-1983 y constitucional de la década de 1990, se configuraron las condiciones políticas que sustentaron diversas variantes del modelo agroexportador, preindustrial y, en sus dos últimos períodos, de predominio de la especulación financiera. La especulación financiera adquirió un protagonismo decisivo dentro del régimen neoliberal como consecuencia de la globalización financiera y la vulnerabilidad de la densidad nacional.
En sus versiones posteriores a 1976, la virulencia del modelo fue tal que interrumpió los procesos previos de acumulación a través del desmantelamiento industrial y del sistema nacional de ciencia y tecnología. Al mismo tiempo, la extranjerización indiscriminada de los sectores fundamentales de la economía y el endeudamiento sin límite demolió el poder de decisión nacional y redujo al país a la posición de suplicante de la ayuda externa.
En términos estrictamente económicos, el modelo neoliberal es inviable como cauce de puesta en marcha de los procesos de acumulación inherentes al desarrollo, la creación de capacidad de gestión del conocimiento, la inserción viable del país en el orden mundial y los equilibrios macroeconómicos. Tampoco es, en la actualidad, políticamente viable, al menos en los mismos términos. Es inconcebible, ahora, la repetición del fraude o la instalación de un gobierno de facto, como bases de sustentación del modelo. La única alternativa posible, a esta altura poco probable, sería la repetición de la extraordinaria coalición política bajo el gobierno de Menen, de alianza entre un gran partido popular con los intereses neoliberales. En resumen, el neoliberalismo, en la actualidad, podría imponerse en condiciones de incertidumbre política, como sucedió, por ejemplo, bajo el gobierno de la Alianza, pero nunca sostenerse sobre bases estables en el largo plazo. En otros términos, el neoliberalismo puede provocar efímeros “golpes de Estado económico”, pero no asumir el comando de la política económica en el largo plazo. Las mismas consecuencias de su estrategia concluyen por eliminar cualquier posibilidad de sustentabilidad política.
El único modelo compatible con la gestión del conocimiento y la inclusión social es el fundado en una estructura económica avanzada, integrada y abierta. Sólo sobre esas bases es posible la puesta en marcha de procesos de largo plazo de acumulación de tecnología, capital, capacidad de administración de recursos y despliegue del potencial disponible, a niveles crecientes de empleo y productividad. Este modelo es intrínsecamente sustentable en el largo plazo porque genera desarrollo económico y empleo, moviliza la participación de todos o la mayor parte de los actores sociales y distribuye sus frutos con suficiente amplitud. Por las mismas razones, el modelo es intrínsecamente viable también en el plano político porque, en principio, debería contar con el concurso de las mayorías.
En estas materias, la experiencia internacional es concluyente. Sólo han alcanzado altos niveles de desarrollo los países con estructuras integradas y abiertas. En la actualidad, la estrategia de los países emergentes de mayor tasa de crecimiento consiste, precisamente, en gestionar el conocimiento y poner en marcha el proceso de acumulación por tres vías principales, a saber: incorporar las actividades de frontera tecnológica, capacitar los recursos humanos y establecer una relación profunda entre los sistemas nacionales de ciencia y tecnología y la producción de bienes y servicios. En todos los países desarrollados y emergentes, predomina un bloque hegemónico de intereses asociado con la estructura productiva diversificada y compleja. En ninguno predominan los actores vinculados a la explotación de los recursos naturales y las estructuras preindustriales. En tales condiciones, los sistemas políticos son lo suficientemente estables para sostener, a largo plazo, las políticas de transformación.
En el caso argentino, nunca se logró formar una coalición predominante de intereses y grupos sociales asociados con la transición, desde el modelo agroexportador hasta la economía integrada y abierta, ni tampoco, consecuentemente, formaciones políticas mayoritarias y estables que sustentaran la transformación o, al menos, alternativas de poder no incompatibles con tales fines. El peronismo histórico, el radicalismo desarrollista y los gobiernos de Illia y Alfonsín fueron portadores, de diversas maneras, de intenciones nacionales de desarrollo. Incluso, bajo un gobierno de facto, entre la segunda mitad de 1970 y principios del ’71, se formuló e instrumentó una estrategia de argentinización y desarrollo integrado de la economía nacional. Ninguna de esas experiencias logró consolidarse en el tiempo y formar un conjunto hegemónico de visiones e intereses vinculado a la formación de una economía avanzada. En ausencia de las bases necesarias de sustentación política, esas experiencias concluyeron en medidas híbridas o, lisa y llanamente, como en 1976 y 1989, en el implante de la estrategia neoliberal.
En esta perspectiva, se advierte que los problemas del tercer y final tramo de esta década reviven los dilemas históricos. Uno de ellos es la inclusión del “campo” en el proceso de transformación. Como sucedió en otros grandes productores agropecuarios que son, al mismo tiempo, economías industriales avanzadas (los Estados Unidos, Canadá y Australia), es preciso insertar los intereses rurales en la nueva estructura, asumiendo un rol de creadores de riqueza no hegemónico pero protagonistas dentro de un sistema productivo integrado y complejo. El insuficiente y frustrado desarrollo industrial del país y la ausencia de una coalición hegemónica de actores sociales e intereses asociados a la nueva estructura, mantuvo a buena parte de la dirigencia ruralista, replegada en la pretensión de su antigua posición dominante y de su protagonismo en un país “granero del mundo”. De este modo, gran parte del sector apoyó y apoya la estrategia neoliberal, como sucedió en el régimen de facto 1976-1983 y en la década de 1990.
En consecuencia, en la actualidad vuelve a replantearse la viabilidad del sistema agroexportador como estrategia de desarrollo económico, como si fuera posible volver a las condiciones vigentes antes de la crisis de 1930. La propuesta es fortalecida por la capacidad, de gran parte del sector agropecuario, de asimilar las tecnologías de frontera y lograr un aumento notable de los rendimientos y la producción. Contribuye, también, la expansión de la demanda de alimentos y materias primas generada en el acelerado crecimiento de China y otras economías de la Cuenca Asia-Pacífico. Aun así, el “campo”, toda la cadena agroindustrial y sus eslabonamientos con otros sectores, emplea un tercio de la fuerza de trabajo. Con el campo no alcanza.
Otro problema que vuelve del pasado es la dispersión de los actores sociales e intereses que son partícipes necesarios y destinatarios de la transformación de la estructura productiva, en expresiones políticas antagónicas enfrentadas por cuestiones diversas, muchas de las cuales son ajenas a los problemas profundos de la transformación necesaria. Se ingresa así en escenarios de crispación política que agravan la situación económica. Cuestiones de esta naturaleza son el conflicto del campo con el Gobierno, el debate sobre la confiabilidad del INDEC, los alcances y el estilo de intervención del Estado y la virulencia con la cual se tratan reformas importantes, como las del régimen de previsión social y de medios audiovisuales.
Esta acumulación de problemas, agregada al impacto de la crisis mundial, factores accidentales como la sequía y la gripe, junto al debilitamiento de la situación macroeconómica, contribuyó al cambio de las tendencias de la economía entre el segundo tramo de la década y el tercero, es decir, la actualidad. En este escenario, vuelve a surgir la estrategia neoliberal con planteos como acordar con el FMI para “volver a los mercados”, unificar sin retenciones el tipo de cambio y dejarlo flotar hacia su libre paridad de equilibrio, reducir el protagonismo de las políticas públicas y dejar libradas las relaciones económicas externas al libre juego de las fuerzas del mercado. Confrontamos, pues, la alternativa frente a la cual estábamos en plena crisis del 2001/2002. Vale decir, volver a la estrategia neoliberal o actualizar y fortalecer la política de signo nacional que permitió, en el segundo tramo de la década, la notable recuperación de la economía argentina y un posicionamiento no subordinado en el escenario internacional.
Aldo Ferrer
Director Editorial de Buenos Aires Económico
 http://www.elargentino.com/nota-62886-Una-decada-extraordinaria-(III).html

19 oct 2009

Experiencias para abordar el tema del empleo a futuro Por Eduardo Luis Curia

Transitamos una instancia en la que se reafirma la necesidad de reflexionar sobre la posibilidad de cierta recuperación de la economía. Condiciones externas e internas parecen converger, en principio, a lo que se mencionó como la hipótesis del “repechaje con acople”. Asumidas estas premisas, se impone evaluar la probable intensidad del asunto, sus condicionantes y su proyección.

Aquí deseamos destacar un punto que nos parece esencial, y sobre el cual estamos insistiendo fuertemente. Se liga fundamentalmente a la conexión operante entre el crecimiento de la economía y la creación de empleo, factor que deberíamos ubicar sobre el trasfondo de lo sucedido durante las últimas décadas, computando la convertibilidad y el período 2003 (2002)-2007 como hitos, y calibrando las circunstancias presentes y las perspectivas. Esto último es vital para la Argentina próxima.
Lo primero que surge a la reflexión es la ponderación de la cuestión del desempleo en la Argentina como una dimensión delicada. Sin entrar aún en los detalles del tema, el tener un nivel de desempleo cercano al 9% en los discutidos guarismos del Indec, habiendo razones atendibles para sospechar que el nivel efectivo es mayor, no es un dato edificante a pleno. No se trata de una tasa harto exagerada en la comparativa mundial, pero de todos modos, fastidia. Y asimismo, el fenómeno se correlaciona con una tasa de participación laboral que luce más bien modesta.
HISTORIA VIEJA E HISTORIA RECIENTE. Algo que no pocas veces se olvida es que el país fue conociendo tasas ascendentes de desempleo a medida que se iba alejando de la mitad del siglo XX. El paroxismo en cuanto a una tasa de desocupación elevada se vinculó a la evolución y ulterior colapso de la convertibilidad, pero bien puede afirmarse que ya se habían perfilado algunos antecedentes.
En líneas generales, una filosofía asociada a un esquema aperturista, con marcado énfasis en el apalancamiento financiero externo, más decidido a exponer al país a la presión importadora que a proyectarlo hacia los terceros mercados, fue la referencia doctrinal y estratégica que primó en el asunto. Se plasmó una modernización aperturista de tinte desarticulante del valor agregado nacional, que tuvo correlato en el desempleo en alza. Cuando se pretendía reaccionar ante tal tipo de planteos, las respuestas no tendían a ser eficaces.
Gran parte de la segunda mitad del siglo pasado, puede ser vista como una tendencia básica que registra “secularmente” un ascenso del desempleo, una caída del salario real y una regresión en el plano distributivo, tendencia “salpicada” en ocasiones por leves mejoras que, a la postre, ceden.
En esa tendencia larga hay que anotar lo ocurrido en los últimos veinte años. La convertibilidad si bien fue útil para zafar del proceso de hiperinflación y recidivas, terminó articulando un marco macroeconómico de fondo que piramidó el desempleo, mientras muy poco se logró en materia del salario real doméstico. Eso sí: el salario medido en dólares fue altísimo, y por ello, en una gran parte, se dio la explosión del desempleo. La flexibilización a ultranza fue el correlato de “disciplinamiento” laboral general que anclaba, especialmente, en el reemplazo de mano de obra nacional actual por la incorporada en los bienes de toda clase que se importaban masivamente.
El saldo adicional del desempleo a inicios del 2002, no fue sino la exteriorización del sinceramiento de variables verificado, el que, de no haberse plasmado, habría forzado el camino harto doloroso de la deflación-depresión, bordeando la guerra civil-social. Lo destacable es, pues, que la piramidación del desempleo y de la pobreza e indigencias, en muy altos nuevos peldaños, fue el legado de la convertibilidad sostenida tercamente en el plano de su vigencia.
CRECIMIENTO. Por contraste, el modelo competitivo productivo –el MCP– que siguió a la convertibilidad se mostró decididamente pro empleo. En apenas un lustro la tasa de desempleo cayó unos 15 puntos porcentuales, creándose alrededor de cuatro millones de puestos de trabajo. La tasa anual de creación de empleo avanzó al 5% en la primera parte; luego, al 3 por ciento.
La elasticidad ingreso del empleo fue elevadísima al inicio y alta después. Pero también se debe anotar una gran diferencia con la evolución de la convertibilidad: ésta se cayó por implosión-explosión a pesar de que se la sostuvo hasta el final de su desahucio; en cuanto al MCP, éste tendió a “esfumarse” en tanto, con el tiempo, se fue debilitando el respeto de sus supuestos, aun en pleno éxito.
El efecto pro empleo del MCP no fue fruto de la casualidad sino de la causalidad. Atendiendo a los correctos precios relativos macroeconómicos operantes y al despliegue de la demanda efectiva consecuente, anotándose un rol destacado de la inversión, crucial para crear empleo. La producción nacional se tornó interesante para abordar, y ello significó, dado el predicamento del aporte del sector manufacturero, recurrir con fuerza al trabajo nacional actual.
Mientras el formato del MCP se respetó a cabalidad, los indicadores de empleo y de pobreza mejoraron ostensiblemente. Luego, no es verdad, como alegan algunos, que “aunque se creció, igual persistieron las deficiencias sociales”. La mejora fue indubitable; claro, quedaba mucho por hacer todavía, porque las lacras heredadas fueron tremendas.
En realidad, se advierte una cierta reversión de ese proceso de mejora social en el último bienio, en lo cual han incidido, por un lado, el desdibujamiento del MCP ya referido, y, por el otro, el impacto de la crisis mundial. Ambos factores interactuaron.
Ante la acumulación de desvíos verificados en la gestión del MCP, y sin la aplicación de una adecuación al respecto, su gravitación se fue desvaneciendo.
La inflación se tornó problemática y se profundizó el trance de apreciación cambiaria. Las expectativas y la inversión se debilitaron. La elasticidad ingreso del empleo se redujo fuertemente. En el tercer trimestre del 2008, la actividad –en forma previa a la agudización de la crisis mundial– se desaceleraba y casi no había creación neta de empleo.
Justamente, la agudización de la crisis mundial no halló al MCP en su momento más robusto. La pronunciada salida de capitales, que agravió a la demanda y a la actividad, en parte, fue producto de yerros internos.
La crisis externa pegó adicionalmente. Aun con un MCP en plenitud, igualmente se hubieran sentido daños, pero, seguramente, en menor proporción. Menos mal que ciertos residuos modélicos evitaron daños concretos mayores.
ENSEÑANZAS PERTINENTES. Cuando se observa la parcial reversión en este bienio de la evidente mejora en el campo social suscitada en el lapso 2003 (2002)-2007, una tentación, a la que sucumben no pocos, es concluir que, en lo que concierne a la incidencia de la convertibilidad y del MCP, “nada nuevo hubo bajo el sol”, con lo cual “todo es lo mismo”, y de lo que se trata, en el fondo, es de reencontrarnos, automáticamente, con la tendencia larga de declinación en materia social.
Francamente, esta tesis nos parece un fenomenal disparate. En rigor, si hay algo a computar en la experiencia histórica reciente que luce muy valioso, es que se percibió de manera ostensible una matriz estratégica, como la del MCP, notablemente potente para trazar un sendero –obviamente, no hay solución “instantánea”; sólo Dios podría darla– capaz de ir revirtiendo en el tiempo, si se la sostuviera, la tendencia de declinación referida.
Justamente, la reversión producida, en medida no trivial, es imputable al desconocimiento progresivo que fueron sufriendo los supuestos básicos de aquel modelo. Adicionalmente, el impacto negativo de la crisis externa se vio reforzado por la debilidad modélica en cuestión. Luego, la presencia o no de esa matriz es un dato clave.
Por lo tanto, las enseñanzas están a la vista: en momentos en que se perfilarían, en principio, atisbos de una cierta mejora de la economía, si se desea retomar seria y no declamativamente una trayectoria de progresiva recomposición del empleo y del tejido social –“revirtiendo la reversión”–, y sin impugnar la contribución como paliativo de las políticas asistencialistas, deberíamos reasumir en la mayor medida posible, actualizada, aquella matriz estratégica que mostró en la materia examinada una performance tan destacable.
http://www.elargentino.com/nota-62360-El-empleo-a-futuro.html