19 oct 2009

Experiencias para abordar el tema del empleo a futuro Por Eduardo Luis Curia

Transitamos una instancia en la que se reafirma la necesidad de reflexionar sobre la posibilidad de cierta recuperación de la economía. Condiciones externas e internas parecen converger, en principio, a lo que se mencionó como la hipótesis del “repechaje con acople”. Asumidas estas premisas, se impone evaluar la probable intensidad del asunto, sus condicionantes y su proyección.

Aquí deseamos destacar un punto que nos parece esencial, y sobre el cual estamos insistiendo fuertemente. Se liga fundamentalmente a la conexión operante entre el crecimiento de la economía y la creación de empleo, factor que deberíamos ubicar sobre el trasfondo de lo sucedido durante las últimas décadas, computando la convertibilidad y el período 2003 (2002)-2007 como hitos, y calibrando las circunstancias presentes y las perspectivas. Esto último es vital para la Argentina próxima.
Lo primero que surge a la reflexión es la ponderación de la cuestión del desempleo en la Argentina como una dimensión delicada. Sin entrar aún en los detalles del tema, el tener un nivel de desempleo cercano al 9% en los discutidos guarismos del Indec, habiendo razones atendibles para sospechar que el nivel efectivo es mayor, no es un dato edificante a pleno. No se trata de una tasa harto exagerada en la comparativa mundial, pero de todos modos, fastidia. Y asimismo, el fenómeno se correlaciona con una tasa de participación laboral que luce más bien modesta.
HISTORIA VIEJA E HISTORIA RECIENTE. Algo que no pocas veces se olvida es que el país fue conociendo tasas ascendentes de desempleo a medida que se iba alejando de la mitad del siglo XX. El paroxismo en cuanto a una tasa de desocupación elevada se vinculó a la evolución y ulterior colapso de la convertibilidad, pero bien puede afirmarse que ya se habían perfilado algunos antecedentes.
En líneas generales, una filosofía asociada a un esquema aperturista, con marcado énfasis en el apalancamiento financiero externo, más decidido a exponer al país a la presión importadora que a proyectarlo hacia los terceros mercados, fue la referencia doctrinal y estratégica que primó en el asunto. Se plasmó una modernización aperturista de tinte desarticulante del valor agregado nacional, que tuvo correlato en el desempleo en alza. Cuando se pretendía reaccionar ante tal tipo de planteos, las respuestas no tendían a ser eficaces.
Gran parte de la segunda mitad del siglo pasado, puede ser vista como una tendencia básica que registra “secularmente” un ascenso del desempleo, una caída del salario real y una regresión en el plano distributivo, tendencia “salpicada” en ocasiones por leves mejoras que, a la postre, ceden.
En esa tendencia larga hay que anotar lo ocurrido en los últimos veinte años. La convertibilidad si bien fue útil para zafar del proceso de hiperinflación y recidivas, terminó articulando un marco macroeconómico de fondo que piramidó el desempleo, mientras muy poco se logró en materia del salario real doméstico. Eso sí: el salario medido en dólares fue altísimo, y por ello, en una gran parte, se dio la explosión del desempleo. La flexibilización a ultranza fue el correlato de “disciplinamiento” laboral general que anclaba, especialmente, en el reemplazo de mano de obra nacional actual por la incorporada en los bienes de toda clase que se importaban masivamente.
El saldo adicional del desempleo a inicios del 2002, no fue sino la exteriorización del sinceramiento de variables verificado, el que, de no haberse plasmado, habría forzado el camino harto doloroso de la deflación-depresión, bordeando la guerra civil-social. Lo destacable es, pues, que la piramidación del desempleo y de la pobreza e indigencias, en muy altos nuevos peldaños, fue el legado de la convertibilidad sostenida tercamente en el plano de su vigencia.
CRECIMIENTO. Por contraste, el modelo competitivo productivo –el MCP– que siguió a la convertibilidad se mostró decididamente pro empleo. En apenas un lustro la tasa de desempleo cayó unos 15 puntos porcentuales, creándose alrededor de cuatro millones de puestos de trabajo. La tasa anual de creación de empleo avanzó al 5% en la primera parte; luego, al 3 por ciento.
La elasticidad ingreso del empleo fue elevadísima al inicio y alta después. Pero también se debe anotar una gran diferencia con la evolución de la convertibilidad: ésta se cayó por implosión-explosión a pesar de que se la sostuvo hasta el final de su desahucio; en cuanto al MCP, éste tendió a “esfumarse” en tanto, con el tiempo, se fue debilitando el respeto de sus supuestos, aun en pleno éxito.
El efecto pro empleo del MCP no fue fruto de la casualidad sino de la causalidad. Atendiendo a los correctos precios relativos macroeconómicos operantes y al despliegue de la demanda efectiva consecuente, anotándose un rol destacado de la inversión, crucial para crear empleo. La producción nacional se tornó interesante para abordar, y ello significó, dado el predicamento del aporte del sector manufacturero, recurrir con fuerza al trabajo nacional actual.
Mientras el formato del MCP se respetó a cabalidad, los indicadores de empleo y de pobreza mejoraron ostensiblemente. Luego, no es verdad, como alegan algunos, que “aunque se creció, igual persistieron las deficiencias sociales”. La mejora fue indubitable; claro, quedaba mucho por hacer todavía, porque las lacras heredadas fueron tremendas.
En realidad, se advierte una cierta reversión de ese proceso de mejora social en el último bienio, en lo cual han incidido, por un lado, el desdibujamiento del MCP ya referido, y, por el otro, el impacto de la crisis mundial. Ambos factores interactuaron.
Ante la acumulación de desvíos verificados en la gestión del MCP, y sin la aplicación de una adecuación al respecto, su gravitación se fue desvaneciendo.
La inflación se tornó problemática y se profundizó el trance de apreciación cambiaria. Las expectativas y la inversión se debilitaron. La elasticidad ingreso del empleo se redujo fuertemente. En el tercer trimestre del 2008, la actividad –en forma previa a la agudización de la crisis mundial– se desaceleraba y casi no había creación neta de empleo.
Justamente, la agudización de la crisis mundial no halló al MCP en su momento más robusto. La pronunciada salida de capitales, que agravió a la demanda y a la actividad, en parte, fue producto de yerros internos.
La crisis externa pegó adicionalmente. Aun con un MCP en plenitud, igualmente se hubieran sentido daños, pero, seguramente, en menor proporción. Menos mal que ciertos residuos modélicos evitaron daños concretos mayores.
ENSEÑANZAS PERTINENTES. Cuando se observa la parcial reversión en este bienio de la evidente mejora en el campo social suscitada en el lapso 2003 (2002)-2007, una tentación, a la que sucumben no pocos, es concluir que, en lo que concierne a la incidencia de la convertibilidad y del MCP, “nada nuevo hubo bajo el sol”, con lo cual “todo es lo mismo”, y de lo que se trata, en el fondo, es de reencontrarnos, automáticamente, con la tendencia larga de declinación en materia social.
Francamente, esta tesis nos parece un fenomenal disparate. En rigor, si hay algo a computar en la experiencia histórica reciente que luce muy valioso, es que se percibió de manera ostensible una matriz estratégica, como la del MCP, notablemente potente para trazar un sendero –obviamente, no hay solución “instantánea”; sólo Dios podría darla– capaz de ir revirtiendo en el tiempo, si se la sostuviera, la tendencia de declinación referida.
Justamente, la reversión producida, en medida no trivial, es imputable al desconocimiento progresivo que fueron sufriendo los supuestos básicos de aquel modelo. Adicionalmente, el impacto negativo de la crisis externa se vio reforzado por la debilidad modélica en cuestión. Luego, la presencia o no de esa matriz es un dato clave.
Por lo tanto, las enseñanzas están a la vista: en momentos en que se perfilarían, en principio, atisbos de una cierta mejora de la economía, si se desea retomar seria y no declamativamente una trayectoria de progresiva recomposición del empleo y del tejido social –“revirtiendo la reversión”–, y sin impugnar la contribución como paliativo de las políticas asistencialistas, deberíamos reasumir en la mayor medida posible, actualizada, aquella matriz estratégica que mostró en la materia examinada una performance tan destacable.
http://www.elargentino.com/nota-62360-El-empleo-a-futuro.html