Se intensifican las manifestaciones y trascendidos acerca del desfallecimiento del dólar en el mundo. Incluso, desde hace semanas, el dólar se deprecia frente al euro y frente a otras monedas. El debilitamiento del dólar en cuestión se insinuaba desde tiempo atrás, pero, sin duda, la emergencia de una enorme crisis mundial fogoneada desde el país titular de esa moneda, impuso un empujón adicional al asunto.
Como es sabido, una “teorización” al respecto -y que se tratamos en una nota anterior- la formuló el gobernador del Banco Central chino, Zhou Xiaochuan, el que argumentó que debería apuntarse a despegar en el tiempo a la moneda que sirva de reserva mundial de un signo monetario de cuño nacional, como es el dólar. Aducía que, ante la posibilidad de que el país titular de la moneda de reserva debiera abordar un ajuste interno y rematar en una depreciación de aquella, en virtud de tratarse de una moneda patrón, se podría suscitar un efecto “arrastre” sobre otros países. Aquí rondaba la sombra del más del millón de millón de dólares (alrededor de la mitad de las reservas chinas) que China tiene colocadas en títulos de los EE.UU.
Posturas “orgánicas” y públicas como la comentada, combinan con trascendidos de especie variada: vgr., que diversos países petroleros buscarían eliminar el monopolio de uso del dólar en las operaciones relativas al fluido, lo que hallaría franca resistencia en los productores petroleros árabes.
Tampoco faltan posiciones académicas que aspiran a sumar aportes en parecida dirección, como es el caso del Nóbel Stiglitz, quien también abordó la cuestión del reemplazo del dólar como moneda de reserva mundial.
DEL “DICHO” AL “HECHO”. De todas formas, no está claro quién le va a colocar el cascabel al gato, bajo qué metodología se efectuará la operación y en qué tiempo. Por otra parte, no es fácil coherentizar las posiciones al respecto.
Compútese que aun el 65% de las reservas mundiales están corporizadas en dólares. Por ende, una fórmula posible de viabilización del famoso reemplazo, es la continuidad del proceso de desgaste de la posición privilegiada del dólar. Pero, ¿cuál es la estimación del plazo de esta “muerte natural”?.
En lo inmediato, en cuanto a la actual desvalorización del dólar respecto del euro, ello parece trasuntar la idea de que la economía europea puede repuntar antes que la americana, interactuando con la hipótesis de que la Reserva Federal demorará más para incrementar la tasas de interés. Ahora bien, la primera de esas hipótesis no está a salvo de discusión. Por lo demás, Krugman señala que, precisamente, la depreciación del dólar -no se olvide que en su momento existía una relación: un euro igual a 1,60 dólares-, de la mano de fondos que ahora salen de los EE.UU. hacia otras plazas, mientras de paso favorece el frente comercial externo de ese país, es una manera de exudar una “mayor confianza”, en el sentido de que el epicentro de la crisis está reaccionando. Por supuesto, Krugman relativiza el “peligro” de inflación en los EE.UU., algo que choca con percepciones bastante difundidas (y más ortodoxas).
Más aun, teniendo como trasfondo aquello del aludido desgaste natural del dólar, véase que China y otras naciones asiáticas, no dejan de intervenir para sostener en sus áreas el valor del dólar americano. China, por ejemplo, mantiene un valor del yuan en un nivel que sobrepasa algo los 6,80 por dólar.
En realidad, al gran país asiático, se le plantea el viejo dilema de “estar en misa y repiquetear la campana, al mismo tiempo”. Plantea por un lado, programáticamente, el reemplazo del dólar como moneda de reserva, por los riesgos que esta condición instiga, pero, a la vez, defiende en lo inmediato el valor del dólar, por de pronto, por eventuales efectos “riqueza” perentorios en torno a la colocación de sus reservas.
Pero, hay bastante más. Pesan aspectos que rozan directamente la exitosa estrategia de desarrollo -que enfatiza la proyección exportadora industrial- de China, que le permitió en unos lustros sextuplicar su incidencia en el PIB internacional, erigiéndose en una potencia económica mundial, y aumentar su población urbana en 300 millones de personas, de las cuales la mitad ya halló empleo productivo en función de esa estrategia. Mucho se dice que, por tal razón, esa estrategia está muy expuesta por la misma circunstancia de su fuerte proclividad exportadora y su vinculación con los mercados mundiales, en especial, en instancias de crisis.
Sin embargo, este argumento, justamente, huele a “cuento chino”. Porque los datos durante la crisis demuestran que China, si bien sufrió la caída de sus exportaciones, la misma fue comparativamente menor que la de otros grandes competidores, con lo cual, terminó ampliando su participación en el comercio mundial. Y, en definitiva, el poderío que cimentó con el modelo en cuestión, también le permite estimular su mercado interno. Así, sumando resortes, logró moderar la caída de su ritmo de actividad. China, aun con todo el soberbio plafond competitivo que posee, no se dedicó a dejar apreciar su moneda contra el dólar (hasta ella se depreció algo en determinado momento). Por lo visto, jamás se le ocurrió esgrimir el sideral dislate, como sí hicieron varios círculos en nuestro país, de despreocuparse por la proyección exportadora y la competitividad cambiaria, porque: “total, la demanda externa se debilitaba”.
Por cierto, el gobierno y múltiples círculos a derecha y a izquierda de los EE.UU. le reclaman a China la clara apreciación de su moneda, dejando que flote o apelando a otros mecanismos. Por un lado, se aduce que la gran liquidez que “bombea” China a los EE.UU. (recolocando sus reservas) tuvo mucho que ver con la burbuja que desencadenó la reciente crisis planetaria. Por el otro lado, más a la izquierda (americana), se alude al empleo interno que se pierde como correlato del modelo del país asiático.
Cuando se trata de endulzar tamaño reclamo, en los EE.UU. se suele alegar que China, apreciando el tipo de cambio, limitando su ahorro, incrementando el consumo y mejorando el sistema bancario y crediticio para reforzar lo último, “estaría de parabienes”. Lo que pasa es que los chinos conocen el antecedente del caso japonés cuando Japón, décadas atrás, aceptó el reclamo norteamericano de apreciar el yen. La administración de este asunto fue uno de los factores que llevó al Japón a una fuerte depresión y a una trampa de liquidez.
Naturalmente, el entuerto está planteado desde hace tiempo. China desconfía del dólar, pero, a la postre, se benefició ampliamente a través de su conexividad con la economía norteamericana, la que le ofreció un gran mercado para actuar en escala, con el aporte de capitales provenientes de los EE.UU., los que contribuyen mucho al despliegue de su manufactura con proyección exportadora. En gran parte, el poder comercial externo chino y el déficit externo de los EE.UU. se hallan muy entreverados. De lo que China tampoco puede hacerse completamente la desentendida, por lo que le cabe (asimismo, China es gran candidata a la aplicación de acciones antidumping por terceros, aunque, claro, posee un notable poder de fuego para retalionar). Respecto a todo esto, suena hilarante que el titular del Banco Central chino, en algunos foros, como dato de preocupación respecto de la economía norteamericana, además del tópico del peligro de la inflación, ¡cite el del déficit externo americano!, como si su país no gravitara en el asunto. Obviamente, en medio de esta pulseada entre los EE.UU. y China, que lucen en este ámbito como “enemigos íntimos”, queda instalada Europa.
La “solución” que permitiría superar el atolladero, se dice, es la célebre ampliación de los derechos especiales de giro (DEG). Pero, debería tratarse de una emisión ultra masiva (hoy, los DEG, pese al reciente refuerzo, no son más que el 4/5% de las reservas totales). Algo que es más fácil decirlo que hacerlo. ¿Cuál sería el procedimiento, cuál el plazo, que países respaldarían el asunto?. Si China aspira a jugar en las ligas mayores en este frente, ¿ello es compatible con un superávit comercial externo, como el de 2008, de casi 300.000 millones de dólares?. Pero, justamente, este resultado se asocia con su exitoso modelo económico.
En fin: cada vez hay más voces que advierten acerca de que el dólar está destinado a morir como moneda de reserva. No obstante, en perspectiva, con todos los bemoles que campean en el asunto, el dólar “está muerto”…¡ma non troppo!
http://www.elargentino.com/nota-63242-El-dolar-muerto…-¡ma-non-troppo!.html
