Efectos menos nocivos
Por Romina Kupelian *
Desde mediados de la década del ’70, luego de la liberalización financiera global y la generalización de débiles mecanismos de control de los movimientos de capitales, la fuga de capitales resulta ser casi una constante de la economía argentina, salvo en breves períodos. En los años posteriores a la crisis de 2001-2002, luego de permanecer a niveles bajos y hasta revertirse en 2005, volvió a ocupar un espacio muy significativo a partir de 2007. Es así que en el período 2007-2009, en medio de conflictos locales y externos, la adquisición de activos netos en el exterior bajo la forma de billetes, depósitos, inversiones o préstamos a no residentes por parte del sector privado no financiero recobró fuerza. La magnitud de la salida de capitales en el momento más crítico de esos años (30.500 millones de dólares) es comparable a lo observado en otros momentos traumáticos de fuga como: 78-80 (tablita cambiaria), las sucesivas crisis internacionales en los ’90 (como el efecto tequila) y en la fase final de la convertibilidad.











