19 jun 2010

El silencio cómplice Investigación Por Carlos Romero y Jorge Repiso: Editorial Perfil, Clarín, La Nación y el caso Graiver

Cómo callaron el secuestro y la tortura de los dueños de Papel Prensa. El anticipo del libro y las tapas que la editorial de los Fontevecchia le dio al represor Camps. 
En las últimas semanas, varios artículos periodísticos aportaron valiosas revelaciones de la historia silenciada de Papel Prensa en dictadura. Estas propias líneas se suman a la misma búsqueda. Bienvenido sea lo que hoy pueda escribirse sobre esa trama de torturas, negociados y complicidades. Ayuda a compensar todo lo que se acalló, todo lo que se tapó, cuando la Junta Militar y sus socios civiles de la prensa local coordinaban fuerzas para quedarse con el estratégico monopolio del papel.
Una conveniente cortina de plomo que se mantuvo aun hasta los últimos días del régimen, cuando un sector del periodismo seguía ocultando la persecución y el tormento padecido por la familia Graiver, ex dueños de Papel Prensa, a quienes el aparato represivo convirtió en una de sus presas favoritas. El “cazador” de los Graiver y sus allegados fue el represor Ramón Camps, quien en dictadura tuvo una tribuna de privilegio en la revista La Semana, de Editorial Perfil.

En las páginas de ese magazine semanal, cuya continuidad en 1989 fue Noticias de la Semana, Camps dio dos entrevistas exclusivas, marcadas por el tono distendido y la gran empatía con su entrevistador, y donde el general presentó un adelanto de su libro El poder en la sombra, sobre “el caso Graiver”. En esas paginas ventiló las “confesiones” que había obtenido en los centros clandestinos de detención y las mesas de metal en donde sus hombres aplicaban picana eléctrica a los familiares, socios y allegados al banquero fallecido David Graiver. En un ida y vuelta sin preguntas molestas, Camps agitó el fantasma del regreso de la “subversión”, advirtió sobre una posible “guerra permanente”, se postuló como la solución a las divisiones políticas del país, atacó a las Madres de Plaza de Mayo y al Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, y sostuvo que “a veces es sobre la sangre sobre la que se edifican los grandes éxitos”.

Los reportajes no fueron hechos en los primeros y más oscuros años del terrorismo de Estado, cuando Camps era jefe de la Policía Bonaerense y junto a su mano derecha, Miguel Etchecolatz, disponían de la vida de miles de civiles. Fueron a principios de junio de 1983, cuando la dictadura estaba en retirada, jaqueada por la crisis económica, el descrédito y las denuncias de centros clandestinos y desapariciones. Cuando el militar fue convocado para que se explayara en su “investigación” sobre los Graiver y otros empresarios judíos, apenas faltaban cuatro meses para las elecciones democráticas que llevarían a Raúl Alfonsín a la presidencia. Fue en ese escenario que Camps, uno de los personajes más macabros de la historia argentina, que dos años antes había sido denunciado ante todo el mundo por el periodista Jacobo Timerman, a quien sometió a terribles tormentos en el “chupadero” de Puesto Vasco, le contó su “verdad” –y en exclusiva– a la prensa.
Papel picado. En uno de esos artículos, el militar hizo explícita su mirada sobre la operación por la que tres diarios, en sociedad con las tres armas, se quedaron con Papel Prensa. “Los compradores –me refiero a Clarín, La Nación y La Prensa– lo hicieron de buena fe, incluso fue un buen negocio para Graiver”, dijo Camps, en sintonía con el discurso oficial de los medios.

Varios años antes, entre marzo y abril de 1977, mientras los integrantes del grupo Graiver, los mayores accionistas de Papel Prensa, eran secuestrados y sometidos a tormentos, los diarios Clarín, La Nación y La Razón, asociados en la empresa Fapel SA, mostraban en sus portadas las virtudes industrialistas de la dictadura miliar y anticipaban los beneficios que reportaría para el país la puesta en funciones de la planta ubicada en San Pedro, que sería inaugurada el 27 de septiembre de 1978 en un brindis que contó con la presencia de Jorge Rafael Videla y otros jerarcas militares.

*La nota completa, en la edición impresa de Veintitrés