Nelson Ferrer
Seguramente, los recortes de salarios y pensiones en Grecia, y las medidas restrictivas que comenzaron a aplicarse en el resto de los países europeos, elevarán el número de desocupados en todo el viejo mundo.
En 2009, el empleo en la Argentina también padeció los efectos de la crisis internacional. En principio, ello se debió a dos factores. Uno de carácter objetivo y otro vinculado con expectativas negativas. El primero obedeció a la merma de las exportaciones, mientras que el segundo, un factor de carácter subjetivo, estuvo motivado en decisiones preventivas del empresariado. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurrió en la mayoría de los países centrales, el gobierno argentino reaccionó rápidamente para tratar de morigerar los efectos de la crisis sobre el empleo. En lugar de auxiliar a los bancos, reforzó la inversión pública, ayudó a las empresas (Plan Repro) con la condición de que mantuvieran sus planteles de personal, lanzó el Plan Argentina Trabaja que creó cerca de 125.000 nuevos puestos de trabajo e implementó la Asignación Universal por Hijo.
Estas medidas, en consonancia con otras que ya se habían instrumentado, de alto impacto social, como el otorgamiento de la jubilación a más de 2.300.000 nuevos beneficiarios, que elevó dicha cobertura a más de un 90 por ciento de las personas en edad de jubilarse (el porcentaje más alto de América Latina), amortiguaron los efectos de la crisis y frenaron la ola de despidos pronosticada por la mayoría de los consultores privados y por los medios hegemónicos de la comunicación. Otro aspecto insoslayable en materia de empleo fue el mantenimiento de las paritarias en las que los trabajadores obtuvieron aumentos de salarios que promediaron un 19 por ciento y permitieron que millones de argentinos no perdieran su poder adquisitivo.
Aun así, en el tercer trimestre de 2009, la tasa de desocupación alcanzó un pico de 9,1 por ciento. Y en el cuarto trimestre, a pesar de que estas acciones ya habían sido implementadas por el gobierno, muchos agoreros privados pronosticaron que el país entraría en recesión y que crecería el desempleo, hasta alcanzar, en el primer trimestre de 2010, hasta un 12,5 por ciento.
Pasado dicho período veamos lo que en realidad sucedió. La desocupación bajó al 8,3 por ciento, el PBI creció un 4,3 por ciento, se mantuvo el superávit fiscal y creció el superávit comercial.
Según las propias declaraciones juradas del Impuesto a las Ganancias presentadas por el empresariado, en el último año las empresas que operan en la Argentina ganaron $ 82.560 millones de pesos, un 17 por ciento más que el año anterior. El sector más ganador fue el de los bancos, que creció 184,2 por ciento. El sector de transporte, almacenamiento y comunicación incrementó sus ganancias un 31,5 por ciento. Las empresas de construcción declararon ganancias superiores en un 25,2 por ciento a las del año anterior. Las empresas de servicios inmobiliarios obtuvieron una mejora del 23,1 por ciento. Los únicos dos sectores que vieron mermadas sus ganancias con respecto al año 2008 fueron el de los servicios de hotelería y restaurantes (-27,8%) y el de la industria manufacturera (21,2%). Este último, no obstante, obtuvo una ganancia neta de $ 20.122 millones de pesos, es decir, unos 5.100 millones de dólares.
Estos datos, que no provienen del INDEC sino de las declaraciones juradas elaboradas por los contadores de los propios empresarios, evidencian que las políticas aplicadas por el gobierno argentino en el año de la peor crisis mundial de las últimas décadas fueron acertadas. Evidencian, también, la inescrupulosidad de muchos “consultores privados” cuyos pronósticos de corto plazo erraron en más de un 50 por ciento, pronosticando una tasa de desempleo de 12,5% para el primer trimestre de 2010, cuando en realidad fue del 8,3 por ciento.
Nadie sabe con certeza qué sucederá en Europa en los próximos meses. Las reformas neoliberales no se impondrán sin resistencia. Las huelgas obreras en Grecia y España recién comienzan. Si las protestas populares en esos países y en los del resto de Europa hacen inviables la aplicación de las recetas del Fondo Monetario Internacional, los respectivos gobiernos deberán abordar modelos alternativos. Es posible que en un futuro no muy lejano seamos testigos del final del euro, del default de varios países y, en suma, del fracaso del modelo de integración europeo.
En cualquier caso, de esta crisis emergerán políticas proteccionistas cuyos efectos sobre el comercio mundial pueden minar las bases de la OMC. Por consiguiente, la Argentina deberá estar preparada para afrontar los nuevos desafíos para salvaguardar, como hasta ahora, el bienestar de su población. A pesar de la voluntad de los cipayos vernáculos por favorecer los intereses privados, concentrados y extranjeros, habrá que cerrar filas junto al gobierno para procurar la profundización de un modelo que privilegia los intereses público, colectivo y nacional. En definitiva, son éstos los factores de los que depende el empleo.
Periodista y escritor