Hace casi quince años que uno de los maestros de la sociología moderna, el francés Pierre Bourdieu, en una de las dos conferencias sobre la televisión que aceptó dar a través, justamente, de la televisión, definió lo que para él constituían mecanismos de censura –en realidad autocensura– a los que recurren los medios para orientar sus mensajes de modo que resulten convenientes a sus intereses económicos y políticos.
Uno de estos mecanismos es el que Bourdieu denominaba “ocultar mostrando”. Por él la televisión, y podríamos agregar que también cualquier otro medio, “puede, paradójicamente, ocultar mostrando. Lo hace cuando muestra algo distinto de lo que tendría que mostrar si hiciera lo que se supone que se ha de hacer, es decir, informar, y también cuando muestra lo que debe, pero de tal forma que hace que pase inadvertido o que parezca insignificante, o lo elabora de tal modo que toma un sentido que no corresponde en absoluto con la realidad” (Pierre Bourdieu, Sobre la televisión, Anagrama, 1996).
La inseguridad, producto de hechos delictivos de diversa índole, es sin dudas uno de los más preocupantes flagelos que enfrenta hoy la sociedad argentina. Lo sabemos por experiencia directa o por las experiencias de familiares y vecinos que conocemos de primera mano. Lo sabemos también porque los medios se empeñan en mostrarnos a repetición cada uno de los hechos de violencia delictiva que se producen.
En este contexto, la presentación pública, en el ámbito del Congreso Nacional, de un documento denominado “Acuerdo por la seguridad democrática” parece un hecho de importancia suficiente como para que los medios que tanto insisten en el tema de la inseguridad, y tanto pregonan su vocación democrática, le otorguen un lugar destacado. En especial cuando el documento, que presenta una alternativa al “manodurismo” y al “facilismo represivo”, se presentó avalado con la firma y la presencia de legisladores de prácticamente todos los partidos políticos, la ausencia más notoria fue la de PRO, y de un amplísimo conjunto de representantes de los más diversos sectores académicos, judiciales, gremiales, religiosos y de organizaciones de derechos humanos.
La presunción, sin embargo, no se cumple. Al analizar la cobertura del tema que hicieron los dos principales medios gráficos nacionales, ambos cabezas de multimedios, nos encontramos en realidad haciendo un ejercicio práctico sobre el mecanismo “ocultar mostrando” descrito por Bourdieu.
La tendencia fue claramente visible en las coberturas que ambos periódicos hicieron en sus ediciones online del día 29 de diciembre. En ellas se limitaron a brindar una desleída versión del texto del acuerdo en reducidos espacios que no superaron las trescientas cincuenta palabras. Hubo sí diferencias de tratamiento. Mientras Clarín señaló el “amplio arco político y social” que presentaba el documento y citaba una cierta cantidad de las personalidades que lo firmaban, La Nación prefirió enfatizar que el documento fue “promovido por el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS)” e identificó sólo a once de los más de doscientos firmantes.
Pero fue el 30 de diciembre cuando se completó y perfeccionó el mecanismo de “ocultar mostrando”. Ese día los dos medios que han hecho de la inseguridad una de sus banderas optaron por no publicar ni una sola línea del tema en sus ediciones online, mientras en las ediciones en papel optaron por relegar la información sobre el inédito acuerdo sobre seguridad a lejanas páginas interiores. A despecho de que el acuerdo, por haber sido apoyado tanto por el oficialismo como por prácticamente toda la oposición, sea la base para el posible dictado de una normativa nacional de seguridad que asuma la deseable característica de “política de Estado”, Clarín publicó la noticia en la página 10 y La Nación lo hizo en la página 11.
La extensión de las coberturas también habla de la intencionalidad editorial. Clarín sólo le dedicó un pie de página de alrededor de trescientas palabras con foto, y La Nación apenas un suelto de ciento cincuenta palabras, con un título pequeño y sin foto.
Sin importar que el “Acuerdo por una seguridad democrática” haya sido firmado y presentado por opositores como Ricardo Alfonsín, Margarita Stolbizer, Ricardo Gil Lavedra, Rubén Giustiniani, Martín Sabbatella, Pino Solanas y Hermes Binner y por académicos y juristas como Eugenio Zaffaroni, León Arslanian, Marcelo Saín y Juan Tokatlian, en ninguno de los medios analizados la información tuvo lugar en tapa. En cambio sí tuvieron lugar en las tapas de ese día títulos tan importantes como “De mozo a abogado, una historia de tenacidad” (Clarín), o “Carla Bruni hizo nombrar al padrino de su hijo y…” (La Nación), de tanta actualidad como “Habla el médico que hace diez años salvó a Maradona” (Clarín), o tan trascendentes como “Diez looks que marcaron el estilo de Cristina Kirchner” (La Nación online). Imposible no recordar a Bourdieu: “…si se emplean minutos valiosos para decir cosas tan fútiles, tiene que ser porque esas cosas tan fútiles son en realidad muy importantes, en la medida en que ocultan cosas valiosas” (Sobre la televisión, Anagrama, 1996).
Queda por analizar la razón de esta conducta editorial frente a un acuerdo contra el facilismo infantil y autoritario de la mano dura. La cuestión escapa a esta nota pero es difícil dejar de preguntarse: ¿el ocultamiento obedece sólo a una diferencia metodológica referida a la seguridad o es que la propuesta contradice otros proyectos? ¿Las políticas editoriales de irritación social no toleran que se muestre la coincidencia entre oficialismo y oposición? ¿Lo que molesta es que el acuerdo hermane “seguridad” y “democracia”? ¿O la inseguridad es políticamente conveniente para ciertos intereses?
Rodolfo Luis Brardinelli
Sociólogo, Universidad Nacional de Quilmes
http://www.elargentino.com/nota-72376-Ocultar-mostrando.html
