14 dic 2009

El populismo de derecha con olor a campo busca articular el frente restaurador Por Jorge Muracciole

Como todo acontecimiento político, sus efectos sólo pueden leerse a través del tiempo. Las jornadas del otoño del 2008, y la asonada de las distintas entidades agrarias en contra de la resolución 125, del gobierno de Cristina Fernández, tuvieron –por múltiples razones– fuerte incidencia sobre un sector de la ciudadanía. Más allá de la importancia que tuvieron los medios de comunicación en el tratamiento de la noticia, embanderándose “con las reivindicaciones del campo”, lo que sorprendió a propios y extraños fue la magnitud de las simpatías de sectores de los más diversos con los piquetes blancos, de los productores lecheros, los arrendatarios sojeros y un variopinto conglomerado de voluntades que se lanzaron a las rutas a impedir la libre circulación en defensa de sus intereses.

Lo que genéricamente los medios denominaron “el campo”, tuvo sus adeptos no sólo entre los interesados por garantizar la continuidad de sus rentas sojeras, sino que sectores de las capas medias urbanas vieron con buenos ojos la novedad emergente de la movida campestre, y hasta llegaron a sumarse al masivo acto en las inmediaciones del Monumento de los Españoles. Esta puesta en movimiento de sectores urbanos de lo más diversos contó con el apoyo de piqueteros como Raúl Castels, y todo el arco opositor parlamentario, con la diáspora radical incluida, hasta Lilita Carrió y el peronismo disidente, con el empresario devenido a líder político Francisco de Narváez a la cabeza.
En esta masividad, la sorprendente presencia de sectores de izquierda agregó un toque de color –rojo– a la paqueta velada, con Vilma Ripol presente en la columna del Movimiento Socialista de Trabajadores y la CCC, la histórica Corriente Clasista y Combativa del dirigente piquetero Juan Carlos Alderete, ligados al Partido Comunista Revolucionario. Tamaña amplitud de participantes trasciende el común de las protestas reivindicativas o corporativas a que hemos estado acostumbrados en décadas de institucionalidad democrática.
Más aún, sectores que apoyaban al Gobierno, como el espacio intelectual de Carta Abierta, no dejaban de denunciar dicha operación ideológica como uno de los elementos constitutivos de dicha situación. Concluyendo, que en suma “en el amanecer campestre, los nombres cambian de sitio, aunque el hecho de que en el río de las corrientes políticas que imperan en la Argentina –río de una sola margen, la derecha–, se refleje la cara de los dos.”
Y más allá de las críticas de aquellos que denuestan el populismo, forman parte de una cultura discursiva adversa a dicha corriente, pero sin embargo hoy repiten desde otro lugar un dispositivo que articula diversidad de actores con un ideario explícitamente contrapuesto pero operativamente similar, al fenómeno enmarcado como populista.
También verán con malos ojos la mencionada hipótesis aquellos cuya tradición política les resulta difícil de aceptar la mera tesis que asocie a sectores de la elite agraria como artífices de alguna suerte de populismo –aunque más no sea de derecha–.
Como subraya Víctor Hugo Millitello, en un artículo sobre el texto “La razón populista”, del conocido teórico Ernesto Laclau: “Ha desestimado en los primeros capítulos, una definición del populismo sobre la base de ‘intereses populares’, ‘base social’, ‘antielitismo’ o ‘nacionalismo’”. Al analizar los distintos movimientos que podrían encuadrarse en dicha categorización a través de la historia, deja abierta esa posibilidad.
A propósito del movimiento encabezado por la Mesa de Enlace hace más de un año, en estos días un nuevo llamamiento a la movilización callejera, por parte de la dirigencia agraria, se efectivizó en el elegante Rosedal de Palermo. Coincidiendo con la toma de posesión de sus cargos parlamentarios de los diputados y senadores elegidos en los comicios de junio último, fecha en la cual se expresó en términos de representación parlamentaria, la resistencia que durante meses se desarrolló contra la suba de retenciones al agro, tomándose ese movimiento como el punto de inflexión del devenir político de los gobiernos kirchneristas, los acontecimientos venideros dirán si la asonada del otoño del 2008 mantiene su convocatoria y articula de alguna manera las variadísimas demandas de ese extenso espectro de la ciudadanía.
Lo que no se puede descartar es que la restauración de los ’90 no asuma un nuevo ropaje. Asegurar su imposibilidad será no aprender de la historia –no muy lejana– en que la revolución productiva y el salariazo terminaron en la alianza inédita de la hija de Alsogaray y el innombrable caudillo populista, artífice de la revolución neoliberal de la cual aún sufrimos las secuelas.
Jorge Muracciole
Sociólogo. Docente de la Facultad de Ciencias Sociales, UBA
http://www.elargentino.com/nota-69230-El-populismo-de-derecha-con-olor-a-campo-busca-articular-el-frente-restaurador.html