Ayer, cuando en todo el mundo se conmemoraba el Día Internacional de los Derechos Humanos, los editores de La Nación entregaron a sus lectores un artículo pornográfico firmado por Abel Posse, diplomático de carrera de las dictaduras militares y flamante ministro de Educación porteño. Mientras las Madres de Plaza de Mayo–Línea Fundadora y otras asociaciones que lucharon por la dignidad, la memoria y la justicia bajo el silencio de los canales de noticias, el diario de los Mitre destiló veneno del fuerte. Con el título “Criminalidad y cobardía”, Posse acusó al Gobierno nacional de “demoler el básico esquema constitucional de orden público y de ejercicio de la fuerza exclusiva del Estado para cumplir con la misión esencial de reprimir”.
No ahorró reclamos a la oposición, cuyos dirigentes “hablan a media lengua y se fugan hacia la prevención educativa, la recuperación del joven delincuente y la inclusión social”. Es más que alarmante la obsesión de Macri por buscar colaboradores que sean cruzados de la criminalización de los jóvenes. Porque para perseguirlos tenía a Jorge Palacios, que terminó preso en cárcel común por espiar ilegalmente. Pero, para estar al frente de la educación, llamó a este ex embajador de la dictadura que dice que “todos los días nos revuelve y convulsiona la noticia del comerciante, padre, estudiante, baleado a mansalva por el asesino-joven (no el niño-asesino, porque cuando se asesina disparando sobre alguien indefenso, a los 14 o 16 años, no hay niño que valga, la entidad ‘asesino’ prevalece sobre la edad biológica)”.
La Nación lo tiene como columnista especializado en el odio al pibe chorro que salta de inmediato al odio al Gobierno nacional. En noviembre de 2008 otro artículo de Posse decía: “Todos registramos en una especie de archivo universal de la infamia el asesinato de Barrenechea, la excarcelación judicial del asesino de 17 años, la apropiación de los fondos de las AFJP, la proliferación de los narcos y de la droga infantil. Niños drogados que matan padres de familia. Todo lo registramos minuciosamente, día tras día, como los eunucos chinos del Celeste Imperio.
La reacción de los docentes, a través de sus dirigentes gremiales, no se hizo esperar. Francisco Nenna y Estela Maldonado salieron a cruzar al nuevo ministro. Ellos pertenecen al gremio CTERA, que fue castigado por la represión dictatorial. En efecto, Francisco Isauro Arancibia fue uno de los fundadores en 1973 del gremio que puso a los maestros como trabajadores de la educación. Arancibia fue asesinado el mismo 24 de marzo de 1976. Fue uno de los seiscientos trabajadores de la educación asesinados o desaparecidos por la dictadura para la cual trabajó Posse. Mauricio Macri no tardó en responder al pedido de renuncia de los docentes: “Al ministro de Educación lo pone el jefe de Gobierno y no los sindicatos”, disparó, desafiante.
PRO está convencido de que un sector importante de la sociedad reclama mano dura, está intoxicado de odio a los gremialistas, a los pibes que usan paco y al Gobierno que terminó con las AFJP. Y para poner autoridad dobla la apuesta. El razonamiento está a la vista: Mariano Narodowski debió renunciar porque el espía Ciro James reportaba en la plantilla de empleados jerárquicos del Ministerio de Educación. Entonces, piensa el ingeniero Macri, no hay que dejarse doblar el brazo y tenemos que poner a uno más duro. Porque Narodowski, guste o no, tiene trayectoria en el mundo académico y de la educación, pero Posse es un ideólogo, un referente del pensamiento reaccionario. No tiene ni idea de que los pibes del sur de la Ciudad tienen menos lugares en las escuelas que los del norte y que tienen que viajar lejos para ir a clase por este disparatado desequilibrio de recursos. Tampoco le interesa saber que tendrá paritaria o que los directores o profesores tienen sus propias visiones de lo que pasó en la Argentina reciente y que en las aulas los 24 de marzo se refleja la realidad de lo que fue el genocidio.
No faltan porteños que insisten en decir que Macri no es un referente de la derecha fuerte. Prefieren verlo como un empresario con ideas de centroderecha, más bien liberal. Es una idea que se condice mucho con la idea del voto “moderado”, como prefieren llamar los analistas -derechistas- de opinión pública. Precisamente ayer, también en La Nación, un artículo de Sergio Berenstein, de Poliarquía, advierte (no aclara en base a qué encuesta) que el Gobierno nacional “tiene en contra” al 70% de la población, que representa “el voto moderado”. Berenstein sabrá seguramente que escribe para el diario que más apoyo periodístico le dio a Videla y Massera. Muchos radicales –que ayer pidieron que Posse no asuma– son devotos de La Nación. Del mismo modo que muchos de sus lectores se desayunan escuchando a Ernesto Tenembaum, a quien Posse le cortó una entrevista ayer mismo.
Posse le dijo: “¿En qué mundo vive usted? Si usted es periodista, tiene que tener coraje, amigo Tenembaum”. Antes de interrumpir la comunicación, le advirtió: “Este país se deshace por la cobardía de todos y yo enumero lo que siente la gente y lo que siente el mundo por la demolición que estamos haciendo de este país magnífico, donde tenemos que establecer una democracia que no sea la permisividad de los ladrones, de los corruptos y de los periodistas cobardes”.
Macri tiene previsto que Posse asuma el cargo hoy. Algunos levantan apuestas para ver cuánto va a durar. Otros apuestan a que no se concrete. Quizá hoy a la mañana la sociedad reaccione y evite esta decisión pornográfica del jefe de Gobierno. Pero no hay que esperar milagros. La oposición deberá mover toda su capacidad para dejar diferencias a un lado para que el 1º de marzo puedan empezar las clases sin un fascista al frente de la educación porteña.
http://www.elargentino.com/nota-69226-El-fascismo-de-Posse-no-es-una-pose.html