Entrevista a EZEQUIEL ADAMOVSKY (es autor de "Historia de la clase media argentina. Apogeo y decadencia de una ilusión, 1919-2003, recibió los títulos de doctor en historia por Universidad de Londres y licenciado por la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA , casa de la que es profesor adjunto. Ha sido investigador invitado en el Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNRS) en Francia y se desempeña actualmente como investigador del CONICET.)
En su reciente libro “Historia de la clase media argentina. Apogeo y decadencia de una ilusión, 1919-2003” señala que la moderna división de la sociedad según la metáfora tripartita –clases alta, media y baja- surgió en algunos países como Inglaterra o Francia en vísperas de la Revolución Francesa (1789), mientras que antes el esquema usado para dividir a la sociedad era binario, distinguiéndose al “pueblo llano” de la “aristocracia”, en tanto Marx utilizó ese esquema binario con los conceptos de “proletariado” y “burguesía”.
-¿De qué modo se da la división de clases en la Argentina actual?
-Desde el punto de vista sociológico, la sociedad argentina es como la mayoría de las que conocemos en muchos países: una surcada por procesos de clasificación que separan a diferentes grupos sociales, básicamente, organizada alrededor del mando del capital sobre las personas. En ese sentido, históricamente, tanto en la Argentina como en otras sociedades, se van produciendo distintos modos de estratificar a esas sociedades y, en base a esos modos, se arman agrupamientos sociopolíticos. En muchas ocasiones, por ejemplo, hay movimientos de clase obrera que se agrupan como clase. En otros tiempos esto es más débil y, en ese sentido, la clase media no remite a una clase en el sentido sociológico –es decir, no es un grupo de personas que compartan determinadas características en su vida económica, ocupacional y demás- sino que es fundamentalmente una identidad. De modo que para mí no tiene mucho sentido decir hoy que hay una clase media baja, otra clase media-media y otra clase media alta, porque lo que importa es cómo opera la identidad de clase media a la hora de conseguir que determinado grupo social actúe de determinada manera.
-Sostiene en su obra que el peronismo hizo visibles las divisiones sociales y las politizó de una manera peculiar, “pero (que) de ningún modo las creó”.
-Lo que pasa es que se genera una reacción social y política muy fuerte en contra del peronismo. El movimiento antiperonista es muy masivo, tanto que desde el ’45 por primera vez agrupó en una coalición política unificada a, por un lado, los partidos políticos y, por otro, literalmente, cientos de organizaciones de la sociedad civil de todo tipo y desde las organizaciones del gran capital –la Sociedad Rural Argentina, la Unión Industrial, la Cámara de Comercio- hasta las que representaban a los pequeños productores. Toda esa coalición nunca había operado antes en la historia argentina. Esa reacción antiperonista fue la que, luego de la derrota de la Unión Democrática en el ’46, adopta o hace suya esta idea de “clase media” como identidad. Y es muy interesante por qué canales sucede esto porque, en general, no son los partidos políticos los que aportan y aprovechan mejor esa identidad sino que el grupo que más actúa para difundir esa identidad, y lograr que penetre en la sociedad, es la Iglesia Católica, que hizo una campaña formidable, sobre todo desde 1949-1950, de difusión de esta idea de clase media.
-¿Qué idea quería transmitir?
-La de que existía una clase media, porque no era obvio ni evidente en ese momento, y que ella, por sus valores morales y por su rol político, tenía que ocupar un lugar de contención respecto a ese movimiento “plebeyo”, que era el peronismo. La Iglesia Católica tenía, como tiene todavía hoy, una red con una capacidad de penetración tan enorme en la sociedad que fue un canal privilegiado en la difusión de esta identidad de clase media. Recordemos que la Iglesia Católica no es sólo la jerarquía y las iglesias parroquiales, sino que tiene toda una red de instituciones educativas, vínculos periodísticos, políticos e incluso sindicales, sobre todo en esa época, lo que llevaba a que una campaña que quería instalar tuviera una llegada muy profunda en todo el país. Y en esos años, la Iglesia es la que más machaca con la identidad de la clase media y es esta institución la que consigue rearmar la coalición antiperonista, que había quedado desarmada en el ’46. En el enfrentamiento de Perón con la Iglesia es alrededor de ésta que se vuelve a rearmar un movimiento antiperonista con capacidad de volver a salir a la calle y de aglutinar políticamente a sectores impensados, como ocurrió con el Partido Socialista y el Comunista. Fue sobre todo como reacción al fenómeno del peronismo que se formó una identidad de clase media en la Argentina.
-En su libro entierra varios mitos de la historia argentina que siguen vigentes, entre otros, el de la “modernización” y el de “crisol de razas”. ¿Cómo surgieron esas leyendas y por qué siguen teniendo fuerza?
Es muy optimista decir que enterré a esos mitos porque éstos son muy persistentes y va a costar muchísimo sepultarlos. Hay toda una serie de mitos que son fundantes del imaginario de la nación argentina y que son falsos desde muchos puntos de vista. Por ejemplo, uno que se resiste a irse es la idea de una Argentina con movilidad social ascendente y con oportunidades para todos, que es la que se había instalado a fines del siglo XIX y principios del XX. Todos los datos que tenemos indican que en esa época creció de una manera abismal la distancia entre ricos y pobres, es decir, todo lo contrario a lo que imaginábamos. Y las oportunidades de movilidad ascendente fueron menos que antes. En relación con esto, también la idea de una Argentina inmigratoria, que por suerte se está cuestionando bastante en los últimos diez o quince años, el concepto de que los argentinos descendemos de los inmigrantes europeos, lo cual es una verdad a medias o un mito encubridor del hecho de que nuestra sociedad desciende de europeos tanto como de criollos, mestizados, afros y afrocriollos. Ese mito tiene que ver con el modo en que se constituyeron las clases sociales en Argentina y el hecho de que la formación del grupo social más bajo –desde el punto de vista económico- se apoyó sobre la segregación racista que existía previamente, y eso es algo que viene del siglo XIX y que hoy sigue siendo muy visible. Y ese mito es funcional a esa división social que se superpone a una división racial en la sociedad argentina.
-¿Qué papel jugó el prestigioso sociólogo Gino Germani en los mitos que circulan sobre la clase media?
Hay tres o cuatro grandes intelectuales que ha tenido este país que de algún modo proveyeron las narrativas maestras por las cuales hoy entendemos qué es lo que somos y qué es lo que fuimos: Mitre y Sarmiento en el siglo XIX, y Gino Germani y José Luis Romero en el siglo XX. Germani es el que de algún modo actualizó los esquemas que venían de Sarmiento y Mitre con categorías sociológicas modernas y quien produjo un interpretación del pasado argentino en base a la idea de “modernización”, la idea de un pasado nacional que se entiende como el despliegue de la modernización a través del tiempo, es decir, de un alejamiento de una época más tradicional o de más atraso. Y él explicó este proceso como fruto de los cambios socioeconómicos que produjo la elite de fines del siglo XIX, y parte de este proceso era de modernización económica y avanzaba acompasado con un proceso de modernización social, que para él significaba el hecho de que se pasó de una sociedad de dos clases, un pequeño grupo de ricos y el resto pobres, a una sociedad de tres clases, con una clase media pujante en el medio. Eso significaba para él un avance en un sentido de mayor igualdad social y, junto con esto, una modernización en los parámetros culturales básicos de la sociedad: un debilitamiento de la cuestión religiosa y de la moral más tradicional.
-¿Por qué en los ’60 y ’70 se produjo un fenómeno en la clase media de padres antiperonistas con hijos peronistas?
-El peronismo produjo una división sociopolítica muy fuerte en Argentina que dejó un escenario marcado por una lucha social muy intensa. Por un lado, la mayoría de la clase popular fue peronista y los grupos que no pertenecían a las clases populares, fueron antiperonistas, a pesar de que Perón tuviera también mucho apoyo de sectores medios. Lo que ocurrió desde entonces es que, evidentemente, esa escisión tan fuerte que hubo, y esa alineamiento de los sectores medios con los sectores de clase alta, posibilitó la instalación de políticas de tipo fuertemente antipopular. Políticas que, desde el último Perón, afectaron los intereses de cada vez mayores porciones de la población, incluyendo a sectores medios. Pasó que, luego del derrocamiento de Perón, hubo en Argentina, y en el mundo también, un giro a la izquierda muy marcado en el cual en todo el mundo participaron de modo masivo jóvenes de sectores medios.
http://www.elargentino.com/nota-63237-En-Argentina-la-identidad-nacional-sigue-en-disputa.html