La remoción del ex Presidente del Banco Central, Martín Redrado, por la Presidente Cristina Fernández de Kirchner y su restitución en el cargo por una jueza vinculada parentalmente con servicios de inteligencia de la dictadura militar, pone sobre el tapete no sólo una operación política de desgaste gubernamental por parte de la oposición derechista- y sus inconsistentes aliados progresistas- sino la mismísima existencia de la independencia del Banco Central, administrador de papel moneda, simple transfiguración monetaria de mercancías que sólo se producen mediante el trabajo humano. El fetichismo de la virtualidad monetaria, hoy como ayer, traducida en la Carta Orgánica del Banco que proclama la autarquía del ente, desata una nueva crisis política en el país.
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17 ene 2010
7 ene 2010
¿A quién le corresponde el manejo de la política monetaria de un país? Por Carlos Eichelbaum
La disputa alrededor del anunciado Fondo del Bicentenario, el uso de reservas del Banco Central y la continuidad o no de Martín Redrado al frente de esa institución es, de alguna manera, asimilable a la que estalló en marzo de 2008 por las retenciones a las exportaciones de granos: como ésa, tiene ulterioridades potenciales preocupantes para la gobernabilidad, y también se le parece en cuanto al uso de discursos engañosos, disimuladores, por parte de los protagonistas del conflicto. En todo caso, y más allá de las intenciones mostradas hasta ahora, al respecto, por esos protagonistas, está en juego un problema central: ¿a quién le corresponde el manejo de la política monetaria de un país?
Hito conceptual del país neoliberal y de hegemonía del capital financiero, la “independencia” del Banco Central es un instrumento claramente funcional a la estrategia de evitar cualquier intención alternativa a un modelo de acumulación y organización de la producción establecido. No en vano la ley que consagró el instituto, la 24.144 de Carta Orgánica del Banco Central, fue aprobada y promulgada en pleno auge del menemismo, en octubre de 1992. El ministro de Economía era entonces Domingo Cavallo, el mismo que en una gestión ya famosa al frente del Banco Central de menos de dos meses, diez años antes y en la última etapa de la dictadura militar, había dejado bien en claro para qué puede servir que la política monetaria de un país se maneje desde la cúpula del sistema financiero. Había decidido y ejecutado ni más ni menos que la socialización de la deuda externa privada.
Hito conceptual del país neoliberal y de hegemonía del capital financiero, la “independencia” del Banco Central es un instrumento claramente funcional a la estrategia de evitar cualquier intención alternativa a un modelo de acumulación y organización de la producción establecido. No en vano la ley que consagró el instituto, la 24.144 de Carta Orgánica del Banco Central, fue aprobada y promulgada en pleno auge del menemismo, en octubre de 1992. El ministro de Economía era entonces Domingo Cavallo, el mismo que en una gestión ya famosa al frente del Banco Central de menos de dos meses, diez años antes y en la última etapa de la dictadura militar, había dejado bien en claro para qué puede servir que la política monetaria de un país se maneje desde la cúpula del sistema financiero. Había decidido y ejecutado ni más ni menos que la socialización de la deuda externa privada.
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