27 jul. 2014

Inversiones antibuitres Por Fernanda Vallejos

La pulseada con los bonistas invisibilizó el impacto de la puesta en marcha de Atucha II y el avance de proyectos mineros. Desarrollo y paradigmas en pugna.

En los últimos días conocimos varias noticias. Muchas de ellas debieran haber sido motivo de festejo si no fuera porque esa despreciable facción del capital financiero amparado por un sistema judicial al servicio de la reproducción del anarco-capitalismo financiero sigue empeñándose en la desmesura y la sinrazón, ahora propalada a través de una burda propaganda articulada desde su ejercicio de lobby. Para empezar, algo que ya venimos poniendo de relieve en esta columna: la ratificación de la relación estratégica entre la Argentina y los dos gigantes del mundo emergente, China y Rusia, cristalizada en la visita de sus presidentes a nuestro país, en el marco de un debate global que tiene a los países emergentes –entre ellos nuestro país y nuestra América latina– como protagonistas y que pone en cuestión, nada más ni nada menos, el funcionamiento de un sistema económico y unas finanzas globales desquiciadas a tal punto que tienen al mundo desarrollado al borde del abismo económico y social. Pero también los acuerdos efectivos que se derivaron de esas visitas, como corolario de la importante gestión política que el gobierno nacional viene desplegando desde hace tiempo. 
Fue en ese contexto que se concretó el swap financiero de monedas entre la Argentina y China, que implicará el ingreso al BCRA, a partir de agosto, de hasta 70.000 millones de yuanes, convertibles en dólares (11.000 millones), mejorando la posición de reservas de la Argentina.

Xi Jinping suscribió con Cristina, además, unos 20 convenios, que implicaron la apertura del mercado chino para nuevas exportaciones argentinas y un crédito de más de 4.700 millones de dólares, por la financiación del 100 por ciento de la construcción de las represas Kirchner y Cepernic, con un período de gracia de 66 meses (el pago será realizado con la venta de la energía que se genera con la obra ya realizada). Estas represas permitirán el aprovechamiento hidroeléctrico de uno de los ríos más caudalosos del país, el Santa Cruz, y su puesta en funcionamiento significará mejorar nuestra matriz energética, con un ahorro anual de más de 1.000 millones de dólares en importación de combustible, además de la generación de 5.000 nuevos puestos de trabajo.
Las inversiones chinas se extienden, también, a los sectores naval y nuclear, fortaleciendo el sendero emprendido por nuestro país desde 2003, potenciando la inversión para el desarrollo, en materia de infraestructura, energía, ciencia y tecnología, tal como lo sostuvieron las autoridades chinas al reafirmar la intención de su país de maximizar los proyectos de inversión, dando sustentabilidad a la política económica nacional. Lo paradójico del asunto es que un funcionario de un gobierno de otro país, que se inscribe, asimismo, en otra cultura, comprenda acabadamente los fundamentos de las políticas que han hecho posible el despliegue de las potencialidades del desarrollo nacional, mientras algunos argentinos dedican las páginas de sus medios a su ocultamiento cuando no a su denostación. Aunque, tal vez, no deba sorprender demasiado, cuando son las mismas páginas que prestan a los lobbistas militantes de la usura internacional. Las prestan, claro, a los lobbistas, mientras las niegan a la Argentina. Y privan a un considerable número de compatriotas de sentirse parte de la reconstrucción de nuestra mismísima identidad como nación, sobre la base de la integración social, productiva y territorial en la que nuestro país viene avanzando en los últimos once años.

Así las cosas, solicitadas foráneas que atentan contra el interés nacional ocuparon más espacio en muchos medios que el reactor nuclear de Atucha II alcanzando el 50 por ciento de su potencia, entregando energía al Sistema Interconectado Nacional por más de 330 megavatios y que, en las próximas semanas, alcanzará el 100 por ciento, abasteciendo a más de tres millones de argentinos. La trascendencia de la cuestión va más allá de la diversificación de la matriz energética nacional, la generación de una mayor oferta de energía y, por ende, la reducción de la necesidad de importaciones con su consecuente distensión sobre la restricción externa. La importancia del desarrollo nuclear se vincula no sólo con su impacto en la producción industrial, directa e indirecta, y el empleo, y sus aplicaciones satelitales, médicas, sanitarias, mineras o agroindustriales, sino con la recuperación de capacidades científicas y tecnológicas, una cuestión central a la hora de avanzar en el desarrollo económico de la Nación. Es gracias a esa recuperación que la Argentina está lista para avanzar en su cuarta y quinta centrales nucleares, para la cual también se firmaron acuerdos con China, o la construcción del pequeño reactor de potencia CAREM, un desarrollo 100 por ciento nacional.

Abundan, como en el caso del sector nuclear, las noticias que debieron ser y no son. El minero se cuenta entre ellos. En este sector las inversiones durante 2014 alcanzarán los casi 4.000 millones de dólares, que se distribuyen entre proyectos a iniciar en este año (U$S 955 millones), proyectos que continúan su construcción (U$S 1.695 millones), proyectos en producción (U$S 742 millones), exploración avanzada (U$S 103 millones), mantenimiento de proyectos (U$S 10 millones) e inversiones para decidir inicio de construcción (U$S 610 millones).

El desarrollo estratégico y las inversiones asociadas a él son parte del país que no miramos o, mejor, que no nos muestran. Pero está allí, con los brazos abiertos para los 40 millones de argentinos y la mirada puesta en el porvenir. Es en nombre de ese porvenir, de esta nación que hemos vuelto a poner de pie, que debemos ejercer con toda firmeza la defensa de nuestra soberanía y del interés nacional. Y aquí, soberanía, independencia y desarrollo aparecen indisociables. Tanto como aparecen indisociables de nuestro destino latinoamericano. Es desde allí, desde la unidad –nacional, pero también la de la Patria Grande–, que somos fuertes, que construimos la articulación con el mundo emergente y que desafiamos el orden hegemónico. Con un nuevo orden que es mucho más que retórica. Es el nuevo Banco de Fomento del Desarrollo de los BRICS, y el Fondo de Reservas del bloque. Pero es también la OPPROLI (Organización de Países Productores de Litio), el organismo intergubernamental del litio entre la Argentina, Bolivia y Chile, que nuestro país, con la segunda reserva mundial de litio, impulsa para la coordinación estratégica de la producción y la industrialización y la articulación científica y comercial. Junto a nuestros dos países hermanos sumamos el 85% de las reservas mundiales de este vector energético vital en la producción de energías limpias y representamos el 78% de las exportaciones a nivel global.

Ni al más cándido podría pasar inadvertida la potencialidad del desarrollo económico y social argentino, ni las enormes riquezas naturales que alberga nuestro país, de las que esta nota intentó mostrar apenas algunos hitos, más allá de nuestra capacidad agroalimentaria y agroindustrial o las plataformas de gas y petróleo no convencional en Vaca Muerta. Tampoco el rol estratégico de América latina frente a los desafíos de un mundo que vuelve a ser multipolar. Es evidente para quien quiera ver. Lo es para los buitres de la deuda. Debe serlo para los argentinos, para los 40 millones. Porque ese país que no miramos es la Patria que debemos defender. Para nuestros hijos. Y es una Patria preñada de sueños, de esperanza y de futuro.