3 oct 2010

La Doctrina Social de la Iglesia impulsa el reparto de ganancias Por Martín Piqué

Si bien las autoridades eclesiales de la Argentna guardan silencio sobre el tema
Al menos cuatro documentos católicos plantean la participación de los asalariados en las utilidades, tal como propone el diputado Héctor Recalde. También apoyan la incorporación de los trabajadores a la gestión empresaria
El proyecto de ley para que los trabajadores participen de las ganancias de las empresas está inspirado en el artículo 14 bis de la Constitución. Pero la iniciativa, cuestionada por la cúpula de la Unión Industrial Argentina, que la consideró “socializante” y la asoció con Cuba, tiene además otras fuentes de inspiración, que están bastante lejos de cualquier ideario socialista. La iniciativa del diputado Héctor Recalde retoma y propone llevar al plano de lo concreto una de las prioridades históricas de la Doctrina Social de la Iglesia, lo que los obispos católicos suelen llamar Magisterio Social, un compilado de todas las encíclicas –cartas que firman los Papas y que envían a los obispos de todo el mundo para fijar la posición oficial de la Iglesia sobre alguna cuestión importante– que emitió el Vaticano desde fines del siglo XIX hasta la actualidad. Al menos cuatro de los documentos más conocidos de los últimos 100 años en la historia de la Iglesia –Rerum Novarum (1891), Mater et Magistra (1961), Gaudium et Spes (1965), Laborem Exercens (1981)– impulsan la incorporación de los trabajadores a la gestión de las empresas, como también su participación en las utilidades –la famosa plusvalía– que obtienen sus empleadores.
El aval más contundente de la Doctrina Social de la Iglesia a la participación de los trabajadores en las ganancias empresarias le corresponde paradójicamente al papa Juan Pablo II. Sin ninguna sospecha de simpatía por el socialismo, el polaco Karol Wojtyla fue uno de los inspiradores de la corriente Solidaridad, aglutinada alrededor de Lech Walesa. En 1981, ya en el Vaticano, Juan Pablo II firmó una encíclica sobre el trabajo humano que rendía homenaje a los 100 años del primer documento oficial de la Iglesia, referido a la relación entre capital y trabajo: la encíclica Rerum Novarum, del papa León XIII. La carta de 1981 firmada por Juan Pablo II llevaba por título –en latín, como todos los documentos de la jerarquía católica– Laborem Exercens.
En el apartado sobre “conflicto entre trabajo y capital en la presente fase histórica”, la encíclica de 1981 destaca con particular énfasis que los expertos en relaciones laborales de la propia Iglesia han hecho “numerosas propuestas” que promueven la participación de los trabajadores en la gestión y en las ganancias empresarias. “Son propuestas que se refieren a la copropiedad de los medios de trabajo, a la participación de los trabajadores en la gestión y/o en los beneficios de la empresa, al llamado ‘accionariado’ del trabajo y otras semejantes”, dice textualmente Laborem Exercens en el capítulo 14. La edición en español se puede conseguir en las librerías católicas del país.
También hay antecedentes bastante explícitos sobre la posición favorable de la Iglesia a la inclusión de los trabajadores en la gestión de las empresas. Una posición que mantuvo a lo largo del siglo XX y que difundió a través de encíclicas y documentos. En 1965, en el documento más importante del Concilio Vaticano II, la Constitución apostólica Gaudium et Spes, se instaba a promover la participación de los trabajadores en la gestión de las empresas. “Salvo siempre el papel de cada uno, propietario, dador de trabajo, dirigente u obrero, salvo la necesaria unidad de dirección de la empresa, procúrese, por procedimientos bien determinados, la activa participación de todos en la gestión de la misma”, dice ese documento, que fue aprobado con el voto de todos los obispos del mundo.
La encíclica Mater et Magistra, pocos años antes, había fijado posición en el mismo sentido. “No dudamos, sin embargo, en afirmar que a los trabajadores hay que darles una participación activa en los asuntos de la empresa donde trabajan, tanto en las privadas como en las públicas”, señalaba la carta firmada por el papa Juan XXIII en 1961. Aunque en el Episcopado argentino conocen estos documentos –muchos obispos son especialistas en derecho canónico, lo que significa como mínimo conocer al detalle encíclicas y cartas papales–, hasta ahora no hubo intervenciones públicas de la Iglesia en la discusión abierta por el proyecto del diputado Recalde. El silencio de la jerarquía católica en este asunto contrastó con su activa militancia contra el matrimonio igualitario durante el debate previo a la sanción de la ley.
Tiempo Argentino consultó a varios obispos para conocer qué pensaban del proyecto para que los trabajadores participen en las ganancias empresarias. Algunos prefirieron no opinar, otros contestaron sin problemas.

Principios legítimos. Miembro de la Comisión de Pastoral Social del Episcopado, el obispo de Gualeguaychú, Jorge Lozano, no tuvo inconvenientes en expresar su posición. “Los principios que sustentan el proyecto son legítimos –contestó Lozano a este medio–. Habrá que ponderar y evaluar, y eso tocará a los legisladores, para ver si el 10% es suficiente o si tiene que haber otro porcentaje. Pero no quisiera opinar sobre un hilado tan fino porque son cosas técnicas. También habrá que ponderar si esto puede poner en riesgo fuentes de trabajo. No creo que haya dificultades para que en una empresa de una ganancia total de 100, haya diez que se distribuye entre los trabajadores. Que son los que han aportado el esfuerzo, el trabajo. Y que los otros 90 se queden como parte de la rentabilidad de la empresa, volcados también a la inversión.”
–¿Qué opina la Iglesia de la participación en las ganancias por parte de los trabajadores? Hay quienes citan en particular la encíclica Laborem Exercens.
–El papa Juan Pablo II apuntaba a un principio que no es sólo participar de los beneficios y de las ganancias de una empresa, sino también entender que la propiedad de los medios de producción no debería ser necesariamente entendida como propiedad privada. Eso está en el compendio de Doctrina Social de la Iglesia, que recoge justamente las enseñanzas del Papa y donde se hace hincapié en la relación entre trabajo y el capital mediante la participación de los trabajadores en la propiedad, en la gestión y en los frutos del trabajo.

Contra los dogmatismos. Obispo de la ciudad salteña de Orán, ex párroco de la diócesis de Quilmes, donde conoció a Jorge Novak, Marcelo Colombo coincidió en que el proyecto tiene puntos en contacto con la Doctrina Social de la Iglesia. Y recordó el artículo 14 bis. “Este proyecto viene a cubrir un vacío que existe en nuestro sistema legal desde el año 1957, cuando la Convención Constituyente acuña la forma de la participación obrera en las ganancias en el artículo 14 bis de la Constitución. De manera que hay que reconocerlo como un aporte que viene a completar un ciclo iniciado hace tantos años pero que todavía quedaba inconcluso. Laborem Exercens tiene un elemento que aporta, que se llama el criterio personalista, que hace ver que es significativo que el hombre cuando trabaja y empieza a desarrollar una tarea, además gana en creatividad y en eficacia cuando piensa que lo hace en algo que le es propio, que de algún modo le pertenece. Participar eventualmente de las ganancias fruto del trabajo es un elemento interesante, que despierta una mayor competitividad, una mayor eficacia laborativa”, argumentó Colombo en diálogo con este diario.

–¿Qué opina de las declaraciones de Héctor Méndez, de la UIA, quien asoció la iniciativa con Cuba y dijo que era inaceptable que los trabajadores pudieran tener participación en las decisiones empresarias?
–Hay que alejarse de esos dogmatismos que buscan tensar en términos de colectivismo o destrucción de la propiedad privada. Tenemos que concentrarnos en este proyecto. No pensar en otras realidades. Este proyecto es el fruto de una propuesta y, como tal, va ser analizada, mejorada y sobre todo respetada en cuanto sea posible su implementación satisfactoria. Creo que hay que concentrarse en este texto, que es el fruto del trabajo de diputados y estudiosos y que busca resolver un tema de nuestra realidad. Tenemos que evitar cualquier referencia que distorsione el debate.<
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