Si en algo coinciden los analistas es en que, a medida que pasan los días, el pago de los compromisos externos con reservas del Banco Central tiene muchas coincidencias con la pelea por defender las retenciones móviles a la exportación de granos. La gran diferencia a la vista es que los sectores agropecuarios lograron una adhesión social y que fueron las entidades empresariales las que dieron la cara por aquella batalla. Fue, sin más, la lucha de sectores privilegiados por evitar que la renta extraordinaria fuera reasignada por el Estado. Nadie pudo convencer, en el fragor de la pelea, a la clase media que el beneficio fabuloso de los sojeros se debe a que el dólar está sostenido por una política económica sólo posible con superávit fiscal y con abundantes reservas en el Banco Central. Con otra paridad cambiaria, el modelo sojero se desgranaría a una velocidad importante.
La heterogénea oposición política tuvo un éxito muy importante el miércoles pasado al lograr que la composición de las comisiones del Senado sea totalmente funcional a impedir cualquier iniciativa por parte del Ejecutivo. Dado que los analistas políticos están enrolados con pocos matices en esta pelea, para algunos esto expresa la miopía del kirchnerismo, dado que muestra su poca capacidad de maniobras frente a un escenario adverso en el Congreso. Para otros, más allá de las formas y las habilidades discursivas, lo que queda al descubierto, es la ceguera de cerrar filas con el conservadurismo y el neoliberalismo.
Quienes hoy apuntan contra Mercedes Marcó del Pont tienen un solo acuerdo: que el tiro vaya directo al corazón del modelo. Y lo dejaron claro cuando expresaron que la deuda externa sólo se debe pagar con partidas del Presupuesto y las voces de alivio que se escuchan son para advertir que una revisión del Presupuesto votado el año pasado sería la gran solución para evitar peleas entre hermanos.
Quizá resulte, como tantas veces en política, una salida, un acuerdo, una manera de evitar un desgaste que, sin duda, golpea más al kirchnerismo que a sectores opositores por el simple hecho de que este escenario tiene costados complicados, porque el Banco Central tiene una carta orgánica que está pensada más para ser funcional a la banca privada concentrada que a las necesidades del país. Por eso, precisamente, Marcó del Pont había propuesto una modificación hace dos años. Porque los ejemplos de pago de deuda con reservas se dieron en varios países del continente y también se hizo bajo las presidencias –del Central– no sólo de Martín Redrado cuando Néstor Kirchner era presidente sino también de Alfonso Prat Gay cuando Eduardo Duhalde estaba en la Casa Rosada. Claro, en esas oportunidades a ningún opositor se le hubiera ocurrido tirar dardos envenenados porque habrían tenido efecto bumerán.
Informe de la FAO. ¿Qué es lo que saben unos y otros? Es decir, en qué se asienta la Argentina de los próximos años –y décadas– para justificar la pelea, al margen de las consideraciones de estilo. No es que el estilo y las formas sean poco importantes, sino que no deben ser la excusa para desconocer las cifras multimillonarias que hay en juego y que los sectores más privilegiados del modelo sojero quieren dejar muy lejos de la mano de quienes hoy están en el Gobierno.
Para entender qué pasa en el mundo respecto del tema alimentos y oleaginosas es muy útil detenerse en el último informe de la FAO, el organismo de Naciones Unidas encargado de estas estratégicas áreas. Allí se consigna que, por ejemplo, en la actualidad un chino come de promedio 59,5 kilos de carne roja al año mientras que en 1980 consumía 13,7 kilos. Pero, ojo, también crece la proporción de carne en la dieta de los países europeos, en Canadá y los Estados Unidos donde, en promedio, el consumo pasó de 76,3 a 82,1 kilos en el mismo período.
La FAO advierte que la demanda de recursos que se destinan a la cría y engorde de ganado crecen de modo exponencial. Eso tiene consecuencias negras en el plano medioambiental. Porque provocará la tala indiscriminada de árboles y un cambio drástico de las superficies sembradas, donde cada vez más los granos serán los que van al consumo de las vacas y los puercos y no de los humanos. Para el 2050, en vez de 6.000 millones de humanos, habrá 9.000 millones. En esta tendencia, la cantidad de cabezas de ganado bovino deberá pasar de 1,5 mil millones a 2,6 mil millones. Y en proporciones similares aumentarán los rodeos porcinos y ovinos. Desde el punto de vista medioambiental esto es una patada al planeta: la ganadería es responsable del 18% de la emisión de gases de efecto invernadero, insume el 8% del agua potable y ocupa el 80% de la superficie agrícola de la Tierra, sumando por supuesto la siembra de alimentos para el ganado.
Y aquí vamos al punto, que desde ya es menor que la incapacidad de los humanos de poner límite a la voracidad no sólo de la especie humana sino de las pocas empresas alimentarias multinacionales que son tan predadoras como las petroleras o los laboratorios medicinales. El punto menor pero nada despreciable para los argentinos es que este escenario, casi de catástrofe, es una excelente noticia para los sojeros. Que piensan en vender soja a China para que ellos puedan alimentar a sus rodeos. Esa soja que se lleva minerales de la tierra de acá y que es tan rentable porque el Banco Central sostiene la paridad. Eso sí: los sojeros locales no se interesan por el destino oscuro de la ganadería argentina y del aumento del precio de la carne por falta de oferta. De eso, ¡que se ocupen los gobiernos!
Eso sí: el panorama es bárbaro para los sojeros si el horizonte queda despejado de estos factores que lo perturban. Llámese en primer lugar impuestos para evitar que la Argentina sea un monocultivo. Segundo, un banco central que tenga cada vez más dólares sólo para respaldar los excelentes negocios que hace la banca privada y los tenedores de dólares en la Argentina. Porque el sector financiero mueve poca plata, pero tiene unos costos de intermediación muy altos. Y porque una autoridad monetaria seria debería doblegar los esfuerzos para evitar la fuga de divisas, que todavía es una deuda importante de este modelo que pregona la redistribución del ingreso y que la practica de una manera esporádica.
Resulta casi insólito que en el Año del Bicentenario, la gran noticia de la economía sea que la cosecha récord será el respaldo de la salud política de la República. Es un insulto al pueblo, a sus epopeyas de hace doscientos años y a todas las que vinieron luego, que el motor de la construcción viene de la mano de los sojeros privilegiados. Basta ver en La Nación que en Puerto Madero se vende el metro cuadrado a u$s5.000 y que todavía no podamos despegar con un banco de desarrollo o un verdadero banco hipotecario, que podrían ser piezas claves de un desarrollo armonioso y cuyos fondeos podrían hacerse generosamente con las exuberantes riquezas que se atesoran en el Central.
Es una utopía pensar que en el clima actual los argumentos de fondo puedan servir para convencer, no sólo a opositores sino a quienes serían los beneficiarios de estas oportunidades. Lo que sí deberían intentar los dirigentes políticos que defienden este modelo pragmático –pero nacional– es tener el arte suficiente como para zanjar con habilidad algunas peleas menores y despejar el camino. Lo que hay para ganar es mucho. Basta pensar en que algunos de los recursos acumulados en el Central se sumen a lo ya iniciado con fondos que antes eran patrimonio de un grupo de entidades financieras.
Ojo: nada que la Argentina no conozca, porque ya tuvo un banco industrial y un banco hipotecario. Si hay que buscar maneras de pegarle más fuerte a la precariedad laboral y la tremenda falta de viviendas populares es a través de esos dos instrumentos. Pero la picardía de algunos, disfrazada de histeria, hace que lo que se vea es una superficie de vanidades o de enojos, a lo sumo de reglamentos. Hay que hacer un esfuerzo para que el árbol no tape el bosque.
http://www.elargentino.com/nota-81074-El-conflicto-agropecuario-y-el-del-Banco-Central.html
