Entrada la Década Infame, el presidente de facto Agustín P. Justo nombra a Federico Pinedo nuevo ministro de Hacienda de la dictadura en reemplazo de Alberto Hueyo. Fue a Pinedo a quien la Argentina semicolonial de la década del ’30 le encomendó un proyecto de Banco Central. En realidad, la solicitud provenía más bien de Londres, y no sólo para la Argentina. Por entonces, expertos ingleses venían trabajando en un nuevo esquema monetario y financiero para la India.
Al respecto, es útil traer a colación los argumentos esgrimidos por la comisión de notables ingleses encargada de llevar a cabo la reforma monetaria en el país asiático: “En el interés del imperio británico es deseable que el sistema monetario de la India sea tal que facilite y estimule los intercambios comerciales en el interior del imperio británico más que los intercambios con el exterior y es además conveniente retener en el círculo del imperio la finanza del comercio indio” (Jorge Abelardo Ramos, Revolución y contrarrevolución en la Argentina).
Por su parte y en relación al origen del Banco Central argentino, Mario Rapoport señala en su monumental Historia económica, política y social de la Argentina (1880-2003) que “Especialistas norteamericanos y británicos ya estaban asesorando desde comienzos de la década [1930] a los países del continente en esta dirección [solucionar los acuciantes problemas financieros de la poscrisis], como el proyecto que un experto inglés, sir Otto Niemeyer, había realizado para Brasil o los elaborados por el estadounidense Kemmerer para varios países andinos. No es casual, entonces, que se invitara al mismo Niemeyer a venir a la Argentina en 1932, para realizar una evaluación del sistema financiero y aconsejar una serie de medidas necesarias para su mejor funcionamiento, elaborando […] un informe donde diseñaba los mecanismos del futuro Banco Central”.
Si bien los consejos del Primer Mundo civilizado pero en crisis fueron tenidos en cuenta y respetados sus lineamientos fundamentales, el Ministerio de Hacienda publicó, en enero de 1932, el escrito de Raúl Prebisch –principal asesor de Pinedo– titulado La acción de la emergencia en el problema monetario, en el que se desarrolla la fundamentación técnico-económica para la fundación del Banco Central, bajo los principios de una entidad independiente del gobierno. Fue este proyecto con algunas modificaciones, el que finalmente aprobó el Senado en 1935.
Al discutirse la propuesta en el recinto, el abuelo del actual diputado de PRO, también llamado Federico Pinedo, expresó con irreprimible orgullo: “Nosotros somos pequeños satélites en la órbita de las grandes naciones mundiales” (Jorge Lorenzutti, Historia del Banco Central de la República Argentina). Las principales funciones del nuevo banco fueron: detentar el privilegio exclusivo de la emisión de billetes en el territorio nacional; mantener una reserva suficiente para asegurar el valor del peso, ya sea en oro, divisas o cambio extranjero, equivalentes al 25% como mínimo de sus billetes en circulación y obligaciones a la vista; y regular la cantidad de crédito y de los medios de pago adaptándolos al volumen real de los negocios a través de operaciones de redescuento en el sistema bancario y otro tipo de actividades (Lorenzutti, obra citada).
El Banco Central quedó así constituido como una entidad de capital mixto, la mayoría de cuyo directorio se elegía por los bancos accionistas, con un marcado grado de prescindencia política en su conducción (Mario Rapoport, obra citada). Como era previsible, Pinedo nombró al frente del Banco Central a Raúl Prebisch, cuyo anuncio fue formulado en Londres antes que en Buenos Aires.
En efecto, cuenta José Luis Torres en su célebre La oligarquía maléfica que de paso por la Gran Bretaña en 1934, el presidente de la Cámara de Diputados de la Argentina y empleado británico doctor Manuel Fresco visitó a Mr. Follet-Holt, cerebro de las empresas ferroviarias inglesas en la Argentina. En ocasión del encuentro, el inglés preguntó al legislador-empleado: “¿Qué hay, doctor, de la ley del Banco Central?”, pero Fresco nada sabía de ninguna ley. ¡Qué iba a saber! Extrañado, el inglés, explicó que el proyecto debía encontrarse según sus cálculos a consideración del Congreso argentino. Y extendiéndole a Fresco un ejemplar del proyecto de Banco Central, redactado en inglés, le aclaró que “Hace ya tiempo que se envió este proyecto al Gobierno argentino. Es raro”, para después de una breve pausa, preguntarle: “¿Qué concepto tiene usted de Raúl Prebisch?”. Embobado, Fresco respondió: “No le conozco. ¿Por qué me lo pregunta?”. Entonces, Follet-Holt decidió acabar con el misterio y contestó: “El doctor Raúl Prebisch desempeñará las funciones de gerente general del Banco Central de la República Argentina en Buenos Aires”.
A excepción del breve interregno peronista entre 1945-55, Gran Bretaña y luego los Estados Unidos, regularon la política económica y financiera argentina durante el siglo XX. En realidad, la discontinuidad de un Banco Central ajeno y contrario a una política económica nacional comenzó con la expulsión de Prebisch de la presidencia del banco, el 18 de octubre de 1943, apenas dos meses antes de la designación del coronel Juan Perón al frente de la Secretaría de Trabajo y Previsión.
Luego, claro, vendría la nacionalización del Banco Central. En este sentido, resulta interesante citar la opinión que un tecnócrata de la CEPAL tenía de la institución bancaria con anterioridad al desembarco del populismo industrial peronista: “Hasta 1943, el Banco Central había sido un logro notable, una adaptación del modelo de Niemeyer de manera tal que podía desempeñar el papel de un organismo central en la política monetaria y financiera, con responsabilidades y facultades crecientes después de 1935, pero conservando su autonomía frente a la arena política como una empresa mixta del sector público-privado” (Los mercados y el Estado en la evolución del “manifiesto”, de Prebisch. “Revista de la CEPAL”, 1/12/2001).
Con la Revolución Libertadora, el Banco Central volvería a sus funciones primigenias para las cuales había sido creado. Así, hasta enero del 2010, en el que la profundización del modelo productivista y socialmente justo encarado por el kirchnerismo requiere de un Banco Central al servicio del desarrollo nacional, la industrialización masiva y la construcción de un Estado moderno, sólido y eficiente. Año crítico, por cierto, en que la confrontación entre los dos modelos posibles y antagónicos de país se encuentra a exiguos pasos de su máximo de incompatibilidad.
La decisión de remover a Martín Redrado recuerda aquella de Prebisch, en una Argentina que se abría ineludible paso a la experiencia nacional y popular más rica de su historia. Dos meses después de la renuncia forzosa de Prebisch, ocurriría el desembarco de Perón y con él el principio de la alianza entre el Estado, los sectores nacionalistas de las fuerzas armadas, ciertos elementos del empresariado nacional y las masas trabajadoras.
Ahora, en las puertas del Bicentenario, con un Gobierno nacional decidido a no ceder ante el chantaje y el oportunismo, decidido igualmente a recuperar para el conjunto del pueblo al Banco Central de todos los argentinos, la historia enseña que no podrá vencerse la Unión Democrática del nuevo siglo sin recrear y afianzar aquella vieja alianza, incorporando en su seno a la totalidad de los argentinos y argentinas aún excluidos. No hay más camino que reemprender el arduo, conflictivo pero inexcusable camino de la transformación nacional y popular, la misma que Perón comenzaba a gestar desde la Secretaría de Trabajo, la misma que finalmente habría de instalarse con el 17 de octubre de 1945.
Durante el 2010, los argentinos viviremos todos y cada uno de sus días como un largo octubre de 1945, crucial y estratégico. La solución, la salida será como la del siglo pasado: revolucionaria o no será. El conflicto en torno del Banco Central deberá cerrarse con su nacionalización o las palabras con las que Prebisch –en calidad de asesor de Lonardi– celebraba el fin del peronismo y justificaba el cambio en la política económica, se convertirán en una triste realidad: “La Argentina atraviesa la crisis más aguda de su desarrollo económico; más que aquella que el presidente Avellaneda hubo de conjurar ahorrando sobre el hambre y la sed y más que la del ’90, y que la de hace un cuarto de siglo, en plena depresión mundial”.
La Argentina granero del mundo, la de los millones de pobres y excluidos, la humillada y la rastrera quiere hacerse virulentamente del poder, para sumir al país en la crisis más aguda de su desarrollo económico, ahorrando con el hambre y la sed de su pueblo, insistiendo con el camino de los ’90 y en plena crisis mundial.
* Director del Centro Latinoamericano de Investigaciones Científicas y Técnicas
http://www.elargentino.com/nota-73765-De-la-expulsion-de-Prebisch-a-la-de-Redrado-coincidencias-y-encrucijadas.html
