La fisonomía de la marcha de la economía nacional se va modificando paulatinamente, aunque con una intensidad creciente. Hay aspectos favorables que ganan terreno. Posiblemente, no quepa hablar de una recuperación en sentido estricto, pero sin duda atisba una mejora, aun siendo heterogénea. Y la perspectiva positiva se extiende de cara al año próximo.
Al respecto, incide un cúmulo de factores. Gravita, naturalmente, la renormalización de la economía mundial que se perfila. Aquí también existen signos dispersos de mejoramiento en el sector real, pero que se proyectan en número y fuerza. Por lo demás, los famosos “mercados de capitales”, para no perder el hábito, aun habiendo estado entreverados en el epicentro de la crisis, no trepidan hoy en “descontar” el alcance de la reprise que asoma, reincidiendo en su efervescencia especulativa y en la insistencia de apalancamientos sofisticados. Por aquello de que “nada nuevo hay bajo el sol”.
Viendo esto último, no es casual que economistas que han “primereado” en efectuar en el pasado advertencias sobre la crisis, por más que captan y asumen cierto repunte de la economía mundial, no dejan de señalar el escaso avance en el terreno de las regulaciones en el plano financiero a la vez que no descartan renovadas burbujas hacia delante. Se entiende, como dijo un colega días atrás (E. Ocampo), aquello de que “en Wall Street todo cambia para que nada cambie”. Hasta el propio Bernanke exhala alguna preocupación al respecto.
Cabría decir, sin tapujos, que mientras la economía mundial en lo real se despereza algo, el “anticipo” de la reprise que hacen los mercados especulativos es un severo múltiplo del ritmo efectivo. Los traders vuelven a ponerse en onda sin escrúpulos y el carry trade renueva sus fueros, reapareciendo a buena orquesta, luego de cierto mitigamiento, el apetito al riesgo. Claro que, en el presente, la inyección monetaria que se practica en los EE.UU. está dando bastante “materia prima” para esta dinámica, la que, de paso, fuerza la depreciación del dólar.
No sorprende que los llamados mercados emergentes vuelvan a erigirse en los grandes candidatos para este tipo de dinámica especulativa. El Brasi es un ejemplo tan saliente como cercano. La economía de nuestro vecino, con una calificación interesante en el concierto financiero mundial -desde ya, superior a la nuestra- está siendo objeto de un entusiasta ingreso de capitales, con una tasa de interés de referencia que, como legado de la crisis, se ubica en unos puntos por debajo de la operante precrisis. No obstante, visto la “tipología” de la política económica del Brasil y su régimen de flotación, se ha definido un fuerte horizonte de apreciación cambiaria. Con lo que dicha tasa, “medida en dólares”, pinta enorme. En verdad, ese ingreso de fondos, por un lado, suscita algarabía, porque estimula la monetización y es capaz de instigar la demanda interna y la actividad (elementos que pueden derramar sobre nosotros). Pero, a la vez, se suscitan claroscuros.
Son dos los aspectos complicantes en perspectiva: el fenómeno de la “enfermedad holandesa” y la gestación de una burbuja. En lo primero, se trata de una versión amplia de la enfermedad holandesa, donde el ingreso “abrumador” de divisas es por la vía financiera, con mucho carry trade. Su deriva es una instancia de fuerte apreciación del real brasileño, buscando valores previos a la crisis. Por supuesto, en lo inmediato, el fenómeno nos beneficia en el plano cambiario, aun sin caer en el falaz estereotipo del tipo de cambio real multilateral. Sí, pueden avivarse reacciones protectivas en el país vecino ante la apreciación y el agravio que ésta provoca en diversos sectores, lo que sería algo así como un reverso de lo que pasó con nosotros durante la crisis.
En cuanto al tema de los indicios de burbuja, la preocupación versa sobre las instancias de diástole-sístole que son asociables a las conformaciones de las burbujas, tanto más en el caso de naciones emergentes, que dejan secuelas molestas en la faz real. Naturalmente, el proceso de paulatina afirmación de la economía brasileña, que responde a un curso temporal dilatado de arrastre, deberá lidiar hoy por hoy, en más o en menos, con estos dos serios aspectos inquietantes mencionados. El gobierno brasileño ha perfilado algún tipo de respuesta, pero muy tímida.
El revival financiero y nosotros. Retomando el caso argentino, las propias condiciones de la re-normalización de la economía mundial, incluyendo las concernientes al rush financiero que se verifica en los mercados de capitales y afines, dan a las autoridades un mayor margen de maniobra. Así pueden converger condiciones más positivas, tanto internas como externas, distendiendo, en principio, el horizonte futuro de nuestra economía.
Justamente, la resurrección de la liquidez mundial y del apetito por el riesgo, benefician la estrategia oficial -sobre cuya naturaleza y hoja de ruta realizamos varias notas- que pone el acento en la llamada “vuelta” a los mercados financieros externos.
Está en danza la hipótesis del “repechaje con acople”, acerca de la que hablamos en diversas ocasiones. El conducto principal que se está considerando de cara a lo que podríamos denominar la “reinstalación” de nuestra economía en el contexto externo, es el de carácter financiero. En realidad, hitos tales como las negociaciones con los holdouts y el Club de París, como así también la célebre revisión prevista en el artículo IV del FMI, son, en sí mismos, neutros. O sea: son elementos, per se, válidos para cualquier línea de estrategia económica. Lo que sí puede cambiar, es la significación y gravitación que se les otorga, según la estrategia de reinserción mundial de que se trate.
En verdad, hoy atravesamos un punto de cruce, y, si se quiere, de disyunción potencial. Estrictamente hablando, el modelo competitivo productivo, consustanciado con el notable shock productivo y de empleo del lapso 2003(2002)-2007, se desvaneció en su rigor, sin que irrumpiera un reemplazo cabal. Tendríamos ahora algo así como una colección de fragmentos.
La competitividad cambiaria, por ejemplo, se resintió marcadamente. Es cierto que luce ahora algo mejor al respecto que en la instancia precrisis, pero, de todas formas, aquella característica básica persiste. El superávit fiscal se evapora. Incidió la crisis reciente, pero, sin duda, hay factores más amplios de causalidad.
Perentoriamente, el poder acceder al financiamiento externo, trazando la hoja de ruta en la materia e intentando avanzar en ella -aspectos, en general, recibidos con mucho beneplácito en las filas de la ortodoxia-, “cae como anillo al dedo” ante el debilitamiento fiscal, ostensible en el ámbito provincial agregado. Incluso, hacia delante, ese financiamiento externo podría facilitar la capacidad de gasto del sector público en un contexto de déficit, ya asumido sistemáticamente.
Como todo punto de cruce, en lo inmediato, muchos fragmentos pueden existir en simultánea. Como ser: un déficit fiscal que gana terreno, un re-endeudamiento externo que se insinúa, una competitividad cambiaria que conserva ciertos niveles pero que perfila una ruta declinante, y así sucesivamente. Claro, hacia delante, lo relevante es la dinámica evolutiva de las variables.
Esto es algo que se vincula con el rumbo estratégico de base, una dimensión que se superpone al hecho concreto de la marcha de la economía, la que, como se dijo, por varias razones, proyecta una mejora. El rumbo aludido tiene que ve con coordenadas más profundas, ligadas a una perspectiva más larga. Acá es donde la mera acumulación de fragmentos puede resultar, a la postre, dañosa. Llegados a un punto, ella podría instigar un desorden de la economía, en lugar de aportar al orden.
Sentar un rumbo riguroso, es acomodar las piezas atendiendo a las prioridades que cada línea estratégica plantee. Un caso relevante lo tenemos, justamente, con la cuestión del papel de la deuda y del crédito externo en el desarrollo, como sabiamente lo señala Aldo Ferrer. Es cuando los elementos, en sí neutros, como se dijo antes, pasan ahora a mostrar idiosincrasia estratégica. Si en esencia se insiste, incluso corrigiendo desvíos, en las políticas de desendeudamiento, de cambio competitivo y de prevalente financiación con recursos propios, el aceptar la revisión del FMI es algo trivial y la reapertura del canje una decisión “marginal e intrascendente” (Ferrer). En su defecto, es mutar la sintonía estratégica.
http://www.elargentino.com/nota-64246-Un-punto-de-cruce.html