No se conforman con el poder y el dinero que ya tienen. Pretenden que la justicia y el pueblo les consientan sin rechistar, y aun que celebren, su prepotencia, sus maniobras y su latrocinio.
Me refiero a la alusión que un tal Camps de la Comunidad Valenciana hace al asesinato en la cuneta para responder a quienes le acusan o sospechan. Así se quitan los fascistas el pelo de la dehesa y sacan a relucir su verdadera ralea de pistoleros engominados. Dos no pelean si uno no quiere. Pero las excreciones y los miasmas de esta gentuza de la falsa derecha que hasta ayer simplemente expulsaban sin dirección, empiezan ya a proyectarlos contra el enemigo que se niega a callarlos...
Nos desesperamos, los libres de espíritu de las izquierdas, aquí, en foros, platós, periódicos, cafés, bares y en todas partes porque ellos, la derecha, que aquí es fascismo puro y duro además de ladrón, está en posesión de todas las fuerzas. Hay un tremendo desequilibrio entre sus fuerzas y las de las izquierdas. Posee ese fascismo todas las armas de fuego, todo el dinero, toda la riqueza y toda la influencia; tiene de su lado al ejército, a las policías y a los bancos, y domina en las principales instituciones autonómicas. Cuenta, además, con el látigo de la Iglesia católica que en España no es la asamblea de creyentes sino la Conferencia Episcopal.
Hay tal desequilibrio entre el potencial de la derecha y el de las izquierdas (la fuerza de la izquierda se reduce a la sensatez y a la moderación) que los millones de ciudadanos que no estamos anestesiados por las adormideras, hemos de tragarnos la indignación, la impotencia y la exasperación. Oyendo respirar y bramar y amenazar y dictar anatemas a esos políticos energúmenos y a esas políticas cínicas del fascio, se comprende bien la guerra civil y se atisba qué fue aquello que ocurrió el año 36, los “paseos” y las cunetas que la precedieron.
El debate político, en este país plagado de provocadores, sube rápidamente de tono. Y es que España no tiene remedio. Aquí, aparentemente, no hay dos etnias que ansían frenéticamente eliminar a la contraria. Pero a esa derecha le anima el mismo espíritu que impregna a las sociedades tribales y a las que practican aún la antropofagia. Y los políticos que pertenecen y sobresalen en ella, no ven en los otros al adversario en buena lid, sino al enemigo o la bestia. Y es que el mismo principio activo ancestral que actúa entre aquellas, es el que actúa aquí: el odio. El odio que estaba dormido y lo reactivan un día y otro quienes debieran callar. La razón de la fuerza prevalece aquí por encima de la fuerza de la razón. Y el odio que provocan los sabedores de que esa fuerza material está de su parte se palpa cada día un poco más en los parlamentos, en los periódicos, en las televisiones, en los cafés y en las calles. Cualquier día empezarán los “pacos”, aquellos disparos desde las esquinas de los años 35 y 36 que nadie podía detectar pero sabían que eran de los fascistas.
En este país, aunque “estemos” en Europa, nunca se puede decir que la sangre no llegará al río. De hecho, siempre termina llegando. Mírese por el retrovisor y se verá lo que ocurrió siempre hasta ayer.
Además, a efectos electorales los pesoístas cuentan con un factor endógeno de la españolidad moderna más tirada. Es la atracción compulsiva del cambio por el cambio. Todo lo hacen cambiar vertiginosamente para que, en medio del barullo y el río revuelto, los pescadores llenen más y más las alforjas. Sucede en la informática como en las secciones de un hipermercado, en el personal de una empresa como en las leyes, en la valoración y preferencia por un político como en los remedios de un mal económico o del cuerpo. Todo se centrifuga y además para ir a peor… Y en estas condiciones lo mismo da que quien gobierna sea más acertado y prudente (la principal virtud en política) que el o la que pretende desbancarle. La mayoría activa, la que vota, siente deseos irrefrenables del cambio por el cambio porque ya está hecha a ese vicio. Por eso, ya se puede ir haciendo a la idea el partido del gobierno de ir dejando el sitio a los que desde el odio se van a adueñar de más poder en las elecciones próximas.
Malditos sean. Pero malditas sean también las mayorías que están preparando el sitial a los fascistas.
http://www.argenpress.info/2009/11/los-promotores-del-odio.html