18 oct 2009

En el día fundacional del peronismo, el kirchnerismo rescató la transversalidad Por Alberto Dearriba

18-10-2009 / Kirchner convocó a las fuerzas progresistas y Cristina dijo que con el justicialismo no alcanza
De aquellos obreros que irrumpieron en la vida política argentina en 1945 para reclamar la libertad de un coronel con las patas en la fuente, a estos peronistas prolijamente sentados en un elegante teatro, hay una enorme distancia. Tanta como la que separa a aquella vigorosa irrupción inaugural del tormentoso final al siglo, cuando las instituciones argentinas y la economía se derrumbaron frente a un vendaval que reclamaba "que se vayan todos". Este 17 de Octubre tampoco se pareció a aquellas míticas jornadas en las que se celebraba en la clandestinidad el Día de la Lealtad Popular con un profundo sentido de pertenencia..

Los tres actos con los que se celebró la fecha fundacional del peronismo exhiben claramente que el que fuera el mayor movimiento de masas de América latina está definitivamente partido. En realidad, la escenificación no hace más que poner de relieve que "ser peronista" quiere decir cada vez menos. Porque después que un gobierno surgido del movimiento de la justicia social escupió en sus mejores tradiciones durante los años 90 abrazado a políticas liberales, declararse peronista no alcanza para definirse políticamente. Para muchos, la definición tiene hoy el mismo nivel de ambiguedad que proclamarse sanmartiniano.
El kirchnerismo fue reacio desde un principio a la utilización de los íconos, la simbología y el folklore peronista, pero repuso un estilo y una concepción política claramente identificada con el peronismo. Cada vez hay más argentinos que piensan que -en virtudes y defectos- los gobiernos de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández son “muy peronistas”. Y quizá sea precisamente por ello que desatan tanto odio visceral en sectores medios que nunca comulgaron con la "cultura" peronista. Cuando muchos creían que la contradicción histórica de peronistas versus gorilas estaba acabada, los alineamientos provocados por los vigorosos enfrentamiento del kirchnerismo contra las corporaciones certificó que la contradicción está viva.
Para la Presidenta de la Nación el debate está vigente y viene en realidad "desde el fondo de la historia", tal como lo expresó ayer en La Plata. Se trata ni más ni menos de la lucha del movimiento nacional expresado originalmente por el yrigoyenismo y luego por el peronismo, frente al país exclusivo que históricamente pretendieron los conservadores.
El mayor problema del kirchnerismo en la actuales circunstancias parece ser precisamente que mientras los sectores medios lo rechazan con sonsonetes parecidos a los que esgrimieron contra Perón y Evita, los supuestos beneficiarios de las políticas oficiales no sienten mejorar su calidad de vida del modo que lo hicieron los trabajadores de mediados del siglo pasado.
La soledad del gobierno en los enfrentamientos contra las corporaciones agroexportadora y mediática fue notable. Son pocos los que salieron a defender la decisión oficial de que quienes obtienen rentas extraordinarias cedan una parte de sus ingresos supuestamente a favor de los más pobres. Si hasta se llegó a ver el inédito espectáculo de una parte de la izquierda defendiendo a terratenientes que no quieren pagar tributos. Por supuesto que la disputa por la ley de medios resultó más incomprensible aún para las grandes mayorías populares. En suma, los intereses perjudicados se expresan ruidosamente y el gobierno no ha logrado construir una amplia base popular que defienda claramente sus polìticas como propias. La presidenta cuestionó en La Plata a quienes desprestigian a la polìtica con agravios, porque a su juicio la porfìa del momento no es entre gobierno y oposición, sino entre la polìtica y las corporaciones. Pero sabe que la política será derrotada si no consigue la participación popular.
Más allá de las mejoras en el nivel de empleo que se produjeron centralmente en los años de presidencia de Néstor Kirchner -lo cual permitió una reducción de la pobreza- los sectores populares siguen pensando mayoritariamente que los políticos son individuos ajenos al seno del pueblo y que sólo pretenden mejorar sus propias vidas. No sienten que la política sea precisamente la herramienta para incluirlos en una sociedad que les permita comer, educarse, desarrollar sus proyectos y criar a su prole. Por el contrario, miran con desconfianza todo lo que huela a política. Es cierto que el kirchnerismo provocó un debate de ideas que estaba soterrado con el imperio del pragmatismo. Pero también es cierto que el ganador en la Provincia de Buenos Aires en las últimas elecciones fue justamente un hombre que poco tiene con las ideas. Pareciera que cuento más desideologizado, mejor.
El kirchnerismo parece marchar ahora hacia una nueva etapa de transversalidad. O para decirlo en términos más antiguos hacia una polìtica frentista. Kirchner convocó ayer a las fuerzas nacionales, populares y progresistas, en tanto Cristina admitió que “con el peronismo no alcanza”. En realidad, la historia del movimiento fundado por Perón está signada por la incorporación de distintos actores. Pero ninguna estrategia dará resultado con miras a las elecciones de 2011 si las grandes mayorías no sienten que les cambia la vida. Si no alcanzan una vida digna. Ese es el desafío de los dos próximos años, si el gobierno pretende repetir. Lo demás es lo de menos.