El editor de la revista progresista norteamericana The Nation critica con dureza el ataque a la flotilla de ayuda humanitaria para Gaza
Un antiguo proverbio sostiene que los dioses primero enloquecen a aquellos a quienes quieren destruir. ¿Qué locura podría haber impulsado al gobierno israelí a ordenar a su armada que ataque, en aguas internacionales, una flotilla de barcos llena de activistas de derechos humanos, diputados de los gobiernos de todo el mundo, un Premio Nobel y dos ex diplomáticos de Estados Unidos?
¿Qué había para ganar, ya sea en términos estratégicos o de relaciones públicas, con la muerte de civiles -al cierre de esta edición, al menos nueve murieron, junto con varias decenas de heridos- que estaban ofreciendo la ayuda humanitaria que desesperadamente necesita el millón y medio de habitantes de Gaza, encerrados detrás de un bloqueo israelí? Como dijo el periodista y abogado Glenn Greenwald en su blog, “si el objetivo de Israel fue provocar con esto cuanto asco y desprecio fuera posible, es difícil imaginar cómo se podría hacer un mejor trabajo.”
En efecto, las consecuencias podrían ser extremadamente perjudiciales para Israel. Las manifestaciones estallaron en varias ciudades del mundo, incluyendo Nueva York. Las embajadas y destacados embajadores condenaron el ataque, mientras el Consejo de Seguridad exigió que se ponga fin al bloqueo de Gaza. El Relator Especial de la ONU para los Territorios Palestinos Ocupados, Richard Falk, dijo: “Es esencial que los israelíes responsables de este comportamiento ilegal y asesino, incluidos los dirigentes políticos que dieron las órdenes, sean penalmente responsables de sus actos ilícitos. Israel es culpable de una conducta escandalosa mediante el uso de armas letales contra civiles desarmados en buques que estaban situados en alta mar, donde rige la libertad de navegación, de acuerdo con la ley de los mares.” Falk agregó: “Es hora de insistir con el final del bloqueo de Gaza.”
En una declaración previsiblemente desacertada, el representante de Washington ante la ONU, después de expresar su “pesar” por la pérdida de vidas, logró culpar a las víctimas, diciendo que la entrega de ayuda desde el mar “no es ni apropiada ni responsable”. (¿De qué otro modo se supone que deben darla, cuando Israel está imponiendo un bloqueo por tierra?)
El ataque pudo haber dañado irreparablemente los lazos entre Israel y Turquía, un aliado regional clave, con quien las relaciones ya eran tensas. Decenas de miles se manifestaron en todo el país, con multitudes que trataron de asaltar el consulado israelí en Estambul. No es de extrañar, ya que la mayoría de los pasajeros a bordo de la nave más grande de la flotilla eran turcos y gran parte de la ayuda se administra a través de una ONG turca, la Fundación de Ayuda Humanitaria.
El primer ministro Tayyip Recep Erdogan no tuvo pelos en la lengua. “Esta acción, totalmente contraria a los principios del derecho internacional, es un inhumano terrorismo de Estado”, advirtió.
También habrá repercusiones internas. Los ciudadanos palestinos de Israel, más de un millón y el veinte por ciento de la población, estaban a punto de ebullición por los rumores que indicaban que el jefe del Movimiento Islámico del país, el jeque Raed Salah, había resultado herido, tal vez de gravedad, en la embestida israelí.
Las manifestaciones estallaron en gran medida en las ciudades árabes de Israel, y el Alto Comité Árabe de Seguimiento convocó a una huelga general. Las tensiones son altas. Todo el mundo en Israel recuerda los oscuros días de octubre de 2000, cuando, en todo el país, las manifestaciones masivas de simpatía al comienzo de la segunda Intifada provocaron una brutal respuesta de las fuerzas de seguridad, que mató a trece manifestantes desarmados.
En una muestra precisa, el columnista Bradley Burston dijo en el diario israelí Ha’aretz: “Ya no estamos defendiendo a Israel. Estamos defendiendo el bloqueo. El propio bloqueo se está convirtiendo en el Vietnam de Israel. Explicamos, una y otra vez, que no estamos en guerra con el pueblo de Gaza. Lo decimos una y otra vez porque nosotros mismos necesitamos creerlo, y porque, en el fondo, no lo hacemos.” El gobierno de Israel pudo haber pensado que la brutalidad finalmente podría acabar con el Movimiento Liberen Gaza (Free Gaza Movement), que ha estado enviando barcos para romper el bloqueo desde el verano de 2008 (esta última flotilla, por lejos la mayor, fue la novena). Pero es subestimar el valor y la tenacidad de personas como Adam Shapiro y Huwaida Arraf, quienes ayudaron a fundar el Movimiento de Solidaridad Internacional, hace casi diez años, y que han sido organizadores clave del Movimiento Liberen Gaza.
Cuando hablé con Shapiro el mismo día del ataque, enfatizó en la naturaleza no provocada del ataque de Israel. También criticó el total bloqueo informativo israelí sobre el destino de los muertos, heridos y detenidos. “Parece que no quieren testigos que vean a los heridos -me dijo-. Los abogados, incluyendo a los letrados israelíes, y los funcionarios de las embajadas no fueron autorizados a ver o a hablar con los detenidos. El hecho de que no han publicado los nombres demuestra que tienen algo que ocultar. Huwaida, mi esposa, estaba a bordo, y no tengo ni idea de lo que le pasó”.
* Editor de The Nation
Mankell viajaba en el barco
“No dudaron en atacarnos con violencia mortal, dispararon a personas que dormían. Por mucho que los israelíes griten que han encontrado armas, es una estupidez. En el barco en el que yo viajaba encontraron un arma, mi maquinita de afeitar. Me la sacaron y la mostraron, eso indica a qué nivel estaban”. La frase no corresponde al inspector Kurt Wallander. Esta vez, su creador, el escritor sueco Henning Mankell, fue uno de los protagonistas. Además de ser uno de los máximos exponentes de la novela negra con anclaje social, Mankell es un reconocido militante por los derechos humanos. En este rol, fue uno de los 750 activistas de sesenta países que integraban la “Flotilla de la Libertad”, interceptada y atacada por Israel en aguas internacionales, el 31 de mayo, cuando se dirigía a Gaza para ofrecer ayuda humanitaria a la población civil, devastada por un bloqueo.
Momentos después de ser liberado por las autoridades, Mankell se convirtió en una voz autorizada para testificar sobre el ataque -en el que murieron nueve activistas- y culpó a Israel de “secuestro, asesinato y piratería” por la violación de las leyes internacionales. En declaraciones al diario sueco Göteborgs Posten, relató:“Muy lejos de la frontera, en aguas internacionales, nos atacaron a las 4.30 de la mañana con helicópteros, botes fueraborda y barcos. Muchísimos soldados subieron a bordo y secuestraron barco por barco”. Y agregó
que al llegar a puerto fueron encarcelados, acusados de entrar ilegalmente a Israel, “lo que no es cierto, porque ninguno quería ir a ese país”, refutó.
Hace un año Mankell ya había tenido problemas durante su participación en el Festival de Literatura Palestina en Jerusalén, cuando un grupo policial interrumpió su presentación y lo amenazó con la cárcel por considerarlo “un riesgo” para la seguridad nacional.
En sus últimas declaraciones, el autor calificó al territorio palestino de “cárcel al aire libre” y arriesgó que, al menos, el ataque “puso de relieve el tema ‘¿Qué está pasando en Gaza?’”.
http://www.revistadebate.com.ar/2010/06/04/2938.php
