20 abr 2010

Los efectos de una política de Estado Por Ignacio Jawtuschenko

El subsecretario de Obras Públicas de la Nación dijo que la Argentina “es uno de los pocos países emergentes que lograron posicionarse en el escenario internacional del uso pacífico y productivo de la tecnología nuclear y desarrollar el ciclo completo del combustible”.
Abel Fatala es subsecretario de Obras Públicas de la Nación.  En diálogo con Miradas al Sur dijo que la Argentina “es uno de los pocos países emergentes que lograron posicionarse en el escenario internacional del uso pacífico y productivo de la tecnología nuclear y desarrollar el ciclo completo del combustible”. Según él, esto representa un doble mérito ya que “se logró atravesando en los ’90 tiempos de conflictividad y vaciamiento institucional”. Fatala es ingeniero industrial y trabajó años atrás en la Comisión Nacional de Energía Atómica (Cnea) en la gerencia de Protección Radiológica y Seguridad Nuclear. Su experiencia y conocimiento le vale un fuerte compromiso con la actividad.
–Últimamente se habla de la actividad nuclear como política de Estado. ¿Qué hay de cierto en eso?

–Las políticas de Estado como la nuclear parten de diagnósticos de necesidades de la sociedad. Políticas públicas como éstas hacen a la recuperación definitiva del Estado como herramienta de pertenencia colectiva. Esto es trascendente porque marca el final definitivo de lo que significaron la dictadura militar y los primeros gobiernos democráticos, algunos sin rumbo, otros en la entrega, como proyecto de desmantelamiento del Estado para favorecer intereses del aparato financiero internacional. Se acabó lo que se daba. El Estado está en pie, las políticas públicas avanzan hacia una transformación histórica, y el país se reconstruye con una mirada continental de región.

–¿Cómo ve usted el desarrollo de la opción nuclear?

–La Argentina necesita de la producción nucleoeléctrica. Por un lado se están haciendo todas las inversiones para terminar Atucha II que será una central segura, que sintetiza lo mejor de la centrales de Embalse y Atucha I, las tecnologías Candu y KWU, respectivamente. Por eso creemos que más adelante, luego de terminar la obra de Atucha II es necesario pensar en una cuarta y una quinta central nuclear. Son proyectos que fortalecen a diversos sectores productivos nacionales. Hay pocos lugares en el mundo con nuestra experiencia nuclear. Además, con una inversión estimada de 250 millones de dólares, estamos desarrollando el prototipo de una máquina muy noble, automantenida, el reactor Carem, que por sus características será muy atractivo. Una alternativa para ser instalada en regiones alejadas donde se utilizan sistemas de generación de energía en base a fuentes eólicas y solar, que tienen el problema de ser intermitentes y no constantes como la nuclear.

–¿Qué rasgo destaca del sector nuclear?

–La nuclear es una industria industrializante que genera la producción de maquinarias  sofisticadas y herramientas no convencionales, que implican el trabajo de equipos altamente especializados. Los materiales son especiales, las herramientas, e incluso los talleres tienen las características de verdaderos laboratorios.

–No hace mucho la Cnea y las centrales nucleares eran partes del Estado del cual había que deshacerse, porque la investigación y desarrollo eran sinónimos de despilfarro y gasto.

–Sí, claro, en los ’90 se paralizó el avance de la actividad nuclear. Recuerdo que se me caían las lágrimas cuando el por entonces ministro Cavallo hizo todo lo posible, por ejemplo, para privatizar y transformar Atucha II en una usina a gas. Esto era aberrante como definición de lo que tiene que ser un país. Demostraba no sólo que Cavallo desconocía hacia dónde se encaminaba el mundo entero en materia energética, sino también desconocía la historia del desarrollo nuclear en el país. Ese proyecto no se concretó, en parte gracias a la resistencia de los trabajadores del área nuclear.

–Por cierto, Cavallo mandó a los científicos a lavar los platos, con lo cual quedó claro qué lugar le daba aquella dirigencia al desarrollo tecnológico, la investigación científica. ¿Qué lugar se le da hoy a los científicos, tecnólogos e ingenieros nucleares?

–Vea, hoy en la Argentina contamos con dos centrales nucleares excelentes, que superaron su vida útil estimada, gracias al trabajo y el compromiso de los técnicos y trabajadores argentinos, a pesar de todos aquellos ataques. Y no es casual que sea un gobierno nacional y popular el que volvió a poner de pie la actividad nuclear. Sin la decisión política y la visión a largo plazo de Néstor Kirchner y Julio De Vido, el esfuerzo en inversiones que se viene sosteniendo, no sería posible. Cuando Perón en la década del ’50 apostó al desarrollo de esta tecnología de avanzada, a pesar de las críticas que recibió en aquel momento, no estaba haciendo otra cosa que pensar en el futuro.

–¿Cuánto hay de planeamiento estratégico en las obras de infraestructura que forman parte del plan nuclear?

–La política nuclear es una política de Estado que tiene como base de sustentación proyectar el país en la región y el mundo. Cuando hablo de la región, significa que nuestras políticas se planifican y realizan en consonancia con el desarrollo del marco continental del Unasur de acuerdo con las políticas conjuntas que se adoptan con los países miembros. Aquí no se hace nada a la bartola. La mirada del gobierno respecto del tema energético, no es tratar de salir a tapar agujeros. El desafío es convertirnos en un país con un desarrollo científico tecnológico que sustente jugar en el mercado internacional generando divisas para el desarrollo nacional. Hay que observar que tenemos un sistema eléctrico complejo en un territorio extenso, que presenta distancias entre las regiones donde están las centrales hidroeléctricas como las del Comahue y el Noreste, y las zonas de mayor demanda eléctrica del país, Rosario, Buenos Aires y la región Metropolitana. Es decir, que hay un desafío que exige soluciones múltiples, la energía nuclear es una de ellas y en su gestión, hay una política de proyección externa, que da sentido a lo planeado por el Gobierno.

–¿Y concretamente cómo materializan esa visión?

–Desde el Ministerio de Planificación Federal hemos establecido una fuerte vinculación con las universidades nacionales para asociarlas a los proyectos de infraestructura en energía, comunicación, transporte para que sean la apoyatura regional de cada uno de estos emprendimientos. En la actualidad, el carácter multidisciplinario de los diferentes renglones de la investigación, exige una actividad articulada que integre a los organismos científicos y las universidades. Hay que pensar que el aporte intelectual, la formación de nuevos cuadros en diferentes materias, son fundamentales para la planificación que desarrolla la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

 –¿La Argentina es un país nuclear?

–Por supuesto, la Argentina es un país nuclear que cuenta con centrales nucleares que están entre las más seguras del mundo, un área de investigación y desarrollo científico de punta, una Autoridad Regulatoria Nacional (ARN) que es una institución con reconocimiento internacional, que ha sido debidamente separada de la Cnea para garantizar que toda la actividad nuclear sea regulada y por ende, segura.
http://www.elargentino.com/nota-86899-medios-123-Los-efectos-de-una-politica-de-Estado.html