En primer lugar es importante señalar que no existe proceso de crecimiento económico sin inflación. Todo desarrollo conduce a ciertas tensiones inflacionarias, tanto en los países industriales como en las economías subdesarrolladas. Son tolerable grados razonables de suba de precios.
En segundo lugar, es mejor la inflación que la deflación porque la caída de los precios se produce en los períodos recesivos. Por ejemplo, a fines de los años noventa se verificaba en la economía argentina una reducción en el nivel general de precios provocada por la fuerte recesión que venía desde mediados de 1998.
Sin embargo, es fundamental señalar que la inflación es un problema debido a que es un fenómeno regresivo que termina perjudicando en mayor medida a los asalariados a través de la caída de su poder de compra. Pero hay que tener en claro que muchas veces la solución es peor que la enfermedad. Si como proponen los economistas ortodoxos se reduce la demanda para combatir la inflación, la consecuencia sería el incremento de la desocupación. Por lo tanto, sostener el crecimiento junto con una fuerte política de precios máximos, subsidios y retenciones sumado a políticas que incentiven la oferta permitirá sostener la expansión económica y contener la suba de precios.
Economista del Grupo de Estudio de Economía Nacional y Popular (GEENaP)
http://www.elargentino.com/nota-78283-Sostener-el-crecimiento.html