El heterogéneo bloque opositor terminó de conformarse días antes de la sesión. Lo que los unió fue el objetivo de impulsar en la sesión preparatoria, además de las autoridades de la Cámara baja, la proporcionalidad de cada fuerza política en las comisiones, lo que finalmente sucedió.
Eran las cuatro de la tarde del jueves. El cielo estaba despejado y el sol iluminaba la vereda de la Avenida Rivadavia al 1800, a la que da la puerta del Congreso Nacional por la que entran los diputados. Las sonrisas se multiplicaban entre los legisladores electos que tenían que jurar. Pino Solanas llegó con lentes negros y traje elegante sport. Gabriela Michetti lucía su pelo planchado y un vestido claro; antes de entrar al recinto ambos posaron para las cámaras.
Dentro del edificio, en el segundo y tercer piso, el clima era muy distinto. Desde temprano se habían retomado las negociaciones para definir las autoridades de la Cámara y la composición de las comisiones. Los actores principales de la negociación eran: Patricia Fadell y Agustín Rossi, por el oficialismo; Oscar Aguad, por la UCR; Felipe Solá, por el PJ disidente. A esa hora (alrededor de las 16), los celulares de los diputados kirchneristas comenzaron a sonar. Los llamados eran de Néstor Kirchner. “Todavía no cierren el acuerdo. Sigan negociando hasta último minuto”, les dijo. Kirchner lleva demasiados años como protagonista de la política argentina y se sabe que su estilo es jugar fuerte y al límite. Así fue, por ejemplo, en la negociación con el FMI cuando llegó a presidente y logró imponer un superávit fiscal menor al que pedía el organismo. Esta vez, su estilo –que no siempre fue exitoso–, volvió a dar resultados en un escenario donde el oficialismo inexorablemente iba a perder terreno.
A lo largo de todo el proceso de negociación de los últimos días, los radicales fueron los más moderados y los peronistas disidentes los que querían “ir por todo”.
Cuando volvieron a reunirse después del llamado de Kirchner, los radicales dijeron:
–Está bien que la segunda vicepresidencia la tenga el oficialismo, nos parece razonable.
Fue entonces cuando Solá quiso tirar el acuerdo por la borda, pero el tiempo pasaba y los radicales no iban a acompañar un escándalo. Algunos por principios y otros porque saben que no les conviene aparecer como desestabilizadores después de haber hablado durante meses de calidad institucional. En el PJ disidente, por otro lado, el ser parte de una derrota parlamentaria del kirchnerismo era visto como algo básico en su disputa por el control del partido. Todos estos factores se conjugaron. En la negociación final se sumó que el oficialismo logró quedarse con la presidencia de 20 comisiones, entre ellas las estratégicas como Presupuesto y Asuntos Constitucionales. La oposición se quedó con la presidencia de 25 comisiones y con mayoría de diputados en todas, pero con mayoría atenuada –sólo un diputado más–, en las estratégicas.
Alrededor de las cinco de la tarde Kirchner llegó al recinto. Se reunió en el tercer piso con los diputados del bloque oficialista. Hablaron sobre los objetivos estratégicos del Gobierno Nacional. Luego, más distendido, Kirchner se desabotonó el saco, se sentó en el sillón y dijo:
-Yo voy a aceptar lo que la mesa de negociación del bloque me diga, ya que son los que estuvieron trabajando en esto.
La mesa de negociación del bloque contó hasta dónde habían podido avanzar, aceptando que la oposición logró juntar suficientes diputados como para sesionar sin el oficialismo.
–De todos modos, la última palabra la tiene que dar la Presidenta, dijo Kirchner.
Al igual que con el resto de las leyes o acuerdos importantes, fue Cristina la que dio finalmente el visto bueno en una comunicación telefónica.
Luego vino el ritual que es parte de la cultura de la Cámara baja. El que quiere sesionar tiene que juntar el quórum, como tuvo que hacer el oficialismo en el debate de la ley de medios. En este caso le tocó a la oposición. Después, el oficialismo bajó al recinto. El resto es historia conocida.
El grupo A y dos centroizquierdas. El heterogéneo bloque opositor, al que Patricia Bullrich bautizó como “Grupo A” durante la sesión del jueves, terminó de conformarse días antes de la sesión. Lo que los unió fue el objetivo de impulsar en la sesión preparatoria, además de las autoridades de la Cámara baja, la proporcionalidad de cada fuerza política en las comisiones, lo que finalmente sucedió. En la reunión que consolidó la alianza circunstancial, los que apostaban más fuerte eran los peronistas disidentes. “Vayamos por la presidencia de la Cámara”, se entusiasmaban, ante la mirada desconfiada de los radicales. La parte del centroizquierda que se sumó al Grupo A consiguió más protagonismo en las comisiones. Así lo definían los radicales por lo bajo: “Tuvimos que entregar mucho para poder sumar a todas estas fuerzas”.
Parte del resultado de esa negociación es que Victoria Donda se quedaría presidiendo la comisión de Derechos Humanos y Claudio Lozano la de Trabajo. Un referente del centroizquierda, que no comparte la posición de los que se sumaron al Grupo A, dijo a este diario: “Pudieron conseguir más espacio en las comisiones, es cierto, pero cuál fue el costo”, se preguntó. “El intercambio es que las fuerzas de centroizquierda avalan una mayor presencia de la derecha, es decir, la Coalición Cívica, el PRO, la UCR y PJ disidente, en las otras comisiones. Algunas estratégicas como presupuesto. Si estas fuerzas hubiesen tenido esa presencia durante los meses pasados, la Argentina no tendría ley de medios. Entonces, el costo de tener mayor protagonismo es enorme, ya que para conseguirlo se ayudó a fortalecer a la derecha”, dijo. En contraste con esta visión, el diputado Eduardo Macaluse, miembro del bloque SI, que se dividió frente a la decisión de Macaluse de acercarse al Grupo A, dijo a Miradas al Sur: “Me parece que no tenemos que ser tan sectarios. Se habla como si no hubiese figuras políticas de derecha en el kirchnerismo y no es así. En la Argentina hay derecha tanto en el oficialismo como en la oposición”.
Lo cierto es que el centroizquierda se dividió y hoy parece difícil que puedan generar un espacio común. Por un lado quedó el grupo liderado por Pino Solanas y por otro un bloque encabezado por Martín Sabatella y Carlos Heller. A ese bloque se suman los Socialistas K: Ariel Basteiro, Jorge Rivas y Vilma Ibarra (que es pareja del ex jefe de gabinete Alberto Fernández). Antes de conformar el bloque hubo una reunión en la que Sabatella y Heller le plantearon a Vilma que la condición para crear el espacio conjunto era que “éste no es el espacio de Alberto Fernández”. Vilma estuvo de acuerdo y el bloque se conformó.
Así está el escenario político en Diputados. De algún modo habrá que lograr acuerdos..
http://www.elargentino.com/nota-68456-La-trastienda-de-las-negociaciones--lo-mejor-dentro-de-lo-posible-.html
Después del llamado de Kirchner, el acuerdo que estaba a punto de cerrarse quedó congelado. Oscar Aguad se pasó la mano por la cara y resopló. Los kirchneristas se levantaron, salieron de la oficina y se reunieron entre ellos. Felipe Solá comenzó a llamar por celular. Hasta ese momento no se había acordado quién iba a ocupar la segunda vicepresidencia de la Cámara baja. El PJ disidente la quería para Alfredo Atanasof, con el argumento de que son la tercera minoría. Pero el acuerdo que se había alcanzado –en ese momento– era dejarla en suspenso.