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31 mar 2015

La utilización de los excedentes y la teoría del derrame Por Mario Rapaport*

La teoría neoliberal, que de nuevo se agita en el ambiente preelectoral, es planteada por empresarios devenidos políticos que hicieron tanta plata con el Estado que ahora quieren apropiarse de él completamente. Su fundamento es que para crecer sólo vale una política económica que atienda las denominadas leyes del mercado mientras el Estado debe jugar un rol pasivo para la mayoría (y de la boca para adentro activo para unos pocos), y que el equilibrio macroeconómico, al menos bien maquillado por el aval de organismos internacionales, tiene prioridad sobre cualquier consideración social, de modo de amontonar más deuda. Lo más extraño es que plantean que así la economía tendría un crecimiento virtuoso que a la larga podría beneficiar a todos a través de la teoría del derrame. Pero en las economías periféricas (y ahora también en las centrales) el vaso nunca llega a estar lleno para que esto se produzca. Por un lado, el capitalismo genera crecientes desigualdades que hacen que una porción sustancial del agua sea bebida exclusivamente por minúsculos sectores que calman su sed desmedida o la despilfarran a través de gastos suntuarios o especulativos. Por otro, el vaso tiene múltiples agujeros casi invisibles por los que partes esenciales del líquido se filtran, a través de la fuga de capitales, alimentando la acumulación de los centros del capitalismo mundial o resguardándose en los paraísos fiscales. Por último, los planes de austeridad impuestos al conjunto de la población aseguran que el derrame no se produzca si por esas casualidades el líquido pudiera llegar a desbordar.

24 ago 2014

Deuda, soberanía y crecimiento Por Mario Rapoport *


El proyecto de ley de la presidenta argentina que reemplaza como agente de pago al Banco de Nueva York por el Banco de la Nación Argentina tiene por objeto cambiar el lugar donde se abona la deuda. Sabemos que su cobro es puesto en peligro en la plaza del país del Norte debido a la inseguridad jurídica creada por las arbitrarias disposiciones del juez Griesa. Este hecho remite, por un lado, a la vieja cuestión de cuál debería ser la jurisdicción sobre los pagos de nuestra deuda externa, que va más allá de la coyuntura actual y, por otro, a la naturaleza de las políticas macroeconómicas que acompañan el desendeudamiento.

27 mar 2013

La gran inundación Por Mario Rapoport y Noemí Brenta


Un fantasma recorre la economía argentina, se llama devaluación. No es la primera vez que esa figura etérea se nos aparece de repente; en el pasado sucedía con frecuencia en las crisis de stop and go o de la deuda externa. Sus efectos son por lo general depredadores para nuestras formas de vida, como suelen serlo las grandes inundaciones cuando no existen obras de ingeniería que las frenen.
Arrasan con todo lo que encuentran en sus orillas: viviendas, cultivos, animales, gente. Los sobrevivientes deben vivir de la caridad del Estado, pierden la totalidad de sus pertenencias y no pueden reconstruir sus hogares. Una gran devaluación es como una gran inundación, pero afecta solamente a los que habitan las riberas, no las suntuosas residencias de los terrenos altos.
En términos económicos, esto significa que los primeros afectados son los orilleros (asalariados, jubilados y todos aquellos que tienen ingresos fijos) y los que residen en las calles aledañas (comerciantes, pequeñas empresas o aún empresas más grandes pero que no exportan sus productos y dependen del mercado interno, como la mayor parte de las industrias).

17 abr 2012

Lo que nos pertenece Por Mario Rapoport *

YPF, creada en 1922, durante el gobierno de Hipólito Yrigoyen, con yacimientos descubiertos a partir de 1907, fue conducida inicialmente por un patriota visionario, el general Enrique Mosconi, brindando una base para nuestra industrialización e independencia económica y dando empleo a muchos argentinos.

Mosconi se interesó en el petróleo cuando trabajaba para el incipiente servicio aeronáutico del ejército y un oscuro gerente de la Texaco, empresa estadounidense a la que se le compraba en ese entonces gasolina, se negó a proveerla bajo el pretexto de que el organismo estatal se había excedido en los límites de crédito otorgados. Entendiendo que las Fuerzas Armadas podían paralizar sus actividades por esas circunstancias, se le reveló a sí mismo la necesidad de un abastecimiento permanente de aquellos productos, cada vez más indispensables desde el punto de vista estratégico, mediante la creación de una empresa estatal.