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21 oct 2012

La guerra contra el Paraguay Por José Pablo Feinmann


ESTRUCTURA HISTÓRICA DE UN GENOCIDIO
Nueve de abril de 1865. El general Lee rinde las tropas de la Confederación luego de la batalla de Appomattox. El Sur algodonero y esclavista queda devastado. Hacía tiempo –pero sobre todo luego de la derrota de Gettysburg– que sus tropas pedían a gritos la paz. El Norte de Lincoln, el país industrialista ligado a la creación de un mercado interno y de un país poderosamente capitalista, había triunfado. Gran Bretaña, sus banqueros, sus productores que requerían materias primas de los mercados de ultramar –ya preocupados por el rumbo que la guerra venía tomando para el Sur– se quedan sin su poderoso proveedor de algodón. Echan su mirada hacia el ancho mundo y se preguntan: “¿Dónde hay algodón barato?”. Lo hay. Pero está en una pequeña República dominada por un “tirano” que ha desarrollado una economía proteccionista, que tiene altos hornos, astilleros, que fabrica sus armas, que ha importado técnicos europeos y los ha incorporado a su proyecto de desarrollo autónomo, nacional. Le dicen “la China de América”. Los ingleses conocen cómo tratar a ese tipo de países que se obstinan en negarse a entrar en la senda de la civilización. (Nota: los ingleses no son los “malos” de esta historia. Son un Imperio y tienen que desempeñarse como tal. Los imperios son imperios. Habitualmente tienen modales sanguinarios. A veces, con mucha frecuencia, ejercen la diplomacia. O, como veremos en este caso, la astucia.) Tuvieron ese problema con China y abrieron sus puertas cerradas a cañonazos. Hay que hacer lo mismo con el Paraguay. Pero –deciden, y he aquí la gran astucia– no se tomarán ellos el trabajo de hacerlo. Pedro II, a quien se le dice “monarca tropical”, gobierna el vasto imperio del Brasil. También es un aliado fervoroso de Inglaterra. Su mano de hierro en América latina.

3 ene 2012

El laberinto de Feinmann (José Pablo) Por Reynaldo Sarraute / Miembro del Secretariado Nacional de Octubres

Es un lugar común, al mencionar a Feinmann, que uno deba aclarar si se refiere al bueno o al malo; siendo este último un patán autoritario, de lengua viperina y fundamento escaso. Al primero voy a referirme ahora. Y aclaro que lo imagino siempre en ese lugar, en el de “las buenas personas”, como él mismo suele decir de quienes apoyan, votan, acompañan, militan el rumbo del gobierno kirchnerista y se enfrentan a la oligarquía y las corporaciones económicas y mediáticas.
En estos días, para promocionar su libro más reciente, José Pablo Feinmann (JPF) está dando algunas entrevistas a los medios, seguramente pautadas por su editor. El sábado 24 de diciembre, destacaron dos. Una la hizo Néstor Leone en la revista Debate, y se publicó bajo el título “Las corporaciones no van a poder con Cristina”. En ella JPF expone, en apretada síntesis, lo siguiente: “Cristina va camino de hacer algo verdaderamente superador; va a ir más allá en muchas cosas; incluso más allá de lo esperado, en términos de un gobierno nacional, popular y democrático”. La otra la realizó Ricardo Carpena en el suplemento Enfoques, de La Nación. Y en la versión Web se la conoció con el título: “Es muy incómodo adherir al gobierno de dos multimillonarios que te hablan del hambre". Allí destacan frases de JPF como: "No me insulten: ¿cómo voy a ser kirchnerista?”; o: "Cristina es más cerrada porque es posible que se crea autosuficiente". De las dos, no se puede hacer una. Hay respuestas del entrevistado definitivamente opuestas. Y sin embargo, en ambos casos se trata del mismo Feinmann, el bueno.
 

12 dic 2010

Nuestro periodismo Por José Pablo Feinmann

Voy a tomar dos libros muy distintos pero que reflejan la modalidad que esa práctica a la que se le llama “periodismo” adopta o ha adoptado en la Argentina. El primero, jugoso, divertido, es de Juan José Panno, hombre del oficio desde hace largos años y notable especialista del periodismo deportivo. Su libro se llama Obras maestras del error y anota los furcios, las metidas de pata y los macanazos en los medios de comunicación. El otro es el minucioso trabajo que Eduardo Blaustein y Martín Zubieta hicieron sobre el periodismo de la dictadura desaparecedora. Iba a preparar una nota detallada sobre el general Acdel Vilas y su devastadora acción en Tucumán y Bahía Blanca, pero voy a esperar un poco.

29 nov 2010

Apuntes para una nueva militancia

Por José Pablo Feinmann
Si bien una concepción adecuada de la democracia debe contemplar la posibilidad de que el Otro tiene una parte de la razón, que esa parte me completa y es, por consiguiente, indispensable para mí, la situación actual de la Argentina y de América latina en general está lejos de admitir algo semejante. Los que se oponen a los nuevos proyectos nacionales, populares, de integración continental, participación del Estado, redistribución del ingreso y regulación de un mercado siempre abierto a los apetitos de los más fuertes, se expresan en un lenguaje que carece de ideas, de propuestas superadoras, que no ha podido generar un solo político con peso propio, sino, lejos de tal cosa, exhibe una galería de impresentables y hasta risibles personajes cuya única característica radica en esperar qué hace el Gobierno para oponerse o bloquearlo en las cámaras. Se ha dado un fenómeno inesperado el día de la muerte de Néstor Kirchner.

7 mar 2010

América latina o el origen Por José Pablo Feinmann

En el continente que habitamos empezó todo. Sin él, no digamos que no habría nada, pero seamos prudentes: no podemos decir qué habría. Lo que hubo, lo que hay y lo que, presumiblemente, seguirá existiendo durante todavía una relevante temporalidad (quebrada, no continua, contingente, no teleológica, acaso apocalíptica, pero aún capaz de teñir con sus matices infinitos la historia de los hombres) es el despliegue de eso que la burguesía inició con el llamado descubrimiento de América. Que lo fue, para ellos. Europa descubre América para que América deje de ser lo que era y empiece a ser lo que Europa necesita que sea: un botín infinito.

11 feb 2010

“Apoyo al gobierno porque lo veo condicionado” (José Pablo Feinmann) Por Diego Rojas

Criticó a los últimos best-sellers del verano por “caceroleros” y cosechó ácidas réplicas de Majul, Zunino y Reato. Él dice que lo llaman “filósofo K” para no tomarse el trabajo de leerlo. Aclara que no integra Carta Abierta y que está en Encuentro porque ningún canal comercial le ofrece aire. Sus imperdibles diálogos con Kirchner y su última provocación: “Los últimos meses de Cristina fueron brillantes”. El pensador que irrita al “periodismo anti K”.
Hay un divertimento que se está poniendo de moda en el campo cultural. Se trata de pegarle a Feinmann. De tirar dardos contra José Pablo, el filósofo, el escritor. De acusarlo de ser un mercenario de las ideas que se vendió a los lingotes de oro del kirchnerismo; de hacer apología del delito intelectual. Desde hace mucho tiempo que no se presenciaba un ataque tan potente que proviene, contra lo que podría pensarse, no de parte de otros filósofos o intelectuales, sino de periodistas. Un fenómeno que revela ciertas coordenadas actuales del mapa de la intervención política.