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22 nov 2011

En medio de la presión popular, la Junta Militar egipcia decidió adelantar la entrega del poder

La Junta Militar y partidos políticos egipcios acordaron la formación de un gobierno de salvación nacional y celebrar elecciones presidenciales antes del 30 de junio, luego de cuatro días de protestas contra el gobierno militar que dejaron 36 muertos y un millar de heridos.

30 sept 2011

Dos hitos del cambio egipcio Por Eduardo Febbro Desde El Cairo y Alejandría

LA APARICION DEL MOVIMIENTO 6 DE ABRIL Y EL ASESINATO DE KHALED SAID
Los más de treinta comités populares en el país hacen todo: controlan a la policía, velan por los valores de la revolución, protestan por la suciedad. Una autogestión.
Entre El Cairo y Alejandría hay la distancia de la historia: espacio y tiempo, 2008, 2010, dos fechas que desembocaron en la revolución de 2011 en la plaza Tahrir y, hoy, en el enjambre de vida y proyectos y principios que, a pesar de todos los esfuerzos de la junta militar en el poder por hurtar los ideales de la revolución, se encarnó en decenas de comités revolucionarios, partidos políticos nuevos, grupos laicos, comités populares y movimientos de jóvenes que pasaron del espacio virtual de Internet a la acción en la calle. Pero la historia empezó en la pantalla, en 2008, cuando un joven estudiante, Ahmad Maher, decidió lanzar el Movimiento 6 de Abril a través de Facebook en apoyo a la huelga general de los obreros del algodón de Mahala el Kubra, una de las grandes ciudades industriales situadas en el delta del Nilo. Exito inmediato en un país con 17 millones de personas conectadas a Internet (20 por ciento de la población) que siguieron la consigna de Ahmad Maher: “Hacer de Egipto un país digno y construir el zócalo de un gobierno democrático”.

20 feb 2011

Egipto: los movimientos sociales, la CIA y el Mossad James Petras Rebelión

Los límites de los movimientos sociales
Los movimientos de masas que obligaron a la retirada de Mubarak revelan a la vez la fortaleza y las debilidades de los levantamientos espontáneos.
Por una parte, los movimientos sociales han demostrado su capacidad para movilizar a cientos de miles de personas, quizás millones, en una exitosa lucha sostenida que culminó con el derrocamiento del dictador de una manera que los partidos de oposición y las personalidades preexistentes no pudieron o no quisieron hacer.
En cambio, por otra parte, a falta de un liderazgo político nacional, los movimientos no fueron capaces de tomar el poder político y hacer realidad sus demandas, lo que permitió a los altos mandos militares de Mubarak tomar el poder y definir el post mubarakismo, garantizando la continuidad de la subordinación de Egipto a los EE.UU., la protección de la riqueza ilícita del clan Mubarak (70 millones de dólares), el mantenimiento de las numerosas empresas en propiedad de la élite militar y la protección de las clases altas.
Los millones de personas movilizados por los movimientos sociales para derrocar a la dictadura han sido excluidos en la práctica por la nueva junta militar, autoproclamada “revolucionaria”, a la hora de definir las instituciones y las políticas, por no hablar de las reformas socioeconómicas necesarias para atender las necesidades básicas de la población (el 40% de la población vive con menos de dos dólares al día y el desempleo juvenil asciende a más de 30%).