12 jul. 2015

De Varoufakis recordaré la substancia Suzanne Moore · · · · ·

06/07/15
 
  



En enero pasado, andaba yo medio dormida mientras escuchaba una interminable discusión sobre el euro, cuando un hombre cuya segunda lengua es el inglés empezó a hablar de poesía. Se refería a sus conciudadanos griegos, los cuales, decía, habían elegido "por citar a vuestro Dylan Thomas, dejar de irse suavemente en la noche y revolverse contra la luz que muere". Me despabilé y no fui la única. Era Yanis Varufakis, economista, bloguero y profesor universitario, que iba pronto a convertirse en ministro de Economía de Syriza.  



De modo elocuente, puso en palabras el sufrimiento y resiliencia de sus conciudadanos griegos, pero no fue esto lo que fascinó a los medios de comunicación. Fue en su "extravagancia" en lo que se centraron. Está claro que en el mundo de la eurocracia no llevar corbata resulta radical. O maleducado. O ambas cosas. A veces llevaba una chaqueta de cuero. O un "barbour", o una camisa que acaso era un poco ajustada. Dio a entender sencillamente que él no era un "traje" más, e hizo que los demás parecieran estirados, envarados, clones. Siguió montando en moto, en lugar de andar con chófer. En este mundo al revés, este grado de normalidad supuso que le motejaran de todo, de estrella del rock a símbolo sexual.  


Se sonrió lo mejor que supo. La única vez que metió la pata fue con el reportaje de su mujer y él en Paris Match. Una de esas imágenes del estilo "risas en torno a la ensalada". Nadie debería hacer eso.


Pero no importa, porque lo que hizo Varufakis, como el resto de su partido, ha sido profundamente confuso. ¿Qué es esta complicada teoría de juegos que proclama? Yo os diré lo que es. Consiste en intentar mantener las promesas hechas al ser elegido para intentar conseguir el mejor acuerdo para tu pueblo. Significa resistirse a ser intimidado por fuerzas antidemocráticas y mantener los propios principios.    


Varoufakis fue apartado hace cosa de una semana, no por el estilo "irrespetuoso" de sus chaquetas sino por lo directo de su argumentación. Como dijo el primer ministro griego, Alexis Tsipras, habla el lenguaje de los economistas mejor que ellos.

Siempre ha insistido en que la responsabilidad de la recuperación griega no reside sólo en Grecia, en que tenía que haber realismo en las condiciones exigidas por los acreedores de Grecia, pues el coste humano era de por sí demasiado duro de sobrellevar. Mostró cómo se habían politizado las cuestiones financieras, cómo habían quebrado los viejos paradigmas. Peor, les habló a los eurócratas como iguales.


A los demás nos habló como a seres humanos al describir lo que Europa había puesto sobre los hombros de Grecia como "tortura fiscal". Clamó en contra de que se convirtiera la cuna de la democracia en lo que llamó "una colonia por deudas".

Cuando su heroico pueblo se levantó anoche contra la "esclavitud de la deuda" dio una rueda de prensa con una camiseta gris y hoy anunció su dimisión, explicando que algunos de los participantes del eurogrupo no le quieren en el debate. Dice que no le importa el privilegio del cargo sino el apoyo colectivo a Tsipras.


Es un hombre que anda como habla, y esa forma de hablar es abierta. Es tan distinto esto de los acuerdos reservados que se cierran habitualmente en sofocantes salas de Bruselas. He aquí a un político que actúa de acuerdo con sus creencias. No se le recordará por su estilo sino por su substancia. Se enfrentó a los autómatas al insistir en que no debía seguir castigándose al pueblo griego. Y su pueblo estuvo con él. 

Rechazó los parámetros y el secretismo de los eurócratas. Habló de un modo decente y no en código. No le tiene miedo a la palabra "colectivo". Tampoco Syriza. Ha dicho Tsipras que "la negociación no es cosa de una sola persona, nunca lo ha sido". Es posible que a Varufakis le hayan empujado, más que haber saltado, para suavizar el acuerdo, pero sea cual fuere el caso, no desaparecerá, aunque salga a todo gas hacia el atardecer. Sabe, sobre todo, que el verdadero estilo es la substancia. Guardó su mejor aspecto para el final cuando dijo: "Llevaré con orgullo el odio de los acreedores".  


Suzanne Moore es una conocida columnista del diario The Guardian.

Traducción para www.sinpermiso.info : Lucas Antón