6 sept. 2010

Osvaldo Bayer: La Ética en la Historia entrevista Mariane Pécora

Osvaldo Bayer: La Ética en la Historia 

Historiador, filósofo, novelista, ensayista, cineasta, periodista, traductor y docente. Célebremente reconocido por su obra La Patagonia Rebelde y guionista de film del mismo nombre, por el que fue perseguido y debió exiliarse en Berlín en 1975. Vuelve al país en 1983 y se desempeña como Profesor Honorario de la Cátedra Libre de Derechos Humanos de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Actualmente escribe notas para el diario “Página 12″. En 1997 recibió el premio “Veinte años de Madres de Plaza de Mayo”, que en declaraciones públicas lo ha denominado “el premio que más valora”. Fue declarado doctor honoris causa por las universidades patagónicas del Comahue y de la Patagonia Austral. Huésped de Honor por la Universidad Nacional del Litoral, y Escritor Distinguido por la Cámara de Diputados de la Provincia de Santa Fe.
Periódico VAS lo entrevistó en la casa del barrio de Belgrano, que era de sus padres y donde vivió parte de su infancia. La casa, superpoblada de libros, pasillos estrechos, y mesas de todo tipo, tiene un cartel fileteado en la entrada que dice El Tugurio, por ocurrencia de su entrañable amigo Osvaldo Soriano.
P. VAS. ¿Existe una historia global y otra local? Es decir, ¿hay historias subordinadas a otras? ¿Historias principales y secundarias ¿Historias barriales e historias de imperios?

O. Bayer.: Necesariamente, la política económica de los gobiernos van modificando la escenografía de todo el país. La investigación científica sobre hechos particulares en la historia sirve para entender como se estructuran las relaciones de poder en  una sociedad. Es por eso muy importante, tratar de rescatar la historia de cada barrio o comunidad. Hay barrios que mantienen desde sus orígenes el mismo tipo de clase social. Otros han ido sufriendo transformaciones a lo largo de la historia: como es el caso de los barrios de La Boca y San Telmo, donde las condiciones de vida de los obreros y sus familias en los conventillos, caracterizadas por el hacinamiento y la falta de higiene, se revierten a partir de las luchas obreras. Mi infancia la pasé en el barrio de Belgrano C, que era un barrio preferentemente de alemanes. Le podría contar muchas cosas de este barrio con respecto a esas transformaciones… por ejemplo, que a una cuadra y media de aquí había un campo de la juventud hitlerista. Hoy, ¡vaya paradoja!, funciona en el lugar la principal sinagoga del barrio; cosa que seguramente ellos ignoran… A dos cuadras de acá estaba el Club Alemán, donde  solían conmemorar los cumpleaños del führer. Mi padre detestaba eso porque era socialista y un acérrimo defensor de la libertad. Sufrió mucho cuando en Alemania después de la primera guerra mundial, las agrupaciones de derecha del ejército arrasaron con los Consejos Obreros Campesinos; porque los habían formado los anarquistas y fueron el ejemplo más hermoso que tiene la historia de cómo se puede ejercer el socialismo libertario. Allí todo se resolvía en asambleas, sin autoridades.
P. VAS. ¿Se tradujo esa experiencia  en  el movimiento obrero de nuestro país?

O. Bayer.: La primera gran corriente del movimiento obrero fue la anarquista, que en 1887 forman el gremio de los panaderos. Y  en 1890 los socialistas alemanes del club Vorwërts convocan al primer acto del 1º de Mayo en el país, en homenaje a los “mártires de Chicago” que eran anarquistas. Había mucha solidaridad en el movimiento obrero, y a ese primer acto concurren obreros de distintas nacionalidades, y cada uno hablará en su idioma. En mayo de 1904, asisten 70 mil obreros anarquistas al acto del 1° de mayo, una cifra numerosa si tenemos en cuenta que la población de Buenos Aires era de 800 mil habitantes. En esa oportunidad, la represión ordenada por Roca cobra el primer mártir del movimiento obrero: el marinero Juan Ocampo de 18 años. Que fue velado en el local del diario anarquista La Protesta, hasta que entró la policía y se llevó el cadáver. El movimiento anarquista tenía una claridad asombrosa, en enero de 1922 el diario La Protesta compara los fusilamientos del ejército argentino en la Patagonia, con el exterminio indígena: “lo mismo se hizo con los indios durante aquella carnicería que se dio en llamar La Conquista del Desierto”. Paradójicamente, la revista El Soldado Argentino editada por el Estado Mayor se refería a los peones rurales santacruceños que hacían la huelga, de la siguiente manera: “el paria sin familia, sin hogar, sin religión, y sin patria, surge asesino y devastador como antes fuera el indio, útil para incendiar campos y asaltar estancias”. Es decir, los obreros comparan los fusilamientos de obreros con la matanza de indios, y el ejército compara a los obreros en huelga con los indios. Creo que esto lo dice todo…
P. Vas.: Usted inició una campaña para que se retire el  monumento a Roca…
O. Bayer: Es una falta de ética que un genocida como Roca, que comandó las tropas para exterminar al indio del Sur tenga un monumento. Sobre todo ahora, que se ha comprobado científicamente que el 56% de los argentinos tenemos sangre indígena. Hace dos años formamos la organización Awka Liwen (Rebelde Amanecer) y estamos pidiendo a la Legislatura que quite ese monumento y sea trasladado a la estancia La Larga de cincuenta mil hectáreas ubicada en Guaminí, que recibió Roca como premio del gobierno argentino.  Allá están sus bisnietos, que realmente tienen que agradecerle a Roca que les haya dejado esas tierras. Y pedimos que se erija en este lugar un monumento a la mujer aborigen y a la mujer inmigrante, como resarcimiento moral a los pueblos originarios y a los primeros obreros que reclamaron las ocho horas de trabajo.
P. VAS. ¿Por qué a estas dos mujeres?
O. Bayer: A la mujer aborigen, porque en su vientre se originó la genealogía o estirpe criolla.  Dado que el criollo es producto de hombre blanco con mujer aborigen y no al revés. Y por el sufrimiento que tuvo que padecer la mujer aborigen. Porque Roca, también reinició la esclavitud, él utilizó a los “prisioneros” como esclavos. Eso lo dicen los diarios de la época, La Nación publicaba:“Hoy, reparto de indios. A las familias que los requieran se les dará un indio hombre, una china…” Este “reparto” lo hacia nada menos que Sociedad de Beneficencia, ¡fíjese que beneficencia! Roca dice en sus partes, cosas como esta: “hoy hemos tomado dos mil indios prisioneros y cuatro mil quinientos de chusma”, la “chusma” son las mujeres, los niños y los viejos… Casi todas la familias de militares recibieron indios como “premio”, sobre todo mujeres y niños. A las mujeres se las utilizaba de sirvientas y a los niños de mandaderos. Roca eliminó primero al indio y después reprimió terriblemente a los trabajadores. La Ley de Residencia, redactada por Miguel Cané, fue otro de los grandes crímenes de Roca, porque mediante esta ley se expulsaban del país a los activistas gremiales, pero dejaban acá a la mujer y a los hijos. Esto se hacía como escarmiento, para que las otras mujeres impidieran que sus maridos luchen o sindicalicen. Lo terrible era que las mujeres quedaban solas, sin ninguna entrada económica para mantener cuatro o cinco hijos… ¿Y sabe cómo sobrevivieron? Gracias a la solidaridad de la clase obrera, porque los trabajadores daban parte de su jornal para ayudar a las esposas y los hijos de los compañeros expulsados del país. ¡Esa es otra cosa ética que no se enseña en las escuelas!
P. VAS. Usted escribió un libro sobre Roca…
O. Bayer: Es una recopilación de publicaciones de la época, comunicados y resoluciones leyes, repartición de tierras y discursos donde queda evidenciado el plan de exterminio de Roca. Por ejemplo, en el primer comunicado que hace al empezar la campaña del desierto, Roca dice: “hay que hacer desaparecer a los salvajes”, utiliza nada menos que el término “desaparecer”. Y ya que estamos podemos hacer una comparación: por la Campaña del Desierto le tocaron 2 millones y medio de hectáreas al estanciero Martínez de Hoz, y justamente su bisnieto fue el ministro de economía de la Dictadura, responsable de la desaparición de  30.000 personas… El tan mentado progreso que dicen que trajo Roca benefició únicamente al ávido capital inglés y a una clase social, porque instituyó una conformación económica que dejó en pocas manos los grandes latifundios. Tal vez, sin Roca hubiésemos ido más lento, pero sobre principios más éticos.
P. VAS. ¿Qué opinión le merece la novela de Félix Luna “Soy Roca”?
O. Bayer: He sido muy amigo de Félix Luna,  sin embargo disentimos totalmente. Según Félix Luna, se puso en la piel de Roca. Y claro, el libro se llama Soy Roca, se mete en Roca, se convierte en Roca (habría  que preguntarle a Freud el significado de eso). Según Luna, poniéndose la piel de Roca logró entender lo que implicaba exterminar unos pocos cientos de indios para poder gobernar ¡Sólo unos pocos cientos de indios!, dice. Y justifica esa acción razonando que en el contexto de aquella época se vivía una atmósfera darwinista que marcaba la supervivencia del más fuerte y la superioridad de la raza blanca, sin tener en cuenta que en esa misma época había muchos filósofos que pensaban en forma diferente. Con el mismo criterio, nuestros patriotas de 1810 podrían haber exterminado a todos los esclavos negros. Pero no fue así, y en  1813  declararon la libertad de vientres. Félix Luna dice que Roca construyó la Argentina que hoy disfrutamos, pese a errores y abusos. ¿Pero quién la disfruta?, cabría preguntar. Tampoco es ético decir que el “progreso” es mucho más importante que la vida de cientos de seres humanos. Es cierto, Roca hizo el palacio de obras sanitarias, el de tribunales, la casa de gobierno… Pero, ¿nosotros, a eso lo estamos disfrutando? Fíjese cuántos presidentes se escaparon de esa casa de gobierno; ¿cuántos golpes militares hicieron escapar a nuestros presidentes? Tenemos los edificios, pero no tenemos la ética.
P. VAS. García Hamilton polemizó con usted sobre el mismo tema…
O. Bayer: García Hamilton, dice que yo llamo genocida a Roca, “pero no tengo en cuenta que nos trajo el telégrafo sin hilos”. Y tiene razón, de Hitler siempre se dice solamente que mató a 6 millones de judíos, que hizo las leyes racistas, que inició una guerra que costo la vida a 60 millones de personas… ¿Y por qué no dicen que creo el automóvil del pueblo? El volskwagen, y que hizo las primeras autopistas alemanas… ¡Fíjese como disfrutó la gente que vivía en Alemania! Es el mismo razonamiento.
P. Vas.: ¿De qué manera el anarquismo podría acercar una solución al problema del poder?
O. Bayer: El poder debería ser siempre sólo representación de la voluntad general, de manera que ética y poder puedan tolerarse. Pero no es así. Los elementos que definen materialmente al poder son: el poder económico, el poder político y el poder religioso; estos dos últimos dependientes del primero. La democracia representativa, es la mejor encarnación del poder económico: el ciudadano sólo puede elegir entre partidos políticos que no tienen en sus programas la socialización de la economía, sino que se diferencian apenas por distintos modos de conservar el status. Históricamente, la voluntad general se ha expresado a través de los movimientos sociales fundados en principios éticos, como lo son el derecho a la vida, a la libertad, a la igualad y a la justicia. Es por eso que filósofos, políticos, sociólogos y pensadores vieron en la lucha de clases la posibilidad de construir una sociedad igualitaria y digna; otros, la vieron en la unión de todos aquellos rebeldes y revolucionarios que aparecieron y aparecen en la historia diciendo no a la servidumbre y a los abusos del poder. Sin embargo, durante el llamado socialismo real también hubo sectores que ejercieron el poder sin posibilitar a las bases la discusión ni la práctica del antiautoritarismo democrático. Basta reseñar la matanza de anarquistas que Trotsky y Lenín hicieron en Kronstadt durante 1921. En nuestro país, ciertos movimientos sociales que surgieron en la década del 90 y a partir del 2001 tienen o han tenido ingredientes del anarquismo, pero muchas de estas organizaciones, al aceptar el liderazgo de algunos de sus miembros fueron perdiendo esa esencia anarquista, como sucedió con gran parte del movimiento piquetero. En este momento, estoy admirado de cómo la gente de la Asamblea Gualegauychú se levantó en defensa de la naturaleza, ¡es un gran ejemplo! Como lo es el de Esquel.
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