5 jun 2010

El Consejo de Seguridad de la ONU Jorge Gómez Barata

No recuerdo ningún momento anterior en el cual el Consejo de Seguridad de la ONU haya tenido una agenda, no sólo tan sobrecargada y compleja, sino también urgente. Además de asuntos inconclusos, como es el caso de las amenazas de proliferación nuclear, la explosiva situación en el Medio Oriente, las guerras en Irak y Afganistán. Como suele ocurrir, el órgano está obligado a ventilar contra reloj asuntos tan peligrosos como: las sanciones a Teherán, la crisis entre las dos coreas y el ataque israelí a la flotilla humanitaria en ruta a Gaza.
Si bien para Bush el Consejo de Seguridad era un estorbo y en ocasiones un instrumento, ese perfil pudiera cambiar con Obama, que aunque no ha tenido oportunidad de probarlo, en concordancia con su doctrina de Seguridad Nacional pudiera privilegiar un multilateralismo de elevado estándar que es para lo que fue creado ese órgano, que como parte de la ONU tuvo dos antecedentes: la Sociedad de Naciones y la Carta del Atlántico.

La Sociedad de Naciones formó parte del intento del presidente norteamericano Woodrow Wilson de reestructurar las relaciones internacionales propósito resumido en sus famosos 14 puntos para, entre otras cosas, evitar la repetición de conflictos como la Primera Guerra Mundial; por su parte, la carta del Atlántico, suscrita el 14 de agosto de 1941, virtual borrador de la Carta de la ONU fue idea de otro presidente norteamericano, Roosevelt y a la misma se adhirieron Gran Bretaña y la Unión Soviética, que junto a otros 25 estados fundaron la coalición aliada en la II Guerra mundial.

La Sociedad de Naciones, fundada en 1919 por 32 países entre ellos 17 de América Latina, fracasó porque Estados Unidos no ingresó y la Rusia Soviética no fue admitida, tampoco lo fueron Alemania ni Turquía y porque sus acuerdos no eran vinculantes. La organización creada para asegurar la paz, no pudo evitar la II Guerra Mundial.

Con aquellos antecedentes, en la década de los cuarenta, Roosevelt, Stalin y Churchill se empeñaron en diseñar un sistema de Seguridad Internacional en el cual la paz fuera garantizada por una organización internacional regida por ellos. En 1944, con la victoria sobre Hitler a la vista, encomendaron a un grupo de expertos la redacción de los documentos fundacionales. En Dumbarton Oaks, Washington, los plenipotenciarios crearon la Carta de la ONU aunque no lograron acuerdo respecto al funcionamiento del Consejo de Seguridad, detalle que fue resuelto por los líderes de las cuatro grandes potencias (para entonces se había incluido a China)

Con vista a suprimir el obstáculo que había hecho fracasar a la Sociedad de Naciones, en la Carta de la ONU se incluyeron tres elementos básicos. (1) Los Cuatro Grandes, (más tarde se incluyó a Francia) serían miembros permanentes del Consejo de Seguridad. (2) Se adicionó el Capítulo VII de la Carta que faculta al Consejo de Seguridad para usar la fuerza militar para imponer la paz y (3) se estableció la cláusula de “Unanimidad”, según la cual, la fuerza sólo puede ser utilizada cuando todos los miembros permanentes del Consejo de Seguridad estuvieran de acuerdo. Así nacieron el Big Five y el veto.

De ese modo los líderes de las democracias de entonces, Stalin y Chiang Kai-shek incluidos, aseguraron tres elementos. (1) Que la fuerza jamás pudiera ser utilizada contra uno de ellos y (2) que no fuera empleada contra ninguno de sus aliados y (3) que no se apelara a las armas sin su expreso consentimiento.

Todavía se discute si el acuerdo que en 1950 envió contra Corea del Norte un fuerza de paz sin el voto soviético fue o no legal. El argumento de entonces es que la URSS fue convocada y su ausencia fue voluntaria y como suele decirse: “Quien calla otorga”.

Desde la fundación de la ONU en la agenda del Consejo de Seguridad se incluyen sólo asuntos urgentes y que requieran acuerdos vinculantes y que pudieran demandar el uso de la fuerza. Afortunadamente en múltiples ocasiones, el Consejo de Seguridad con la autoridad que implica la representación de las grandes potencias, logra mediar y solucionar los conflictos sin empleo de la fuerza.

Lo que actualmente ocurre es en parte resultado de un proceso que incluye el desarrollo de estados independientes cuya presencia y vigencia alteran la correlación de fuerzas y el status quo existente en 1945 cuando fue creada la ONU. Para muchos estados la ONU debe ser reformada, el número de miembros permanentes ampliado y el veto suprimido. En este último caso nunca he escuchado una explicación de cómo sería acordado entonces el uso de la fuerza.

Lo más curioso del momento es que sesenta años después, Corea implica nuevamente al Consejo de Seguridad y que, respecto a Irán, a las tradicionales reservas de Rusia y China, se suman ahora la posición de Brasil y Turquía, miembros no permanentes que mantienen diferencias de opinión con Estados Unidos y otros miembros permanentes. En el caso de Israel se descarta una condena que sería vetada por Washington.

En cualquier caso debe tenerse en cuenta que la ONU y naturalmente el Consejo de Seguridad fueron resultados de una coyuntura histórica irrepetible y de una situación geopolítica que ha experimentado importantes modificaciones. Además de por la carta fundacional, la organización se rige por algunos acuerdos de caballeros adoptados entre las grandes potencias, no llevados nunca al papel y que circunstancialmente influyen en su funcionamiento. Otro día les cuento.

http://www.argenpress.info/2010/06/el-consejo-de-seguridad-de-la-onu.html