El 21 de enero pasado Rodolfo Terragno publicó en Clarín una nota titulada “Por qué el BCRA debe ser independiente”. Van a continuación algunos comentarios que podrían ser útiles para debatir sobre el rol del Banco Central y acerca del significado de algunas palabras clave para las políticas públicas, como son: independencia, autonomía y coordinación.
Básicamente, Terragno sostiene la tesis de confiar al Banco Central la política monetaria del país, otorgándole al organismo “total autonomía”, a la manera del Bundesbank alemán. Por el título de la nota, deberíamos concluir que independencia y autonomía son, para el autor, sinónimos. Pero, ¿independencia o autonomía de quién?, ¿del resto de las decisiones de política económica nacional o de los intereses del sistema financiero? Vayamos por partes.
En principio, creemos que el autor mezcla una idea correcta con una incorrecta (y de sentido opuesto). Es verdad que la convertibilidad era un “respirador artificial”, pero de eso no se deduce que la Argentina deba imitar a Alemania (ni a la de 1956 ni a la actual) con el supuesto de que la estabilidad de precios se podría obtener a través de la política monetaria “manejada por un banco central todopoderoso”. Aquí aparece un componente ideológico fuerte en el artículo ya que –para el autor– la inflación sería un fenómeno monetario, lo que remite sin escalas al monetarismo y al neoliberalismo, perspectiva económica que desde el año 2003 la Argentina ha estado desandando.
Más adelante el autor sugiere que el Banco Central debe tener supremacía sobre el gobierno. ¿Cómo lograrla? –pregunta Terragno– Hans Tietmeyer (titular del Bundesbank alemán entre 1993 y 1999) –responde: “Es muy fácil: el banco debe tener un gran pleito con el gobierno… y ganarlo”. El autor expresa así llanamente cuál debiera haber sido, a su juicio, el final feliz de la controversia sobre la presidencia del BCRA.
Creemos que Terragno también se equivoca cuando dice: “En la Argentina de los ’90, los neoliberales querían que el Banco Central siguiera siendo una ‘caja de conversión’, y que la política monetaria la fijara el mercado”. En verdad, la política monetaria era autorrestringida por el Banco Central, porque el Estado no emitía si no era contra dólares. Y esta era una regla de política plasmada en la ley de convertibilidad, no un resultado del mercado.
FRENO. Por otro lado, no se menciona que Europa, Alemania incluida, se vino deslizando de hecho hacia un sistema de metas de inflación. Sin embargo, ese sistema (y su coordinación regional a través del Banco Central Europeo), logró tasas muy bajas de crecimiento, mantuvo altos niveles de desempleo y consolidó un retraso mundial relativo de la competitividad europea. Luego, con la crisis internacional de las subprime, ni Alemania ni Europa estuvieron en condiciones de prevenir un shock financiero de semejante magnitud.
Además, los intentos por amortiguar las consecuencias de los desequilibrios financieros y macroeconómicos pusieron bajo tensión toda la estructura de la eurozona. Por el lado fiscal, las políticas anti-crisis no pueden ser implementadas plenamente respetando los límites impuestos por el Pacto de Estabilidad y Crecimiento y, por otro lado, han surgido interrogantes sobre la sostenibilidad de la deuda pública en varios países, un hecho que se reflejó en el aumento de las primas de riesgo de la deuda soberana de los mismos.
En el aspecto monetario también aparecieron en Europa tensiones de la mano de la crisis. Dada la situación externa, el tipo de cambio nominal que cada país necesita para restaurar el pleno empleo luego del shock puede ser diferente, pero se fija rígidamente desde el Banco Central Europeo. ¿Cuáles son las ventajas entonces que para Rodolfo Terragno resultan tan evidentes del sistema alemán y europeo, cuando claramente desde el punto de vista económico aparece como una región rezagada frente a los EE.UU. y Asia?
Respecto de la libre flotación cambiaria, aconsejada por el régimen de metas de inflación y derivada de la “autonomía” de bancos centrales como el que pretende imitar el señor Terragno, varios trabajos de autores heterodoxos (y no tanto) advierten que la enorme mayoría de los países que declaran tener “libre flotación” de sus tipos de cambio, en verdad disponen de una enorme lista de mecanismos directos e indirectos para manejar el tipo de cambio en acuerdo con sus bancos centrales. Asimismo, los bancos centrales “independientes” usan como herramienta de control antiinflacionario la suba de la tasa de interés, algo que en la Argentina demostró no tener impacto claro sobre la demanda agregada (consumo e inversión) y sí probó tener efectos nocivos sobre la producción y el empleo por la vía de la apreciación del tipo de cambio, como en la convertibilidad.
Es verdad que ningún sistema basado en tipo de cambio fijo puede perdurar. Pero de esto no surge que el tipo de cambio deba ser de libre flotación. En general, los países subdesarrollados y emergentes han dado respuestas exitosas a tal dilema –la nuestra sin ir más lejos– administrando el tipo de cambio. ¿No sería conveniente pensar que las instituciones son construcciones colectivas y que en lugar de replicar experiencias de países desarrollados deberíamos aplicar nuestros propios criterios e historia?
Por lo tanto, y dado que la “autonomía” absoluta de los bancos centrales parece ser una mera ilusión en términos económicos y políticos en todo el mundo, la Argentina debe seguir moviéndose en la clara dirección de profundizar el actual modelo de desarrollo y continuar avanzando en la coordinación de la política económica en su conjunto, en lugar de alentar compartimientos independientes.
De todos modos, y para dejar tranquilos a aquellos que sostienen las visiones autonomistas, vale destacar un trabajo reciente del FMI (“Central Bank Autonomy: Lessons from Global Trends”, Marco Arnone, Bernard J. Laurens, Jean-François Segalotto, and Martin Sommer, IMF, April 2007), organismo al que sería imposible acusar de proargentino, que calcula índices de autonomía de los bancos centrales para 163 países.
Allí se define la “autonomía política” como la capacidad del Banco Central de seleccionar sus objetivos de política monetaria basados en criterios tales como la forma en que se eligen sus autoridades, los años que duran sus mandatos, si existen o no representantes del gobierno en el directorio, la obligación o no del gobierno de aprobar la política monetaria, etcétera. Por su parte, la “autonomía económica” se define como la reafirmación de su independencia operacional del gobierno, lo que incluye que no hay procedimientos automáticos para que el ejecutivo obtenga crédito directo del Banco Central, y que si lo hace sea a tasas de mercado, en forma temporal.
Para el caso argentino, el trabajo del FMI muestra que los niveles de autonomía agregada se encuentran por encima de la media de todos los países analizados. En términos de “autonomía política”, la Argentina encabeza la lista de los latinoamericanos –menos del dolarizado Ecuador– y está por encima de Chile, Brasil, México y Venezuela. También supera a Australia, Canadá y Japón, economías exitosas que Terragno propone imitar.
Por su parte, y en términos de “autonomía económica”, el índice del BCRA se encuentra por encima de la media de la muestra total y está por arriba de varios países europeos. Además resulta idéntico al de Brasil (que es “modelo” en términos de sistema de metas de inflación en la región) y levemente inferior al de Chile. Por lo tanto, no parecería existir una relación directa entre mayor autonomía y mejores niveles de desarrollo. En efecto, muchos de los países “exitosos” ostentan Bancos Centrales con menor autonomía –por lo menos en términos del FMI– que el nuestro, y otros –como Alemania– con mayor autonomía, altos niveles de vida de la población y una productividad social envidiable, pero nada indica que?haya sido mérito de la forma institucional del Bundesbank. Entonces, teniendo en cuenta la evidencia empírica y la historia argentina reciente: ¿hace falta más autonomía del BCRA?
*Subsecretario de Coordinación Económica. Ministerio de Economía y Finanzas Públicas de la Nación
http://www.elargentino.com/nota-76971-Hace-falta-mas-autonomia-para-tener-un-buen-Banco
