Luis Basterra, vicepresidente del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), es uno de los ideólogos del Plan Estratégico Agroalimentario Argentino al 2016.
El Plan Estratégico consta de ocho ejes basados principalmente en la sustentabilidad, el agregado de valor y la agricultura familiar, pero especialmete será importante el liderazgo que tendrá del Estado en la construcción del proyecto.
El plan será presentado el 25 de mayo de 2010 en los festejos por el Bicentenario.
— ¿Por qué es necesario que la Argentina tenga un Plan Estratégico Agroalimentario?
— Porque tener un plan significa haber definido a dónde queremos ir y consecuentemente como Nación tenemos que poner en debate y acordar cuál es el destino que entendemos y pretendemos construir para el sector agroalimentario argentino. Y en ese sentido la necesidad se hace evidente porque el mundo que nos propuso el neoliberalismo que fue dejar que las cosas del mercado por si mismas generen el camino a seguir. Evidentemente han fracasado en el objetivo de dar satisfacción a las necesidades de la gente y a los actores del sector agropecuario.
— ¿El planteamiento conceptual es tener un territorio con carácter competitivo?
Nosotros no podemos desconocer lo que significa hoy el mundo moderno. En el cual para poder tener una actividad con sustentabilidad se debe generar un producto, un servicio que sea demandado, que sea requerido, y el consumidor esté dispuesto a pagar lo suficiente como para que esa actividad pueda continuar con el tiempo.
Acá el concepto de competitividad no está en discusión. Se requiere ser competitivo y para que este concepto se dé, hay que generar las condiciones para que el esfuerzo que se pone en una actividad, que el compromiso patrimonial tenga la justa retribución. De manera tal que pueda permitir la continuidad a lo largo del tiempo, respetando los tres conceptos: sustentabilidad ambiental, sustentabilidad social y sustentabilidad económica.
— ¿Cuándo habla de sustentabilidad ambiental se refiere al cuidado de los suelos?
— En todo, hablamos de preservar la capacidad de los recursos en el largo plazo. Esto significa no sólo el suelo, sino también el agua y el aire. La conjugación de todo esto termina en lo que es la biomasa, que tiene el componente cuantitativo y el cualitativo. Donde el primero está vinculado al volumen de biomasa y el segundo a la biodiversidad.
Por lo tanto cuando nosotros hablamos de un proceso de desarrollo tenemos que considerar lo que significa la preservación del capital: recurso natural en sus componentes cuantitativo y cualitativo. Dado que esto es lo que le permite a uno a lo largo del tiempo tener la continuidad de los sistemas productivos que generan los recursos y los servicios para el desarrollo de la biomasa.
— ¿Cómo se evitará que el productor caiga en el monocultivo?
— La soja por sí misma no es ni buena ni mala. Lo que la ciencia demuestra es que el monocultivo no es bueno sea de lo que fuere. Vengo de una región en donde el monocultivo algodonero ha generado serios problemas en términos de suelos, en términos de productividad y, consecuentemente, ha tenido un impacto negativo sobre la realidad social. Con la soja como monocultivo también estamos en una situación similar. De ahí la necesidad de la aplicación de instrumentos de política económica que generen rentabilidades diferenciales para que la renta no sea el único motor de las decisiones a la hora de producir, sino también en la preservación del suelo como norma. Pero también en una cuestión de política económica que genere la posibilidad de la rotación de cultivos y de incluir otras actividades que permitan que el recurso tenga sustentabilidad. No podemos demonizar a la soja, pero tampoco podemos erigirla como un Dios.
— Uno de los ejes del plan es lograr la coexistencia de pequeños, medianos y grandes productores que impliquen acciones de inclusión social, económica y de desarrollo. ¿No es algo difícil de lograr?
— Es un desafío. Si dejamos librado al mercado, la escala normalmente tiende a expulsar a aquellos que no alcanzan. Este concepto es producto de los niveles de productividad que tienen los distintos sistemas. Nosotros entendemos que el incremento de la producción no es el único elemento a considerar en un plan estratégico sino también los otros productos que se obtienen de la actividad. Esto significa ocupación territorial, calidad de vida para el que culturalmente quiere trabajar en el campo y a la vez incorporar productos diferenciados. Creemos que, salvo excepciones, es posible la coexistencia de modelos con pequeños, medianos y grandes productores.
¿Y cuál será el papel del gran productor?
— El gran productor es el que genera escala, es el que permite que se instale una industria y que se instalen los proveedores de insumos, de servicios. Pero al mismo tiempo, el Estado tiene una responsabilidad que es la de generar una política demográfica que disminuya las concentraciones urbanas, que permita la ocupación territorial, que le permita vivir a aquel que ha decidido vivir en el campo como opción de vida. Y que si pone su empeño y su compromiso patrimonial se deben generar las condiciones para que pueda ser competitivo y pueda prosperar. De ahí el concepto de trabajar sobre la coexistencia y no sobre la competencia que genera, y que vemos este proceso de expulsión de gente, que no tiene voluntad a veces sino que no puede subsistir cuando no existen determinadas medidas que lo permitan.
— ¿Cómo se va a estimular a la población rural a que permanezca en el campo?
Acá hay una cuestión que es ideológica. El diseño de la infraestructura y la tecnología no son dos aspectos ideológicamente neutros. Cuando un país decide o opta por un desarrollo con equidad territorial lo que define es una estrategia de infraestructura que le permita a una persona que está alejada de un centro de consumo entrar y salir de su explotación, acceder por la energía, acceder al recurso agua, de manera tal que le permita ser competitivo. Si uno lo analiza estrictamente desde el punto de vista de la rentabilidad inmediata hay una cantidad de rutas que jamás debieron haberse hecho. Sin embargo una vez que se hicieron las rutas, uno empieza a ver de que hay territorios que no eran competitivos y que ahora pasan a serlo gracias a las mismas rutas y la energía. Entonces el concepto de equidad territorial es darle la oportunidad a que un individuo, un argentino, día a día, tenga la oportunidad de vivir dignamente de la producción primaria.
— Otro de los puntos es generar el agregado de valor. Pero, ¿Cómo se logra eso frente a un mercado marcado por la salida de commodities?
— Si lo dejamos librado estrictamente a las reglas del mercado por supuesto que se va a dar eso. Pero cuando nosotros vemos que estamos hablando de economías regionales como la yerba, el algodón, el arroz, las frutas de carozo, vemos como este concepto es perfectamente factible. En aquellos lugares en los que se definen orientaciones de políticas para que estos procesos ocurran, esto empieza a aparecer. Si nosotros imaginamos un territorio sin una línea de 500 kilovatios o sin acceso al gas natural, es imposible pensar en la agregación de valor.
El hecho de generar valor sobre la materia prima reduce considerablemente costos que en otras circunstancias no se consideraban.
— ¿Qué quiere decir la búsqueda de nuevos mercados como estímulo a la rentabilidad empresaria preservando la seguridad alimentaria?
— Esto es clave ya que hay que interpretar el escenario internacional en el que estamos. Este es un mundo donde el alimento va tomando un protagonismo más importante y donde el hambre empieza a preocupar. Se trata de un escollo a superar. La Argentina, por sus cualidades naturales y su composición demográfica, tiene una gran oportunidad y una gran responsabilidad. Obviamente la caridad empieza por casa. Por ello con el cual debemos estar siempre en equilibrio entre lo que significa el consumo interno y nuestro aporte al mundo.
— ¿Quiénes son los responsables de instrumentar este plan?
— El ministro de Agricultura ha hecho una convocatoria muy amplia, elevando el plan al Consejo Federal Agropecuario en el que participan todas las provincias.
También se contempla al sector del conocimiento como son los decanos de las facultades de ciencias agropecuarias, del CONICET, del INTA y se está ampliando la convocatoria a los consejos profesionales de ciencias agropecuarias y sin duda los actores que representan al sector privado a los pequeños, medianos y grandes productores que son fundamentales, y además a los que involucran la cadena de agregación de valor y a los proveedores de insumos y servicios que tiene el sistema.
EL ASOCIATIVISMO Y LA SOLIDARIDAD COMO CONTRACARA DEL INDIVIDUALISMO EXTREMO
— ¿Cuál es el rol de la agricultura familiar en este plan?
— La agricultura familiar es un concepto que pone al hombre y a su familia, como el centro de una política. Si ese núcleo familiar es capaz de garantizar su sustentabilidad alimentaria, la oportunidad de que sus hijos puedan estudiar, de que tengan una calidad de vida digna, y de que estén por encima de la línea de pobreza obviamente es un objetivo del Estado promover el desarrollo de este tipo de empresas.
— ¿La inversión pública como eje para ayudar al productor en la eficiencia productiva?
— Ni la tecnología ni la infraestructura son políticamente neutros. Cuando uno define la infraestructura uno puede decir hacemos un barrio de 500 viviendas en los alrededores de una capital de provincia o hacemos con los mismos recursos, las mismas viviendas, pero en el lugar donde el productor vive y orientadas hacia pequeños y medianos productores.
— ¿Investigación y desarrollo para todos los productores?
— El haber desarrollado tecnología para pequeños y medianos productores les ha permitido estar dentro del sistema y no ser expulsados y también la tecnología muchas veces lo que permite es definir el rumbo estratégico de esos pequeños y medianos productores, y los cambios mismos en las actividades hay veces que por más que le demos vuelta al aspecto tecnológico la escala va a ser que determinadas actividades no se puedan realizar en determinados sistemas productivos, pero no significa que ese productor quede excluido sino por el contrario hay que ver cuál es el producto que le cabe o cuáles son las alternativas productivas para poder seguir siendo competitivo.
— ¿De qué manera va a intervenir el Estado en los mercados locales; de manera estratégica o lo hará sólo cuando el productor lo necesite?
— Hay experiencias que son muy interesantes en cuanto a generar mecanismos que permitan que se exprese el justo precio, que no significa una estrategia de precio sostén sino que significa darle eficiencia a los mercados donde normalmente uno podría suponer que la libre competencia debiera expresar el justo precio y donde hoy vemos que no ocurre de manera genérica.
— ¿Será un desafío lograr el asociativismo en el productor?
— Es repensar en la convivencia y el desarrollo de la sociedad argentina. Pensar que solo uno se puede salvar es el legado del neoliberalismo por eso tenemos que luchar contra esta impronta que no tiene ni 10 ni 20 años, tiene varias décadas. El consumismo y el sálvese quien pueda han sido los elementos sustanciales de la propuesta del desarrollo donde el derrame era la teoría desde la satisfacción y de las necesidades. Esto ha demostrado ser absolutamente falaz y ha sido nefasto desde el punto de vista de las relaciones de los individuos. Nosotros hoy tenemos que propender a que las relaciones entre la gente se vayan fortaleciendo a partir del concepto de la solidaridad.
INGENIERO CHAQUEÑO
Luis Basterra es ingeniero agrónomo. Nació en Chaco hace 51 años. Dejo el cargo de ministro de la Producción y Ambiente en la provincia de Formosa, lugar desde el que impulsó el crecimiento de las pymes rurales para que los productos del campo lleguen a la góndola. Algo que intentará hacer en su primer cargo a nivel nacional.
http://www.elargentino.com/nota-72545-No-podemos-demonizar-a-la-soja-pero-tampoco-transformarla-en-un-Dios.html
