6 ene 2010

Mauricio Macri - Caída libre Por Carlos Romero


Tuvo un 2009 complicado y su pronóstico es tormentoso. Empezó el año mostrando chapa de presidenciable y terminó envuelto en escándalos. Las claves del derrumbe: internas políticas, gabinete en crisis y problemas de gestión
Al 2009 de Mauricio Macri le pasó lo mismo que a esas películas plagadas de efectos especiales: arrancó bien, con la taquilla abarrotada y el público pegado a la pantalla, pero mientras pasaban los minutos, la trama empezó a perder el rumbo y, ya sobre el final, todo se fue a pique, con los espectadores masticando el pochoclo con rabia.

El jefe de gobierno porteño arrancó este año haciendo punta en el pelotón de los presidenciables y lo termina mirando aquellas encuestas como quien repasa la tapa de un diario viejo.
Allá por enero pasado, Macri tenía el apoyo del “Properonismo” y se sentía el emergente natural de ese espacio de cara a 2011. La foto que ilustra esta nota, con Felipe Solá y Francisco de Narváez rodeando al ingeniero, es una postal de las ambiciones con las que el líder del Pro comenzó el año. También sirve para medir cuán lejos fueron quedando con el correr de los meses.

Entre los 61 puntos con que Macri llegó al poder en 2007 y sus sueños de cara a 2011, al ingeniero “le pasó” el 2009. Incluso con ese plus que logró con la reciente victoria en las legislativas de junio pasado, el líder del Pro termina el año diezmado, con las marcas de una gestión pobre en resultados que exhibir y una efectividad cercana al 100 por ciento en cuanto a promesas incumplidas, con escándalos políticos que un día llegaron y no se fueron jamás, y un gabinete jaqueado por las internas y la sangría de funcionarios.

En términos de política partidaria, las luchas intestinas entre las diferentes facciones del Pro mostraron con crudeza la lógica de una fuerza montada sobre intereses que suelen funcionar como compartimentos estancos, sin importar que el rival caído en desgracia lleve puesta “la misma camiseta”.
Eso que tiempo atrás comenzó como una disputa a escala superestructural entre el jefe de Gabinete Horacio Rodríguez Larreta y la ex vicejefa de gobierno Gabriela Michetti, este año terminó de estallar como una furiosa interna a todo nivel. La primera en sentir la presión fue la propia Michetti. Invitada con insistencia para que dejara su cargo en el Ejecutivo y se presentara como candidata a diputada, ahora Michetti parece dispuesta a devolver la gentileza amenazando con formar un proyecto propio. La diputada tampoco se priva de criticar la candidatura presidencial adelantada de Macri y las nuevas designaciones en el gabinete.

Este año Macri también le conoció los dientes a su socio Francisco de Narváez, y comprendió los límites de esa joint venture electoral. No bien se cerró el capítulo del 28 de junio, De Narváez comenzó a dejar en claro que tenía sus dudas sobre la distribución de roles que le proponía el jefe de gobierno porteño. Primero con insinuaciones y después bien claro, el “Colorado” expuso su idea de ser él mismo candidato a presidente. Entre los operadores del Pro se habla de “alta traición”, pero en el fondo lo que más les preocupa es la posibilidad de que en 2011 su jefe tenga que enfrentarse en las urnas con alguien que se le parece tanto.

Así las cosas, con De Narváez acechando y Michetti dispuesta a jugar fuerte en la interna del Pro, en 2010 Macri deberá trabajar duro para recomponer alianzas indispensables para su proyecto político. Al mismo tiempo, tendrá que hacer algo para levantar el ritmo cansino de su gestión, que ya comienza quedar expuesta a la mirada fácilmente irritable de los vecinos porteños.

En cuanto a la obra pública, los dos caballitos de batalla con que el macrismo hizo campaña en 2007 nunca salieron de los establos. Poco se sabe de los prometidos “10 kilómetros de subte por año” y en cuanto al megaproyecto de los túneles aliviadores para el arroyo Maldonado, con los que se había asegurado que acabarían las inundaciones, la Justicia le puso freno tras detectar varias y millonarias irregularidades. A eso se sumaron desde los problemas de infraestructura en las escuelas de la ciudad hasta los pozos en las calles y las aceras, tan determinantes para el humor del vecino.

“El segundo año de la gestión Macri nos muestra un gobierno sin iniciativa”, señala la auditora porteña Paula Oliveto Lago. Representante de la Coalición Cívica en el organismo de control, para Oliveto Lago “la falta de transparencia y de planificación en la obra pública, así como la baja de los planes enfocados a los sectores más vulnerables de la ciudad, no hacen más que mostrar que Macri es el gestor de un fraude electoral”.

Y junto a los ladrillos, los propios cuadros macristas sintieron los problemas de la gestión. La caída de funcionarios –que arrancó ya en 2007, con el fallido desembarco de Luis Rodríguez Felder en el Ministerio de Cultura– se volvió la evidencia más clara del estado de cosas en las filas del Pro. El último caso –todo un récord por lo fugaz de su gestión– fue el del ex diplomático Abel Posse, designado en el Ministerio de Educación, de donde tuvo que salir eyectado a las pocas horas de asumir después de vociferar su rechazo a los juicios por la verdad y hacer una defensa cerrada de la obediencia debida.
Para el legislador porteño Francisco “Tito” Nenna, la unidad y la diversidad en el rechazo cerrado a esta designación “se gesta al calor de la lucha contra los efectos de las políticas macristas, que redundan en aumentos de subsidios para escuelas que cobran cuotas de 900 pesos mensuales mientras faltan 6.200 vacantes para el nivel inicial en la zona sur”.
Posse, cuyo lugar es ahora ocupado por Esteban Bullrich, había llegado para suceder a Mariano Narodowski, que dejó el cargo tras prestar declaración indagatoria ante el juez federal Norberto Oyarbide, en el marco de la causa por las escuchas telefónicas; el escándalo más grande que enfrentó –y enfrenta– la gestión Macri.
Antes que Narodowski, la primera víctima política del “Watergate Pro” fue el jefe de la nonata Policía Metropolitana. Jorge “Fino” Palacios había mantenido una profusa comunicación telefónica con el espía Ciro James, pieza clave en una compleja trama de espionaje que afectó incluso a la propia familia del jefe de gobierno, como sucedió con la “pinchadura” al celular de su cuñado Néstor Leonardo, la “oveja negra” del clan Macri.
Con Palacios renunciado, procesado y encarcelado, la Metropolitana quedó en manos de Osvaldo Chamarro, hombre del Fino, quien terminó eyectado por la misma razón que su mentor. Ahora la brasa pasó a manos de Eugenio Burzaco, paradójicamente, un rival histórico del ministro de Seguridad, el resistente Guillermo Montenegro. Sin mucho que festejar, la primera promoción de la Metropolitana se presentó el 22 de diciembre pasado. Unos 850 efectivos por los que Macri pagó un enrome costo político.
Los derechos humanos fueron otro de los frentes donde el Pro hizo agua. Además de la denuncias por las “manchas de plomo” en el organigrama de la Metropolitana y los dichos ultramontanos del breve ministro Posse, el macrismo mostró su rostro más desencajado con la creación de la cuestionada Unidad de Control de Espacio Público (UCEP), una dependencia pública con atributos rayanos en lo parapolicial, que entre sus tareas tenía la de llevar adelante el desalojo de personas en la vía pública, en horas de las madrugada y con métodos violentos. El repudio a la UCEP acabó por obligar al ex ministro de Ambiente y Espacio Público Juan Pablo Piccardo –otro que abandonó el gabinete Pro– a disolverla.

Desde el Observatorio de Derechos Humanos, una de las entidades que con más fuerza impulsó el reclamo, Carlos Pisoni sostiene que “los miembros de la UCEP han lesionado a habitantes de la ciudad que ni siquiera poseen un vivienda” y que este hecho, junto a los escándalos que rodearon a la Metropolitana, revelaron la “absoluta incapacidad, desconocimiento e ineficiencia del gobierno porteño en políticas de seguridad”.

Todo esto le pasó a Mauricio Macri en 2009 y sólo el hecho de que la lupa haya estado centrada con dedicación sobre la política nacional evitó que al ingeniero el balance le diera un “rojo” aún más intenso. Como grafica un viejo operador porteño de polivalente bandería política: “Empezó el año comiéndose la cancha pero terminó pidiendo la hora”.
Abusando de la metáfora futbolera: Macri, parece, arrancará el 2010 con un par de goles abajo.
http://www.elargentino.com/nota-71772-Caida-libre.html