23 ene 2010

A la renta financiera se le puede caer la coronita. Por Carlos Boyadjián


En la Argentina todas las actividades productivas y los sueldos superiores a cierto monto pagan impuesto a las Ganancias, pero la renta por colocaciones financieras, no. El Gobierno, y también legisladores de otros partidos, buscan eliminar este privilegio.
muchas veces en la historia argentina se ha dicho que este país es el reino de las paradojas y, ciertamente, no han faltado motivos para creerlo. Aquí parecería que ya nada sorprende, pero hay casos, especialmente en la economía, que son realmente llamativos.
Para decirlo sin vueltas, mientras en la Argentina todos los sectores productivos tributan al fisco y hasta deben pagar impuesto a las Ganancias los trabajadores en relación de dependencia –la llamada cuarta categoría– que superen los 7.500 pesos de ingreso (los casados con 2 hijos) la renta financiera está exenta de este gravamen, a contramano de lo que ocurre en la mayoría de los países.
Pero para muchos analistas, 2010 podría ser el momento indicado para cambiar el curso de acción. “Eliminar las exenciones al impuesto a las Ganancias ha estado siempre en la idea del Gobierno, y creo que es un buen momento económico para hacerlo, porque ya se está descontando que se va a avanzar en ese sentido”, asegura Mario Brodersohn, ex secretario de Hacienda y titular de la consultora Econométrica.
Por su parte, para el economista Gabriel Rubinstein, “no hay que descartar para nada que se grave la renta financiera, porque hacerlo está en el espíritu de este gobierno”.
El gobierno nacional está estudiando el tema, con el fin de aplicar los fondos recaudados, especialmente, a programas sociales. Incluso en el Congreso nacional hay cierto consenso entre algunas fuerzas políticas sobre la conveniencia de eliminar la exención ahora.
Esto ocurre en momentos en que en el mundo crecen las demandas para aplicar la llamada Tasa Tobin (una alícuota a todas las transacciones financieras) para enfrentar al “casino global”. En el marco de un reforma impositiva en ciernes, el capítulo local de Attac (Asociación por una Tasa a las Transacciones Financieras y Ayuda a los Ciudadanos) ha resignificado la iniciativa y apuesta a aplicar los fondos cobrados a resolver el flagelo de la pobreza e indigencia.

ADIÓS EXENCIÓN
La ley de Impuesto a las Ganancias (20.628 y sus modificatorias) define quiénes y qué actividades económicas deben tributar según su incremento patrimonial. También establece las exenciones previstas, entre las que sobresalen, desde mediados de los 90, las ganancias de capital por activos financieros.
En buen criollo, significa que los depósitos a plazo fijo (pesos y dólares), las operaciones con títulos públicos y obligaciones negociables de las empresas, los dividendos por acciones y otras inversiones financieras no pagan impuesto a las Ganancias.
Vale recordar que las ganancias financieras de las sociedades anónimas sí están gravadas, sólo están exentas las personas físicas con esos activos. Se estima que sólo en 2009 el fisco dejó de recaudar unos 3.875 millones de pesos por este concepto. Así, tomaron cuerpo iniciativas para ampliar la base de contribuyentes de este gravamen.
Hace algunas semanas la Afip subrayó la conveniencia de gravar la renta financiera. Pero no bien empezaron a circular los borradores, desde el Ministerio de Economía deslizaron que podría entorpecer el retorno a los mercados de capitales (por el nuevo canje de deuda). Por su parte, el Banco Central teme remezones en el mercado cambiario, si los inversores deshacen portafolios para volcarse al dólar. Así, todo sigue en estudio.
Por el lado de Proyecto Sur, insisten en que hay que gravar la renta financiera para dotar de recursos al Estado y combatir la pobreza e indigencia y en el mismo sentido piensan las diputadas de Libres del Sur, Victoria Donda y Cecilia Merchán. También el radical Ricardo Alfonsín analiza un proyecto para eliminar las exenciones vigentes, pero sólo a los plazos fijos, por el que podrían recaudarse unos 1.400 millones de pesos anuales.
Un informe del Instituto de Estudios y Formación de la CTA, que dirige el diputado Claudio Lozano, propone llevar la nueva asignación de $180 por hijo hasta los $300, y a la vez, universalizarla a todos los menores de 18 años. Sobre los recursos disponibles menciona que “existen rubros que benefician a los agentes de mayor capacidad económica, que bien pueden darse de baja para financiar la asignación universal. Es el caso de las exenciones de Ganancias (principalmente derivados de la renta financiera), la devolución parcial del IVA para compras con tarjetas de crédito y débito, y las exenciones en el impuesto a los combustibles”.

RAZONES DE PESO
Para los detractores de la medida, un impuesto a las colocaciones financieras desalentaría este tipo de inversiones, por lo que esos recursos saldrían del circuito financiero para volcarse al dólar, presionando sobre el tipo de cambio.
Desde el otro rincón, los argumentos para hacerlo van desde la equidad tributaria, pasando por la necesidad de recaudar más para impulsar políticas activas, derivar los recursos a planes sociales o fortalecer la caja para atender los vencimientos de deuda, según el cristal político con el que se mire. También sobrevuela el tema de la redistribución de la riqueza, porque los pobres no tienen inversiones de ningún tipo, pero sí se beneficiarán con los planes de asistencia social.
Para Guillermo Vitelli, investigador independiente del Conicet, “las inversiones financieras (y por derivación, su renta) son colocaciones de ahorros que pueden ser, luego, dirigidos hacia la inversión productiva”. Pero la realidad es muy distinta. “El sistema financiero argentino opera con un spread –diferencial de tasas pasivas (pagadas a ahorristas) y activas (cobradas por los préstamos)– que desalientan las inversiones productivas”, apunta Vitelli.
En su opinión, “gravar la renta financiera implica reducir las tasas de interés percibidas por los ahorristas o incrementar las abonadas por los tomadores de fondos”. Frente a una eventual fuga hacia el dólar, Vitelli afirmó: “Si gravar la renta financiera supone una caída de las tasas de interés percibidas por los ahorristas, seguramente se producirá una devaluación de la moneda (el peso)”. En este marco, el economista rescató que “en la actual coyuntura, en la que predomina la devaluación del dólar en los mercados mundiales, gravar la renta financiera no generaría efectos relevantes sobre el valor de la moneda local”.
Al respecto, Mario Brodersohn, que está asesorando a Alfonsín, evaluó que el Gobierno quiso gravar la renta financiera pero “se asustó porque pensó que podría salir la plata de los bancos e ir hacia el dólar, y no quiere problemas con el tipo de cambio”. Pero el ex hombre fuerte de Economía confía en que el bloque oficialista aprobará el proyecto en el Congreso porque, dice, “estamos ayudando a recaudar más”.
Esta es otra clave. Algunos creen que la medida responde a dificultades fiscales en 2010. Gabriel Rubinstein afirma que “si se aumenta un impuesto es porque hay problemas de caja. Si se quisiera corregir una distorsión o una inequidad tributaria, se subiría un impuesto pero se bajaría otro”.
Rubinstein cree que “es razonable aplicar una tasa de Ganancias del 15 al 20 por ciento a las colocaciones financieras”, pero recuerda que no siempre la renta es una ganancia real. “Una cosa es que la tasa de interés sea del 4% y la inflación del 1% y otra que la tasa sea del 10%, con una inflación del 15%. La verdad, que ese inversor está poniendo ahí la plata para no perder frente a la inflación”, concluye.
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