La centroizquierda puede ser el factor bisagra entre el oficialismo y los bloques opositores de derecha
“La oposición”, el “Grupo A” o como quiera llamárselo ya no es. No hay ninguna sorpresa en la comprobación –por la sabida, prefigurada– que brindó la imposibilidad de las fuerzas parlamentarias anti o no kirchneristas por cumplir con el anunciado encuentro de ayer para definir composiciones y autoridades de las comisiones de la Cámara de Diputados, tal como se había resuelto en la sesión preparatoria de la semana pasada.
Lejos de existir una única y cohesionada oposición, hay tantas oposiciones como bancadas tiene el cuerpo, con grandes contradicciones entre ellas y, en varios casos, también con fuertes conflictos al interior de esas bancadas. Y en función de esa realidad –y también, claro, del reconfirmado debilitamiento del oficialismo– se tratará de concretar hoy, en una reunión de jefes de bloques, las definiciones para las que ayer todavía no había acuerdo.
La disputa tripartita que subsistía anoche por la presidencia de la principal comisión que quedará en manos de autoridades opositoras, la de Asuntos Constitucionales, demuestra hasta qué punto aquella supuesta monolítica alianza anti K de la preparatoria del día 3 no era tal. La ahora peronista disidente Graciela Camaño –presidenta hasta ahora de la comisión en nombre del oficialismo–, el radical Ricardo Gil Lavedra y Adrián Pérez, de la Coalición Cívica de Elisa Carrió, pretenden el control de esa estratégica comisión por la que deben pasar prácticamente todos los proyectos de ley que tienen la pretensión de cambiar sustancialmente algún estado de cosas.
En realidad, más allá de los entusiasmos desbordados de algunas crónicas de los grandes medios después de la jornada del 3, ni siquiera en aquella sesión preparatoria con mayoritaria vocación de marcarle límites al kirchnerismo (eso sí) fueron fáciles, fluidos y unívocos los posicionamientos de los distintos sectores. No existieron, como dicen esas crónicas, apenas dos actitudes, un “Grupo A” y un “Grupo B” según los cuadros de situación de la ubicua Patricia Bullrich. Lo cierto es que las posiciones centrales fueron básicamente tres: la de un oficialismo y pocos aliados que intentaban, en nombre de la “gobernabilidad”, mantener un esquema de poder dentro de la Cámara a pesar de la nueva relación de fuerzas; la de un conjunto de fuerzas opositoras de derecha que pretendía ir por todo, y la de los sectores de centroizquierda, primero once diputados y finalmente veinticinco, que se movieron entre las otras dos posiciones sin garantizarle mayoría suficiente a ninguna y forzaron el último cuarto intermedio y el acuerdo final que se tejió allí.
En el encuentro postergado hasta hoy, y siempre que no haya un nuevo retraso, debe regir como criterio inamovible el de la conformación de cada comisión con el número de integrantes proporcional al que cada bancada tiene en el total de la Cámara, lo que asegura minoría para el oficialismo en todas ellas. Sin embargo en las cuatro principales, dice también el acuerdo votado finalmente por todos el jueves pasado, el Frente para la Victoria tendrá una minoría de apenas la mitad menos uno. Lo que vale para Presupuesto y Hacienda, Asuntos Constitucionales, Legislación General y Peticiones, Poderes y Reglamento. Salvo en Asuntos Constitucionales, además, en las otras tres deberá designarse presidentes oficialistas, así como en otras diecisiete.
En las veinticinco comisiones que tendrán presidentes de bloques opositores la situación venía tan discutida como respecto de aquéllas. Una de las comisiones que suscita una fuerte disputa es la de Legislación del Trabajo, porque en la designación de su titular se expresa el conflicto más general sobre el modelo sindical, conflicto que ayer volvió a verse sacudido por un nuevo fallo de la Corte Suprema que reconoció la tutela sindical para un delegado que no pertenece a una organización con personería gremial. La titularidad de la Comisión de Legislación del Trabajo estaba en manos, hasta ahora, del abogado laboralista Héctor Recalde, principal asesor del secretario general de la CGT Hugo Moyano.
La estructura sindical tradicional se movió ahora con sus contactos con el peronismo disidente para tratar de garantizar que el reemplazante de Recalde sea otro hombre ligado al sector, y se habla del ex ministro de Trabajo bonaerense Roberto Moullerón, y hasta de Alfredo Atanasof. Pero por otro lado gana fuerza la posibilidad de que se designe allí a Claudio Lozano, de Proyecto Sur, integrante de la conducción de la CTA.
Todas estas disputas por la constitución de las comisiones y sus autoridades tiene menos importancia, sin embargo, que las perspectivas de la dirección que tendría a partir de marzo próximo la dinámica parlamentaria, por lo menos la de la Cámara de Diputados según su nueva conformación.
Lo que está claro es que la mayoría de 147 diputados supuestamente conformada en la sesión preparatoria no es un dato probable de esa dinámica. Cada tema en discusión deberá generar la construcción de una mayoría específica capaz de imponerlo, pero desde ya parece posible afirmar que no habrá condiciones para tales mayorías si algún sector pretende concretar iniciativas de máxima, al estilo de una eliminación o reducción sustancial de las retenciones a las exportaciones de granos, una reforma radical de la recién aprobada ley de medios audiovisuales o un retorno a un sistema previsional privado, por nombrar algunas de las reivindicaciones de la oposición más dura al Gobierno.
Incluso en aquellos temas en los que había acuerdo de títulos entre las fuerzas no kirchneristas para debatir rápidamente, las posibilidades de coincidencia se reducen fuertemente apenas se puntualiza sobre el contenido de los posibles proyectos respectivos. Es así cuando se habla de reformar el Instituto Nacional de Estadística y Censo, o de reformar el Consejo de la Magistratura.
A propósito, respecto de las características más generales y recurrentes de la futura dinámica de Diputados será central saber si la centroizquierda, como sector bisagra entre el oficialismo y la oposición de centroderecha, funcionará habitualmente con once diputados –cinco de Proyecto Sur, tres de SI, dos de Libres del Sur y Miguel Bonasso– o lo hará de manera más permanente con los veinticinco que terminaron siendo el tres, mediante el acuerdo con los seis socialistas, tres del juezismo de Córdoba y cinco del GEN de Margarita Stolbizer. Es que, con once, ese sector no puede asegurar que neutralice cualquier mayoría absoluta, pero con veinticinco sí lo hará, y entonces las exigencias y condiciones de la construcción de mayorías pasarían a ser notablemente distintas.
http://www.elargentino.com/nota-69057-La-alianza-anti-K-que-no-fue-comenzo-a-transparentarse-en-la-puja-por-las-comisiones.html