En las negociaciones comerciales desarrolladas entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur durante la semana pasada en Lisboa se puso de relieve que los europeos, a través de un posicionamiento exigente en sus demandas y ambiguo en sus ofrecimientos, no están dispuestos a firmar un acuerdo equilibrado.
La UE pretende incrementar su dominación comercial sobre el Mercosur en todos los temas involucrados en la negociación –actividades industriales, de servicios, de propiedad intelectual, de medidas sanitarias y fitosanitarias, de compras gubernamentales y de reglas de origen–, excepto en el rubro agropecuario, capítulo donde posee un estricto sistema defensivo de cupos y niveles arancelarios imposibles de aplicar en los bienes industriales del Mercosur.
El desequilibrio planteado y la contradicción de criterios entre sus demandas y sus ofrecimientos, reflejados en la rigidez en sus propuestas, revelan el desinterés por parte de la UE en la negociación; esas condiciones hacen inaceptable un acuerdo para la región.
Más allá de los desequilibrios observados, la actual negociación parte de una base que alimenta la desigualdad: las ofertas intercambiadas entre los bloques en septiembre del 2004. La UE solamente mejoraba el acceso para un tercio de las importaciones de origen Mercosur y, como contrapartida, nuestro bloque lo hacía para dos tercios de las importaciones de origen europeo. Además, considerando todos los productos incluidos en la negociación entre las partes y de acuerdo con las ofertas intercambiadas, el arancel promedio en diez años para el Mercosur debería bajar un 85% y el de la UE tendría que reducirse un 68 por ciento.
En una clara señal de falta de voluntad por progresar en un acuerdo equilibrado en las negociaciones, la UE no realizó a lo largo de los tres días de negociación –del 4 al 6 de noviembre– ninguna especificación acerca de mejoras en su oferta agrícola. Pero sí ha extendido e intensificado sus demandas en el resto de los temas implicados, particularmente el desmantelamiento de la estructura tributaria de los productos industriales.
En rigor, el impacto comercial en esos términos consolidaría las enormes diferencias económicas entre ambas regiones.
La semana pasada, la Ronda de Doha de la OMC cumplió ocho años sin poder alcanzar un acuerdo. El borrador, promovido por los Estados Unidos y la UE, consiste en un paquete de medidas que profundiza la liberalización del comercio en aquellos sectores donde las naciones desarrolladas son más competitivas y refleja un proteccionismo a ultranza donde no lo son. Las barreras comerciales, en la negociación multilateral se presentan en el comercio agrícola –como en el acuerdo de la UE con el Mercosur– a través de aranceles prohibitivos, cupos a la importación muy restringidos técnicamente y poco transparentes, y subsidios multimillonarios a la producción y a la exportación de esos bienes. Ese acuerdo ha fracasado en los últimos años debido a la desaprobación del proyecto de las dos más grandes economías en expansión: China e India.
Frente a este contexto global y para avanzar en una inserción comercial compatible con el desarrollo económico de la Argentina, a pesar de las dificultades de funcionamiento del Mercosur, debemos continuar insistiendo en buscar acuerdos de mutuo beneficio a través de nuestro bloque regional con otras áreas comerciales, de modo de encontrar complementariedades, obtener mayores márgenes y condiciones de negociación y fortalecer la unión regional.
Mariano Kestelboim
Economista jefe de la Fundación Pro Tejer; integró la delegación nacional en Lisboa
http://www.elargentino.com/nota-65619-La-dominacion-comercial-en-juego.html