El control estadounidense sobre Uribe va más allá del que pudo tener en su día con Noriega en Panamá
Una cualidad extraña de la existencia de presidentes como Álvaro Uribe es que permite tomar sin margen de error el pulso moral a la política internacional.
Su notada actividad, incluyendo bombardeos a países vecinos, y la trinchera que cava con sus políticas contra la disidencia —asesinato de civiles por el Ejército y su presentación como guerrilleros, el hostigamiento mortal a comunidades indígenas, o el hecho de que el 70% de los sindicalistas asesinados en el mundo sean colombianos— podría ayudar a pensar que el eje del mal está en otro sitio diferente al que normalmente se refiere. Pero la política internacional es el reino hobbesiano por excelencia.
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