Con notable regularidad, la cadena privada de medios suele acusar que los movimientos políticos con amplia base social exhiben su condición de tales a causa del usufructo de las necesidades básicas insatisfechas de sus seguidores, que sin opciones a la vista quedan cautivos de dichas relaciones. Consustanciados con el ideal que robustece la autodeterminación racional del Yo, pulcros y bellos medios de comunicación descalifican las manifestaciones políticas de los sectores populares porque no nacen de una experiencia y saber acumulado en instituciones educativas formales o de respetables intereses surgidos de una posición de clase privilegiada.
Esa interpretación, que niega la existencia cultural de algunos y fragmenta la sociedad, suele acelerar su beligerancia cuando acceden a la conducción del Estado gobiernos que promueven la desconexión de los centros internacionales o nacionales de poder o que se identifican con los olvidados de siempre.
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