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10 jun 2010
El triunfo de la revolución venezolana es responsabilidad continental Algo que Venezuela debería saber Fernando Buen Abad Domínguez Rebelión
Hay que generar una movilización comunicacional mundial. Nadie me lo pidió pero propongo que, masivamente, nos pongamos a mandar recaditos, mensajes y comunicados urgentes al pueblo revolucionario de Venezuela. Nada mal estaría decirle cosas al oído, cosas de hermanos, de amor fraterno, de necesidad y de urgencia. Por ejemplo: ¡Venezolanos, camaradas! Sus votos también nos representan en Bolivia, en Cuba, en Ecuador, en Nicaragua, en Colombia, en México... salgan y voten por todos nosotros, salgan y triunfen una vez más, con su fortaleza moral, con su revolución a galope, salgan como nunca y triunfen como se debe.
2 abr 2010
Comentarios de atalaya: Tiempo al tiempo Jorge Gómez Barata
El pensamiento social avanzado ha convertido en ciencia constituida una compresión de la historia de las civilizaciones y de las culturas, según la cual, aunque en una compleja dialéctica: las ideas no hacen al mundo sino a la inversa, no crean la realidad sino que emanan de ella.
La existencia de la humanidad y consiguientemente su cultura está ligada a la capacidad del ser humano para sobrevivir, reproducirse y crear del único modo posible: por medio del trabajo. Todas las doctrinas, las religiones y las expresiones de la cultura son fruto de necesidades sociales. Lo mismo que a Dios, la humanidad creó al Estado y al poder, el mercado y el dinero, las lenguas, la música y a la política, porque sin ellas no podía sobrevivir.
15 feb 2010
Socialismo del Siglo XXI, ideas para una base programática Por Olmedo Beluche
Veinte años atrás una hecatombe conmovió al planeta. De pronto “el mundo cambió”, dijeron algunos, y era cierto en buena medida. Se desplomó el Muro de Berlín y desapareció la Europa socialista, y poco después la Unión Soviética. El esquema mental con que muchos comprendían al mundo se vino abajo porque las bases objetivas que lo sustentaban habían cambiado. Aquello por lo que millones habían sacrificado sus vidas, el socialismo, parecía un fiasco.
Veinte años de crisis ideológica del socialismo y embates del capitalismo neoliberal
Desde entonces y hasta ahora ha reinado la confusión ideológica entre quienes comprenden que el capitalismo es un sistema explotador, irracional e injusto, y aspiran legítimamente a que “el hombre no sea el lobo del hombre” (disculpen que no use una expresión inclusiva), que la economía tenga por objetivo el bienestar colectivo y no la ganancia de unos pocos, y que su fundamento sea la razón y la ciencia y no la ley del más fuerte.
5 dic 2009
Cómo entender a esa rara gente de “pigmento oscuro” Por Norberto Galasso
Las incomprensiones y conflictos entre parte de las izquierdas y el peronismo siguen vigentes hasta hoy. Lo mejor del diálogo entre ambas tradiciones nació en los mismos días de octubre de 1945. Los grandes hitos de esa historia.
El Socialismo nace en Europa como consecuencia de las protestas obreras ante la explotación capitalista desarrollada en forma implacable e intensiva desde fines del siglo XVIII. Décadas después, el progreso alcanzado por las ideas en el plano económico, filosófico e histórico permite superar la primera reacción ingenua –el socialismo utópico– y posibilita el surgimiento del socialismo científico. Así, en 1848, se lanza el Manifiesto proclamando que “el fantasma de la Revolución recorre Europa”. Sin embargo, un cuarto de siglo más tarde, el capitalismo ingresa a su etapa superior –el imperialismo– que al explotar colonias y semicolonias, modera el antagonismo de clases en los grandes países desarrollados, en donde el socialismo se vuelve entonces reformista (del rojo al rosado, de Marx a Bernstein).
Este socialismo llega al Plata con los inmigrantes. No nace aquí como consecuencia de la concentración y la revuelta proletaria local –se trata de una semicolonia agropecuaria sin industrias– sino de la difusión realizada en idiomas extranjeros, por los recién llegados que desean continuar en estas tierras la lucha que venían realizando en sus países de origen. Desde el principio, pues, ese socialismo no se encuentra con la clase obrera... porque ella no existe (existen, sí, artesanos y empleados de servicios). No extraña que su dirección política se integre con abogados y médicos y que, aunque hable en nombre de los “obreros”, estos no nutran sus filas. Con el correr de los años, su base social será gran parte de la clase media porteña fuertemente influida por el liberalismo oligárquico de la clase dominante: mitrista en historia, liberal en economía (especialmente libre importadora para consumir artículos baratos), blanca y hasta racista respecto a sus compatriotas mestizos –“oscuramente pigmentados”, según un dirigente conservador– adoradora de la civilización europea o yanqui y enemiga de la barbarie popular y la política criolla.
Su lucha se centrará en algunas reformas sociales, en el laicismo, el divorcio, el antimilitarismo abstracto y el internacionalismo... en un país dominado por el imperialismo.
El Socialismo nace en Europa como consecuencia de las protestas obreras ante la explotación capitalista desarrollada en forma implacable e intensiva desde fines del siglo XVIII. Décadas después, el progreso alcanzado por las ideas en el plano económico, filosófico e histórico permite superar la primera reacción ingenua –el socialismo utópico– y posibilita el surgimiento del socialismo científico. Así, en 1848, se lanza el Manifiesto proclamando que “el fantasma de la Revolución recorre Europa”. Sin embargo, un cuarto de siglo más tarde, el capitalismo ingresa a su etapa superior –el imperialismo– que al explotar colonias y semicolonias, modera el antagonismo de clases en los grandes países desarrollados, en donde el socialismo se vuelve entonces reformista (del rojo al rosado, de Marx a Bernstein).
Este socialismo llega al Plata con los inmigrantes. No nace aquí como consecuencia de la concentración y la revuelta proletaria local –se trata de una semicolonia agropecuaria sin industrias– sino de la difusión realizada en idiomas extranjeros, por los recién llegados que desean continuar en estas tierras la lucha que venían realizando en sus países de origen. Desde el principio, pues, ese socialismo no se encuentra con la clase obrera... porque ella no existe (existen, sí, artesanos y empleados de servicios). No extraña que su dirección política se integre con abogados y médicos y que, aunque hable en nombre de los “obreros”, estos no nutran sus filas. Con el correr de los años, su base social será gran parte de la clase media porteña fuertemente influida por el liberalismo oligárquico de la clase dominante: mitrista en historia, liberal en economía (especialmente libre importadora para consumir artículos baratos), blanca y hasta racista respecto a sus compatriotas mestizos –“oscuramente pigmentados”, según un dirigente conservador– adoradora de la civilización europea o yanqui y enemiga de la barbarie popular y la política criolla.
Su lucha se centrará en algunas reformas sociales, en el laicismo, el divorcio, el antimilitarismo abstracto y el internacionalismo... en un país dominado por el imperialismo.
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