Una nueva crisis amenaza a varios países en desarrollo que enfrentan a fuertes devaluaciones de sus monedas y fugas de capitales. Ella es motorizada por los ciclos de auge y caída de capitales, y originada en el comportamiento de los inversores de los países desarrollados en búsqueda de ganancias.
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Varios países en desarrollo están siendo llevados a nuevas crisis económicas, en tanto sus mercados de divisas y bursátiles están sufriendo fuertes caídas, sin poderse aún pronosticar su perspectiva. La "venta masiva" en las economías emergentes se ha extendido también a los mercados bursátiles americanos y europeos, lo que provoca agitación global.
Algunos de los países que han sido afectados en las últimas semanas son: Argentina, Turquía, Rusia, Brasil y Chile. En un principio, el aumento de tasas de interés en Turquía y Sudáfrica no fue suficiente como para detener la depreciación de sus monedas.
Un analista de mercados de EE.UU. ha definido lo que ocurre como “una gripe de los mercados emergentes” . Los análisis de los medios de comunicación globales tienden a focalizar el problema en la debilidad individual de los países en desarrollo. Sin embargo, la tendencia simultánea a la venta de activos en la periferia lleva a pensar que se trata sobre todo de una respuesta generalizada al “estrechamiento” de la compra de bonos por parte de la Reserva de EE.UU. (Fed), evidenciada en la reversión de la política de dinero fácil (“quantitative easing”) que vino llevando adelante con la inyección de muchos cientos de miles de millones de dólares en el sistema bancario.
El 29 de febrero pasado la Reserva de EE.UU. redujo sus compras mensuales de activos en otros U$S 10.000 millones para llevarlas a USS 65.000 millones, ello luego de ya haberlas acotado también en U$S 10.000 millones en diciembre. Esta decisión dio nuevo empuje al debilitamiento de las monedas de los países emergentes.
Una buena parte del dinero bombeado por la Reserva de EE.UU. había sido utilizado anteriormente por inversores de EE.UU. en su búsqueda de mayores rendimientos en economías emergentes. Ahora, con el ajuste de la política monetaria y la expectativa de mayores tasas en EE.UU, los inversores salen de posiciones en bonos y acciones de países emergentes y ponen presión en las monedas. Los flujos de capital han cambiado de sentido.
No se puede explicar entonces la actual presión vendedora en los mercados emergentes como situaciones “ad-hoc” de cada país en particular. Forma parte predecible, e incluso inevitable, de un ciclo de auge y caída en los flujos de capitales hacia y desde los países en desarrollo que se origina en las políticas monetarias de los países desarrollados y el comportamiento de sus fondos de inversión.
Este ciclo recurrente, que ha sido históricamente tan desestabilizador para las economías en desarrollo, se ha visto facilitado por el proceso de desregulación de mercados financieros que con anterioridad habían sido cuidadosamente regulados y la liberalización de flujos financieros.Esta última llevó a masivos y crecientes flujos especulativos internacionales por parte de fondos de inversión. Las economías emergentes con mayor crecimiento económico y tasas de interés atrajeron a los inversores. El Jefe de Economistas del Centro del Sur, Yilmaz Akyuz, ha analizado los ciclos de auge y caída en su reciente estudio “¿Ondulándose o Hundiéndose?”(original en ingles “Waving of Drowning- Developing Countries after the Financial Crisis” – en http://www.southcentre.int/research-paper-48-june-2013/).
El boom de flujos de capitales privados hacia mercados emergentes, que había comenzado a principios de los años 2000, finalizó en Septiembre de 2008 con el vuelco de las inversiones, luego del colapso de Lehman Brothers, hacia alternativas de mayor seguridad y menor riesgo. Aun así, los flujos hacia los emergentes se recuperaron rápidamente. En el periodo 2010-12, estos superaron los récords que habían alcanzado antes de la crisis. La recuperación fue en gran medida debida a las políticas de dinero barato y tasas de interés de casi 0% en los EE.UU. y Europa.
En los EE.UU. su Reserva Federal inyectó U$S85.000 millones mensuales hacia el sistema bancario comprando bonos. Se esperaba que los bancos prestaran así a las empresas para impulsar la recuperación, pero en realidad los inversores colocaron muchos de sus fondos en los mercados bursátiles y en bonos y acciones de los países en desarrollo.
El ingreso de capitales llevó a una fuerte revaluación de las monedas, acciones y bonos de los países del Sur. Algunos de éstos dieron la bienvenida a este nuevo arribo de capitales y al auge de los precios de los activos. Pero otros comenzaron a estar preocupados por la revaluación de sus monedas (por lo pronto, al resultar sus exportaciones menos competitivas) y el temor que las ultra-expansivas políticas monetarias formaran parte de una “guerra de monedas” para hacer a las economías de los países más desarrollados más competitivas.
En el 2013 se debilitó el ingreso de capitales a los países en desarrollo debido a la crisis europea y la perspectiva que la Reserva de EE.UU. diera comienzo al “tapering” (estrechamiento), es decir la reducción de sus compras mensuales de bonos. Este cambio se produjo en mal momento - justo cuando muchas economías emergentes comenzaron a aumentar el déficit en su balanza corriente-. La necesidad de capital del exterior de esta últimas creció justo en el momento en que sus ingresos se volvieron débiles e inestables.
En mayo-junio 2013 hubo un anticipo de la actual corrida cuando la Reserva de EE.UU. anunció que podría pronto comenzar la reversión de su política monetaria expansiva. En lo inmediato, las autoridades monetarias norteamericanas pospusieron la medida y brindaron un respiro temporario.
De todas formas, en diciembre se anunció el comienzo del “tapering”, al informar la Reserva de EE.UU. La reducción de la compra de bonos de U$S 85 a a U$S 75 miles de millones mensuales, dejando abierta la perspectiva de más medidas. No hubo entonces súbitas ventas masivas en los países emergentes, en tanto los mercados ya habían anticipado la medida y la Fed informaba que las tasas de interés se mantendrían en los actuales bajos niveles hasta fines de 2015-
El ambiente de inversión se ha vuelto contra las economías emergentes. Muchas de éstas han sido ahora calificadas como “frágiles”, en particular aquéllas con déficit de cuenta corriente y dependientes de los flujos de capital. Paradójicamente, muchas de los países ahora designados como “frágiles” son en realidad parte de los BRICS y habían sido referidos sólo pocos años antes como las más poderosas economías emergentes impulsoras del crecimiento global.
En un ambiente de crecientes preocupaciones, sólo se necesitaba un “disparador” para provocar la liquidación simultánea de divisas y de los mercados de los países en desarrollo. Surgieron varios factores simultáneos para para conformar tal disparador. Estos fueron un reporte breve indicando la contracción de la actividad industrial en China; la súbita caída del peso argentino y las expectativas de mayores reducciones de compras de bonos por parte de la Reserva de EE.UU.
A lo largo de dos días (23 y 24 de enero) las monedas y los mercados bursátiles de varios países en desarrollo se conmovieron, expandiendo temores hacia las bolsas de EE.UU. y Europa. La alternación continuó la semana posterior, pareciendo confirmar el desencanto de los inversores con las economías emergentes y la reversión de los flujos de capitales.
La depreciación de las monedas y las salidas de capitales podrían imponer presiones en las reservas y debilitar las balanzas de pago de los países afectados. Las devaluaciones podrían tener un efecto positivo en la competitividad de las exportaciones, pero impactos negativos en la aceleración de la inflación (en tanto los precios de importación aumentan) y en los servicios de deuda (en tanto más moneda local se necesita para afrontar la misma magnitud de deuda nominada en moneda extranjera).
Nota: Traducción autorizada, bajo responsabilidad del CIGES (Centro de Investigación y Gestión de la Economía Solidaria)