9 jun 2010

El comercio exterior como parámetro real de la integración argentina al mundo Por Federico Bernal


Federico Bernal
El cada vez más vetusto?neoliberalismo argentino sigue advirtiendo que las naciones periféricas que rechazan las redentoras y generosas inversiones extranjeras (IE) terminan por caerse (aislarse) del mundo. Pero en la Argentina del 2003 a esta parte y de manera progresiva, la política económica del kirchnerismo no sólo admite a las IE como necesarias (aunque no excluyentes) al desarrollo nacional sino que además comparte su rol con una substancial dosis de capitalismo estatal y capitalismo privado nacional. De esta suerte (o mala suerte) las IE como parámetro del grado de aislamiento del país pierde solidez para la ortodoxia. Es entonces donde se ve obligada a buscar otro argumento. Hasta hace un par de meses, las críticas se centraron en enfatizar una Presidenta ignorada por el Primer Mundo civilizado. Pero nuevamente, dicha estratagema se dio de bruces contra la realidad: la Argentina logró (y sigue logrando) importantísimos avances y acuerdos diplomáticos bilaterales y multilaterales con infinidad de naciones, algunos incluso inéditos. Su protagonismo internacional es ya irrefutable. Así de mal las cosas, el iracundo “granero del mundo” no encuentra ya más evidencias que prueben –con un mínimo de seriedad y cordura– el supuesto aislamiento al que la Casa Rosada somete a la república.

A propósito, y con ánimo de evitarle a la ortodoxia dedique más tiempo a la infructuosa búsqueda de un nuevo indicador del aislamiento argentino, el presente informe retruca analizando el grado de integración argentina al mundo pero desde la evolución del comercio exterior. Porque al igual que en los tiempos pretéritos de las grandes civilizaciones, el comercio –e inmerso en él el tipo de mercancías intercambiadas, el control de las rutas y las materias primas, la moneda, la banca, etcétera– continúa siendo el factor determinante del desarrollo, la grandeza, la modernidad y la declinación de las naciones y los bloques de naciones. Aislados no hay comercio o lo hay escaso; integrados lo hay mucho, más aún en estos tiempos de crisis y transición económico-financiera.

Vaya pues, un breve repaso a la salud del comercio exterior argentino, y saque el lector sus propias conclusiones de qué tan cerca del fin del mundo se encuentra hoy el país, en pleno Bicentenario.

Evolución. Las exportaciones argentinas (medidas en valores corrientes en millones de dólares) pasaron de 8.025 en 1980 a 12.353 en 1990, 26.341 en el 2000 y 70.020 en el 2008. Es decir, entre 1980 y el 2008, las exportaciones registraron un incremento ininterrumpido del 772,5 por ciento. En este período, el aumento continuado más pronunciado se verificó entre el 2002 y el 2008, con un 172,3% (contra un 113,9% entre 1992 y 1998). Para los nostálgicos de los años ’90, las exportaciones se incrementaron un 113,2% durante esa década, mientras que para el período kirchnerista (2003-2008) el incremento fue del 136,8% (si se computa hasta el 2009, es decir, ya instalada la crisis internacional, el valor cae al 88,6 por ciento).

En materia de importaciones, u$s10.541 millones registró 1980, u$s4.077 millones en 1990, u$s25.280 millones en el 2000 y u$s57.422 millones en el 2008. El incremento continuado más notable de las importaciones se verificó entre 1990 y el 2000, con un 520 por ciento. Durante el período kirchnerista (2003-2008) las importaciones crecieron bastante menos, un 315,1 por ciento. Asimismo, y sobre todo al contemplar el origen de las críticas a la política exterior del kirchnerismo, resulta interesante destacar que las exportaciones de productos agrícolas se incrementaron un 88% entre 1995 y el 2006.

Un capítulo aparte merece comparar el nivel de exportaciones e importaciones como porcentaje del PBI. En cuanto a las primeras, el porcentaje en 1980 se ubicaba en un 3,8%; en 1990 había alcanzado al 8,7%; 9,3% en el 2000, y 21,4% en el 2009. La participación de las importaciones en el PBI nacional fue del 5% en 1980, 2,9% en 1990, 8,9% en el 2000 y 17,6% en el 2008.

Por países, regiones y bloques. Ahora bien, no pocos incrédulos retrucarían que el aumento de las exportaciones para el período en estudio obedece fundamentalmente al impacto del incremento de los precios internacionales en los commodities que tradicionalmente exportó (y exporta) la Argentina. Pues bien, tomando como referencia al informe “Precios Promedio de la Cámara Arbitral de Cereales de Rosario (1960-2009)” se advierte que entre 1992 y el 2009 la variación porcentual de los precios internacionales del trigo duro, el maíz duro, el girasol y la soja fue de 23%, 22,4%, 21,5% y 40,4%, respectivamente.

La máxima cotización de estos cultivos se registró en el 2008, con incrementos en relación con 1992 del orden del 43,7%, 55,8%, 121% y 51,3%, respectivamente. Sin embargo, si comparamos 2009 con los valores de 1995 (más representativos de la década del ’90) la variación cambia notablemente: -19%, 0,37%, -5,39% y 25%, respectivamente. De todo esto se desprende que, al comparar estas variaciones con las?registradas por las exportaciones entre 1990 y el 2008 (ver tabla), el impacto del aumento de los precios internacionales de los productos exportables en los aumentos de las exportaciones sea mínimo.

Refutada o no refutada esta hipótesis, nada más trascendental y contundente a la hora de hablar de aislamiento o de inserción de la Argentina que rastrear la evolución de los destinos y los orígenes de su comercio exterior. Por ejemplo y entre el 2004 y el 2008, el país: ¿exportó a más o a menos naciones? ¿Importó de más o de menos procedencias? ¿Se concentraron o diversificaron los mercados compradores? ¿Sufrió algún corte abrupto en el intercambio comercial con algún país, bloque o región?

En el 2004, la Argentina exportó a 47 países por más de u$s100 millones anuales a cada uno; en el 2008 lo hizo a 59 países. Este incremento para los destinos compradores de más de u$s100 millones anuales a cada uno fue del 25,5 por ciento. En el 2004, la Argentina exportó a 7 países por más de u$s1.000 millones anuales a cada uno; en el 2008 lo hizo a 17 países, o un incremento del 142,85 por ciento. En el 2004, los primeros 10 destinos se repartieron el 63,7% de las exportaciones totales, y los primeros 20 destinos, el 77,7 por ciento. En el 2008, los primeros 10 participaron con el 60,6%, y los primeros 20, con el 75,9 por ciento.

Es decir,?por un lado la Argentina exportó mayores volúmenes a más países; y por el otro, logró una mayor diversificación de sus compradores.

En cuanto a las importaciones, 27 países nos vendieron sus productos por más de u$s100 millones cada uno en 2004; cuatro años después serían 41 países los que venderían iguales volúmenes. En el 2004, apenas 4 naciones nos exportaron por más de u$s1.000 millones cada uno contra 10 naciones en el 2008. Es decir, incrementos del 51,8% y del 150% para los destinos con más de u$s100 millones y u$s1.000 millones cada uno, respectivamente. Entre el 2004 y el 2008, más países nos exportaron más.

A modo de cierre, observamos en la tabla adjunta marcados incrementos en las exportaciones argentinas hacia los destinos allí mencionados sin excepción, con promedios de variación porcentual del 592% entre 1990-2008 y del 134% para el período 2003-2008. En materia de importaciones, el promedio de la variación porcentual fue del 2.672% para 1990-2008 y 304% para 2003-2008. En ningún caso las exportaciones argentinas (igual para las importaciones) a los países, regiones y bloques listados en la tabla sufrieron una retracción entre 1990 y el 2008.

Por último, resulta interesante advertir una mejora sustancial en la participación del Mercosur, del Nafta y de la Unión Europea (UE-15) en el comercio exterior argentino. Un dato por cierto nada menor, pues evidencia el claro refuerzo comercial-empresarial argentino hacia su espacio de pertenencia, sin que por ello se afecte su relación con los países o bloques del centro.

De la defensiva a la ofensiva. Dedicarse a refutar las zonceras del alicaído neoliberalismo argentino resulta, amén de sumamente placentero, más fácil que robarle un caramelo a un bebé. Sin embargo, la cotidianidad de dicha práctica conlleva un grave peligro: refutar significa estar a la retaguardia y a la defensiva, cuando en verdad la realidad política nos exige lo contrario. Con esto se plantea no sólo refutar la zoncera del aislamiento, sino también la utilización de un nuevo indicador del nivel de integración de la Argentina al mundo. Necesitábamos no un parámetro para refutar el aislamiento, sino uno para confirmar la integración.

El notable cambio de época que vive el país –y con él América del Sur– precisa de la intelectualidad nacional y popular un rápido y obligado salto hacia adelante: de la retaguardia a la vanguardia, de la defensiva a la ofensiva, y que sea el obsoleto neoliberalismo el preocupado por refutar al nuevo país que asoma y se consolida.

*Director del Centro Latinoamericano de Investigaciones Científicas y Técnicas (Clicet)
http://www.elargentino.com/nota-93518-El-comercio-exterior-como-parametro-real-de-la-integracion-argentina-al-mundo.html