16 may 2010

“En la Argentina se está disputando un modelo de país” Por Carolina Keve

El secretario de Cultura, Jorge Coscia, analiza los significados del Bicentenario y la lucha de poder que, en su opinión, se pone en juego en estos momentos
Su antecesor, José Nun, consideraba al Bicentenario como un momento para debatir y fortalecer la identidad nacional. Sin embargo, algunos intelectuales se mostraron incómodos con esta definición. En su opinión, ¿qué representa?Me alegra mucho la definición de Nun. Creo que el concepto de “identidad nacional” es interesante en la medida en que la entendamos como la capacidad de un pueblo de recrearse todo el tiempo. Creo que el Bicentenario debe convocarnos a la reflexión sobre nuestra historia y sus lecciones para ver qué tipo de país queremos. Más cuando, a diferencia de otros países, nuestra historia es abierta e indefinida.
¿A qué se refiere?
Estados Unidos o Brasil han definido su modelo de país. El gobierno de Lula da Silva no duda si su país es industrial o no. Y nosotros no podemos definir si vamos a ser un país sojero agroexportador de commodities o si invertimos nuestro excedente en valor agregado y desarrollo industrializado.
¿No hay un modelo definido?
Hay una política de gobierno que, como cualquier política, es una carrera. Hoy, lo que se está disputando en la Argentina es un modelo de país. Y la política del Gobierno se enfrenta contra la alianza entre el capital financiero y el poder concentrado de la tierra que, a pesar de haber fracasado, no ha sido condenada.                                                                                                   
Bueno, los festejos del Centenario aparecen enmarcados por un fuerte conflicto social entre arrendatarios y terratenientes. ¿No cambió nada en estos años?Sí, pero hay una diferencia. Porque, en 1910, iba ganando el modelo agroexportador en un país sumamente exclusivo. Es interesante la comparación y creo que es mucho más alentador pensar que llegamos al Bicentenario en una carrera donde está ganando el modelo del Gobierno, que es un modelo integrador e inclusivo.
Ahora, usted mencionaba el caso de otros países donde ya hay definido un modelo. ¿A qué se debe que, en la Argentina, nos enfrentemos aun con esta incapacidad por definir un rumbo consensuado?Ojo con la palabra “consenso”. ¿Dónde se dio el consenso en Estados Unidos? En los campos de batalla de Gettysburg.  No estoy de acuerdo con esta idea idílica del consenso y del acuerdo. La democracia no funciona por consensos vacíos, funciona por imposición de mayorías. Por eso, se debe dar el debate y ver quién gana en las urnas en 2011.
A propósito del debate, en un artículo de La Nación, varios intelectuales acusaron cierto vaciamiento de significado del Bicentenario porque consideran que no se está debatiendo lo suficiente.No estoy de acuerdo. Por supuesto que hay espacios abiertos para algunos y cerrados para otros. Eso se debe al hecho de que hay espacios simbólicos definidos. Pero el debate hoy es más fuerte que nunca.
Y en este intento por repensar una identidad nacional, ¿cómo nos ve? ¿Somos una sociedad “dividida y crispada”?No, una sociedad dividida es la de España durante la guerra civil. No son sociedades que discuten un proyecto político, son sociedades quebradas culturalmente. No veo en la Argentina el peligro de una división profunda. Prefiero hablar de una encrucijada histórica. A partir de 2008, vivimos una fuerte embestida del poder económico concentrado. Ése es el debate que hoy se está dando. Y no es para menos, estamos frente al poder sojero aliado a la corporación mediática. Se trata de una alianza que tiene un arma sumamente poderosa.
¿Pero el debate en torno de los medios logra canalizarse entre el común de la gente? Creo que hoy hay mucha más conciencia de lo que se está debatiendo. Se podría decir que mucho más que al comienzo del kirchnerismo. En 2003, era todo un aturdimiento, una sorpresa. No se sabía bien qué era el kirchnerismo. Hoy, hay un crecimiento enorme de los niveles de movilización.
Sin embargo, muchas organizaciones sociales que adherían al oficialismo se dispersaron.Todo lo contrario, hay más movilización, mucho más que en 2008. En 2008, por momentos nos coparon las calles. Y ahora, tuvimos una marcha de cincuenta mil personas defendiendo la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Y estamos hablando de sectores que no vienen en colectivos ni son movilizados por ningún aparato. Es algo sorprendente, sobre todo si se lo analiza a contraluz del poder de fuego que tienen los medios de comunicación. Hay una franja muy grande de los sectores medios que, finalmente, comprendió lo que estamos discutiendo, lo que se está disputando. Es una batalla fuerte. No se está discutiendo la libertad de expresión en abstracto. Se están debatiendo relaciones de poder bien concretas. Y la oposición se encolumnó detrás de la alianza corporativa. Pino Solanas habla mucho del petróleo, pero cuando se discutió la 125, que tenía que ver con el petróleo verde del país, se calló. El silencio, en estos casos, es estar a contramano de la historia.
Y, ¿cómo explica las dificultades de la oposición por consolidar un proyecto común?Creo que, igualmente, la oposición expresa un poder real. Me hacen acordar a la Unión Democrática. El problema es cuando los que ideológicamente deberían estar más cercanos al modelo del oficialismo, en vez de ejercer un apoyo crítico, prefieren estar al lado de Carrió. De todos modos, no es algo nuevo en nuestro país. Para aprovechar el ejercicio de memoria histórica que impone el Bicentenario, recordemos que esto ya pasó. Pasó en 1930, cuando el socialismo atacó a Yrigoyen, y pasó en el 55, cuando un líder socialista termina como embajador de la Revolución Libertadora. Por suerte, el peronismo tuvo capacidad de reformulación.
Para algunos, el peronismo firmó ya su carta de defunción.“Los muertos que vos matáis gozan de buena salud...”. Si todavía no murió el radicalismo -y por suerte que no ha muerto-, al peronismo le queda mucha vida. Lo que pasa es que el peronismo es un movimiento amplio. La unanimidad es propia de las sectas. Por eso los partidos que funda Carrió se separan todo el tiempo, porque ella tiene una formulación política sectaria.
Y el kirchnerismo, ¿es peronista o se trata de una construcción más amplia, como se pretendía en un primer momento?Si de redistribución se trata, no hay duda de que el tronco del kirchnerismo es el proyecto de país que se planteó el 17 de Octubre. Ahora bien, me parece que la formulación transversal se pone a prueba en 2008. Y allí no es que desaparece, se replantea. Basta con ver Carta Abierta, basta con ver a los sectores socialistas o dirigentes del PC, o sectores del sindicalismo, como el que representa Hugo Yasky. Lo que pasó es que la baraja se reacomodó, y se reacomodó de una manera muy interesante, porque no lo hizo en función de intereses políticos -como podría haber pasado en 2004-, sino en función de un debate real.
¿La transversalidad no murió?La transversalidad está más viva que nunca.

Los actos del Bicentenario
¿Cómo se organizó la agenda del Bicentenario?
Es una agenda que atraviesa todo el año. Lo que buscamos es hacerla plural y federal. Por ejemplo, el Paseo del Bicentenario en la 9 de Julio tendrá un stand para cada provincia y uno para América Latina, además de contener espacios para las diversas comunidades. Representa la integración. La Semana de Mayo, obviamente, va a estar enfocada en la Ciudad de Buenos Aires, porque fue la protagonista de los hechos de Mayo.
Ya que menciona a la Ciudad, ¿el plan no debería haber estado mejor coordinado con el gobierno de Mauricio Macri?
Nosotros respetamos todos los trámites e hicimos todos los acuerdos necesarios. ¿Cómo se va a negar la Ciudad a que Nación encabece, como corresponde, el festejo?
¿Y cómo ve entonces las declaraciones de Macri por los cortes en la 9 de Julio?Me parece que tienen que ver con el enojo de Macri en estos momentos. Pero es una celebración para todos, no es momento para ese tipo de discusiones políticas.
http://www.revistadebate.com.ar/2010/05/14/2882.php