El ex sacerdote y teólogo habla del secretismo de la Iglesia, el poder conservador y el mito de Adán y Eva.
Dice que no siente rabia, que no les guarda ningún resentimiento. Y que ahora que dejó el sacerdocio siente mucha paz. “En estos años sufrí muchas prohibiciones y persecuciones”, explica. Aunque suene extraño, Ariel Álvarez Valdés (52) dice estar en paz ahora que abandonó los hábitos. “Dejé el sacerdocio, pero voy a seguir trabajando por la Iglesia”, aclara. Es un viernes a la tarde en Santiago del Estero y, ahí afuera, la siesta parece haberse tragado a toda la gente en las calles. Mientras tanto, el pontificado del papa Benedicto XVI vive su Semana Santa más turbulenta, después de que The New York Times informara que cuando el entonces cardenal Ratzinger estaba al frente de la Congregación para la Doctrina de la Fe había decidido no castigar a un sacerdote que abusó de doscientos niños sordos en Wisconsin, Estados Unidos. “El ocultamiento de los casos de pedofilia es otra prueba más del secretismo con que se maneja la Iglesia, como con mi caso”, dice Álvarez Valdés.
Ahora que dejó el sacerdocio, el ex cura acaba de mudarse nuevamente con sus padres, que viven en un gran departamento frente a la plaza central de la capital santiagueña. Cruzando la plaza está la catedral, que sobre la puerta de entrada tiene tallada en piedra la inscripción “Instruid a las naciones”. “Justamente lo que no me dejan hacer”, se va a quejar dentro de un rato, cuando el fotógrafo lo haga posar con la catedral de fondo.
Dentro del departamento hay muebles de época, sillas doradas, cuadros con marcos barrocos, una empleada que trae unas empanadas recién hechas y un estudio tapizado de libros que pertenece a su padre y que Álvarez Valdés usa estos días para recibir a la gente. El ex sacerdote es el mayor de cinco hermanos, viene de una familia de clase media alta y en la ciudad todos tienen una opinión sobre su caso. Algunos dicen que había gente que lloraba en sus misas cuando daba los sermones y otros, más maliciosos, rumorean que ya estaría en pareja. Él, sin embargo, dice que su interés es seguir trabajando para la Iglesia y está abocado a abrir un centro de estudio bíblico en la ciudad. “Durante años sufrí mucho porque pensaba: ‘¡Qué voy a hacer de mí si no soy cura!’. Hasta que en los últimos tiempos, cuando ya veía inminente mi renuncia, empecé a darme cuenta de que hay vida después de esta vida, y que podía dedicarme a otras cosas”, cuenta.
Tras veinticinco años como cura, en julio de 2009 Ariel Álvarez Valdés decidió presentar su renuncia al sacerdocio, agobiado por las persecuciones a las que había sido sometido por parte del Vaticano por algunos de sus artículos y libros sobre la Biblia, en los que sostuvo, por ejemplo, que Adán y Eva nunca existieron, que la Virgen María no era tan virgen y que el Ángel Gabriel nunca se le apareció para anunciarle nada, que en todo caso ella escuchó una voz en su interior. “En la Biblia, la virginidad no necesariamente debe interpretarse como un hecho meramente físico. La Biblia entiende por virginidad el hecho de la fidelidad a una misma persona”, explica. “La resurrección de Cristo —agrega— no fue un hecho físico, no fue que salió de la tumba y la gente vio su cuerpo. Fue que los Apóstoles tuvieron una revelación de fe”.
* La nota completa, en la edición impresa de Newsweek.
