Los pedidos de ajuste en Grecia ponen en riesgo la Eurozona. El país debe más de 300 mil millones de euros y abundan las huelgas y grandes movilizaciones en contra de los planes de recorte. Por primera vez, un país de la Eurozona entraría en default.
Como corresponde al país que se declara cuna de Europa, la deuda griega tiene dimensiones verdaderamente europeas. Grecia debe más de 300.000 millones de euros. Las 16 naciones de Eurolandia –las que adhieren a la moneda única– le prometieron una ayuda que, según especulaciones, sería de al menos 25.000 millones de euros (unos 34.200 millones de dólares). Pero Atenas todavía no la pidió, porque sabe que no es a cambio de nada, sino de reestructuraciones y recortes del gasto social cuya sola mención ya ha incendiado las calles. Si el sistema bancario y financiero caídos y la deuda pública creciente siguen siendo tóxicos, un escenario totalmente distinto de los previstos se diseña en Europa. Por primera vez, un país de la zona euro entraría en default, abandonaría la moneda común, y volvería a la anterior, el dracma, con una gran devaluación. Los que la elogian, la llaman “competitiva”.
En la ciudad belga de Bruselas, capital política de la Unión Europea, los esfuerzos tendían a que Atenas pudiera recortar su abultado déficit público, que fue del 12,7% del PBI en 2009: el Pacto de Estabilidad sólo autoriza un techo máximo del 3 por ciento. El comisario de Asuntos Económicos de la UE, el finlandés Olli Rehn, está moderadamente satisfecho con el durísimo plan de ajuste que ha puesto en marcha Atenas para contener la hemorragia y colocar, en 2010, su déficit público en el 8,7 por ciento del PBI, como primer paso para normalizar sus cuentas públicas. Los que no están contentos con estas asperezas son los propios griegos, que desde los estudiantes hasta los jubilados se manifiestan sin interrupción, y prolongan las huelgas, para evitar que la vida de sus generaciones sea la variable de ajuste para el equilibrio fiscal.
Aun con un plan de salvataje, no es seguro que Grecia se recupere. Los inversores ricos, griegos y extranjeros, ya retiraron miles de millones de euros de los bancos del país. Grecia promete más impuestos. Pero esa misma presión impositiva puede hacer que la fuga de capitales continúe, y aun aumente. La primera consecuencia puede ser un efecto dominó. Si Grecia es insegura, la voz se puede correr, y convertir en “Huyamos de España”. La segunda consecuencia, más terrible a los ojos de Bruselas y Frankfurt, sería un default griego, seguido de un (momentáneo o no) abandono del euro y un regreso al viejo, devaluado dracma.
El “caso griego” ha obligado a los 27 socios de la Unión Europea a repensar sus estrategias económicas. Por sobre todo, alertó sobre la equívoca vulnerabilidad de la zona euro: hasta hace demasiado poco parecía –hay que decir que erróneamente– un coto inmune a las circunstancias. Se ha pensado en establecer un Fondo Monetario Europeo, que emulara, pero restringiera a socios vip, al Fondo Monetario Internacional (FMI). Se ha reflexionado, en Bruselas, sobre cómo ayudar a Grecia. Especialmente, cómo ayudarla sin que se note. Porque según el Tratado de Lisboa, que es como la Constitución de la Unión Europea, hay que respetar ciertos mecanismos. Entonces, con tecnicismos jurídicos, hay que burlar el Tratado, que impide a los países de la zona euro asumir la deuda de alguno de sus socios. Entre las posibilidades figuran préstamos bilaterales, préstamos avalados por los países de la zona euro o una emisión de bonos garantizada por los gobiernos de la eurozona.
Las jornadas de huelga en Grecia se vieron reforzadas por la participación de los profesionales de la prensa: la radio y la televisión griegas no retransmitieron noticias, y los griegos se enteraron de qué ocurría por los medios extranjeros. La mayoría de las entidades públicas se encuentran cerradas, al igual que las escuelas y las universidades. En los hospitales sólo se atienden los casos urgentes. Tampoco abren sus puertas los complejos arqueológicos ni los museos.
El programa de austeridad del gobierno griego incluye la suspensión de contrataciones en los servicios públicos, la reducción de salarios y el aumento del IVA. Los impuestos del tabaco, el alcohol y los combustibles volvieron a subir por segunda vez en pocas semanas, situando ya el aumento en torno al 20 por ciento.
Casi el 87 por ciento de los griegos teme disturbios sociales como consecuencia del drástico programa de austeridad adoptado por el gobierno socialista para sanear las finanzas del país, según una encuesta publicada por el periódico To Vima. El 86,7 por ciento de los griegos encuestados cree que para Grecia lo peor aún está por llegar. El 38 por ciento espera que se necesiten al menos cuatro años para superar la crisis económica. Casi el 20 por ciento cree que la recuperación tardará entre cinco y nueve años.
Los encargados de ejecutar los recortes son socialistas.
Ante la oleada de huelgas, el primer ministro griego, Giorgos Papandreou, aun mostrando comprensión por el descontento ciudadano, repite que, simplemente, “no hay dinero”.
http://www.elargentino.com/nota-82515-medios-120-Fuego-en-la-Acropolis.html
