Por fin, después de las irregularidades cometidas durante décadas, quienes hoy responden al nombre de Felipe y Marcela Noble Herrera sabrán si son o no hijos de personas desaparecidas. El juez federal Conrado Bergesio envió al Banco Nacional de Datos Genéticos las dos muestras de ADN de Felipe y Marcela.
El pasado 29 de diciembre Bergesio estableció que la extracción de sangre de ambas personas la realizaran los forenses de la Corte Suprema de Justicia para ser analizada por un laboratorio privado. Ese mismo día se armó un revuelo no sólo porque contraviene lo dispuesto por la ley -que establece taxativamente al Banco de Datos Genéticos como el lugar para analizar-, sino porque la ministra de la Corte Carmen Argibay sembró dudas sobre ese cuerpo médico.
Al día siguiente, en un acuerdo expreso con los abogados de Clarín, empleados del juzgado de Bergesio fueron a las viviendas de Felipe y Marcela para obtener muestras de ADN a partir de productos de higiene o ropa íntima. Ambas jornadas indicaron la decisión de Bergesio de seguir las directivas de Clarín y no de las normas legales. En febrero recayó sobre el juez el primer pedido de juicio político en el Consejo de la Magistratura. El disgusto de las Abuelas de Plaza de Mayo fue mayúsculo y desconocieron estas supuestas pericias como pruebas para poder acreditar la identidad de Felipe y Marcela.
Esta semana se produjo un viraje importante. Tras más de dos meses, el juez aceptó mandar las muestras. Además, Alan Iud, jefe del equipo de Legales de Abuelas de Plaza de Mayo, dijo que considera válida esta muestra. Es decir, una vez que los genetistas del Banco de Datos analicen las muestras y las crucen con todos los casos registrados podrán saber con certeza si Felipe y Marcela son o no hijos de desaparecidos. En estos días comenzarán los estudios y 45 días después de iniciados se sabrán los resultados.
A mediados de mayo, antes de que la patria celebre sus 200 años, estará dilucidado un tema que, todavía, tiene a la mayoría de los medios en vilo, pero del cual se cuidan de informar.
Muchas personas, sintiendo compromiso por los derechos humanos, refrendan el mito de que a la directora de Clarín “le metieron el perro”. Es decir, que la señora, que como nunca había tenido hijos biológicos, tenía un intenso deseo de adoptar y, en consecuencia, no reparó en cuál podía ser el origen de los chicos. Algunos abonan la teoría conspirativa de que Jorge “El Tigre” Acosta lideró una maniobra de inteligencia para que la viuda de Noble quedara, involuntariamente, entrampada en una trampa del terrorismo de Estado.
Este mito resulta apasionante porque se acerca más a las fábulas que pretenden disfrazar como una leve macana lo que en realidad es un delito bastante aberrante, como es fraguar la identidad de una persona desde su nacimiento.
Y este caso merece un análisis complejo. El primer motivo es de orden subjetivo. Los medios de comunicación son depositarios de altísimo grado de credibilidad por parte de la sociedad. Por carácter transitivo, los receptores “les creen” a los periodistas y a los empresarios de esos medios. El segundo motivo es de orden objetivo. En cualquier decálogo o manual de estilo se establece que la información publicada debe ser verdadera.
Desde el inicio mismo de la democracia las Abuelas de Plaza de Mayo dijeron que era preciso determinar el origen y la identidad de Felipe y Marcela Noble Herrera. El accionar del Grupo Clarín estuvo orientado a dinamitar cualquier iniciativa legal en esa dirección.
En diciembre de 2002, cuando el presidente provisional Eduardo Duhalde estaba en la recta final para salir de la Casa Rosada, el juez Roberto Marquevich sorprendió al país al dictar la prisión preventiva de la viuda de Noble, dando curso al pedido de Abuelas de Plaza de Mayo y de dos familias que consideraban posible que los chicos tuvieran vínculo de sangre con ellos. La pulseada duró poco: la señora de Noble volvió a su mansión y a la dirección del diario. Un año después, la familia judicial limaba a Marquevich, quien debía enfrentar a un jury de enjuiciamiento o renunciar para evitar un linchamiento público.
Cualquiera hubiese pensado que, con la asunción de Néstor Kirchner y el giro que tomó la derogación de las normas de impunidad, el escenario era propicio como para que la lupa volviera sobre el tema. Pero no fue así. En realidad, el poder de Clarín creció en los primeros años. Obtuvieron beneficios empresariales demasiado generosos por parte del Gobierno. Y el tema de la identidad de los hijos no estaba en la agenda del kirchnerismo. Todo cambió cuando asumió Cristina Kirchner y se avanzó en el debate de la ley de servicios audiovisuales. No porque la Presidenta tuviera una postura diferente que su marido sobre el tema. Sino porque se había terminado esa etapa de convivencia entre los intereses comunes entre el Gobierno y ese grupo empresarial.
Origen. Cuesta entender que una empresa periodística no haya tenido fisuras en todos estos años. Que ningún periodista o abogado o accionista de Clarín no haya salido a romper la omertá existente. Y esto no es prejuzgar. Ellos deberían ser los primeros interesados en que se sepa la verdad. Nadie quisiera ser tratado en un quirófano donde las condiciones de asepsia sean malas. Nadie quisiera saber que los medios que consume están intoxicados de violación grave a los derechos humanos. Y, según consta en el expediente, hay muchos motivos para sospechar que Felipe y Marcela son hijos de desaparecidos.
Ernestina Herrera de Noble se presentó el 13 de mayo de 1976 ante el Juzgado de Menores N° 1 de San Isidro, a cargo de la jueza Ofelia Hejt (hoy fallecida) y declaró que once días antes había encontrado una niña abandonada en la puerta de su casa, dentro de una caja de cartón. Dice que cuidó de ella desde entonces y que pide la guarda provisoria y posterior adopción. La señora brindó dos testigos a favor de su historia, una vecina, Yolanda Echagüe de Aragón, y Roberto García, cuidador de una vivienda lindera. La jueza le otorgó de inmediato la guarda provisional de la niña, a la que llamó Marcela.
Dos meses más tarde, el 7 de julio, ante el mismo juzgado, se presentó una mujer que dijo llamarse Carmen Luisa Delta y ser madre soltera del bebé que llevaba en brazos y que, según ella declaró, había nacido tres meses antes, el 17 de abril. Declaró que no podía mantenerlo y, en consecuencia, le dejaba el niño a la jueza. En el juzgado quedaron consignados un número de documento de identidad y un domicilio. La señora de Noble se presentó ese mismo día, 7 de julio, y pidió la guarda del niño. La jueza se la dio en el momento. Unos días después quedó inscrito como Felipe. La dirección y el DNI de la supuesta madre de Felipe resultaron falsos.
A esa historia se agrega otra, revelada por el periodista y abogado Pablo Llonto en el libro La Noble Ernestina. García fue “inducido y obligado a firmar un texto preparado por los abogados para ser presentado en un juzgado civil relatando un hecho falso”. Pero García no sólo mintió sino que era uno de los choferes del diario Clarín.
Se abrió una nueva etapa. Un breve compás de espera de 45 días, y se sabrá la verdad.
http://www.elargentino.com/nota-82623-Felipe-y-Marcela-Noble-fecha-fija.html