Debido a las dudas existentes acerca de la estabilidad y el futuro a largo plazo de la economía de Europa, reaparecen en el mercado los temores acerca de la consistencia y capacidad de pago de la deuda soberana emitida por varias naciones del mundo, no solo las del Viejo Continente.
Antes del proceso de globalización cuando un inversor decidía comprar bonos de deuda de un país determinado le bastaba con entender la realidad económica de esa nación en particular: su solvencia, sus garantías y comportamiento de pago. A partir de que los países del mundo se hacen más interdependientes entre sí, se forman nuevos subbloques y el capital financiero viaja rápidamente y casi sin límites entre los mercados. De esta manera, se vuelve necesario hacer un análisis más complejo a la hora de decidir a qué país confiarle el capital de inversión. Prueba este concepto lo que sucedió con la deuda subprime, que si bien tiene su origen en los Estados Unidos el impacto negativo de su incobrabilidad trascendió en la solvencia de muchos bancos y países del mundo. Por lo tanto el concepto de diferencias de riesgo financiero entre las naciones desarrolladas y en desarrollo se torna mucho más borroso y difícil de separar.
A fines de noviembre del 2009 el Dubai World, principal fondo soberano del emirato de Dubai impulsó la reestructuración forzosa de sus pasivos, para la cual postergó el pago de obligaciones por u$s80.000 millones. En ese momento nos preguntábamos si se trataba de un caso aislado de insolvencia nacional o, por el contrario, si se estaba perfilando la punta de un iceberg, indicador del deterioro de algunas economías del mundo cuyo crecimiento estaría sobredimensionado sobre la base de un fuerte apalancamiento con capital de terceros insostenible a largo plazo. Los u$s80.000 millones que el fondo dubaití obligó a sus acreedores a refinanciar constituyó nada más y nada menos que un default soberano. Y esa misma amenaza de insolvencia se extiende hoy principalmente a Grecia, España y Portugal.
Entonces, es necesario analizar si estos reiterados y alarmantes síntomas de insolvencia de algunas naciones representan una nueva amenaza para el sistema financiero global en su conjunto.
Pero no sólo Europa está excesivamente endeudada. La actual crisis de Grecia es sólo un ejemplo dentro de Europa, ya que situaciones similares envuelven a los ahora famosos PIGS (Portugal, Italia, Grecia y España). Y el común denominador de las economías mencionadas es el alto nivel de endeudamiento público que tienen, y que supera el 100% de su producto bruto interno (PBI). Y, como amenazando entre bambalinas por el mismo problema, se encuentran las endeudadas economías de Inglaterra, Irlanda e Islandia.
No obstante, el cuestionamiento acerca de la solvencia de la deuda pública no se limita a algunas naciones de Europa, sino que alcanzan también a las dos economías más grandes del mundo, los EE.UU. y Japón.
Por supuesto que estas dos ricas naciones se sienten mucho menos preocupadas que Grecia o Portugal por el monto de sus deudas. En el caso de los Estados Unidos porque su moneda es aún la divisa de mayor presencia en las arcas de los bancos centrales del mundo, y además porque es por lejos la moneda de intercambio más utilizada en el comercio global. En el caso de Japón, el país del Sol Naciente, es acreedor neto del sistema financiero internacional y poseedor de más del 20% de los bonos del Tesoro que emiten los EE.UU.
Además conviene recordar que cuando se produce una crisis financiera, aunque esta tenga epicentro en Estados Unidos como la crisis subprime, los inversores corren a refugiarse en el dólar norteamericano; por lo cual el país del Norte es todavía generador de suficiente confianza como para temer que los inversores quieran en el futuro inmediato salir corriendo de los US Treasury’s. Sin embargo, sí existe entre los inversores la sensación de que la deuda emitida por el Tesoro norteamericano no representa la misma seguridad y solvencia?que tiempo atrás. Por lo tanto es de prever que en poco tiempo más se empiece a cuestionar la calidad de “inversión libre de riesgo” de la deuda emitida por Washington, y que esto lleve a los inversores a pedirle mayor tasa a Ben Bernanke para financiarle sus necesidades.
Por las debilidades de las naciones desarrolladas, y también?por propio mérito, va ganando mayor presencia y preponderancia en el portafolio de los inversores la deuda soberana de algunos países emergentes. Estamos diciendo, en síntesis, que los bonos soberanos de los EE.UU. y el dólar siguen reinando, pero se debilitan progresivamente y tienen varios actores que le disputan esa primacía absoluta.
Volviendo a la actual crisis que enfrenta la Unión Europea (UE), los inversores quieren ver como se comporta la alianza?para ayudar a los países en problemas. Una cosa es que se?les prometa apoyo a cambio de normas concretas de austeridad, y otra es que el titular del Banco Central Europeo (BCE), Jean-Claude Trichet, se disponga a regalar dinero fresco para tapar los agujeros de las economías europeas en problemas.
En el caso de Grecia, el mensaje de la UE al mercado es claro: la alianza ayudará si hace falta, con lo que cualquier especulador que quiera apostar contra el euro sabe que puede correr fuertes riesgos de pérdidas. El tiempo dirá quien gana.
De todas maneras, los inversores esperan que tanto Grecia como España y Portugal empiecen a realizar las reformas de estructura económica que tienen pendientes desde hace años, y que no pasan simplemente por achicar el gasto publico, sino también por modernizar sus economías y hacerlas competitivas en el mundo.
Pero también los inversores esperan reformas en?Japón, cuya población económicamente activa envejece, a la vez que se estanca económicamente y reduce su ahorro interno. Asimismo, la economía estadounidense requiere modificaciones estratégicas, ya que también este país ve envejecer su población, crece más lentamente y es gran deudor del sistema financiero internacional. Para los Estados Unidos las implicancias de su debilidad financiera de los últimos años es clara: el déficit fiscal norteamericano crece sin parar y se estima que alcance a u$s1.000 billones en los próximos diez años. En ese sentido, y en pos del orden fiscal, el gobierno de Obama piensa cobrar más impuestos a los que más tienen, derogar algunas exenciones impositivas y modificar el alcance de algunos beneficios sociales.
Al inversor le conviene tener en cuenta que la burbuja de endeudamiento público crea una situación de equilibrio altamente inestable en el mercado de bonos globales que es necesario seguir atentamente. La historia económica nos enseña que el principal factor por el cual un inversor está dispuesto a prestarle fondos a una empresa u Estado es porque cree que su deudor está en condiciones de honrar sus deudas en tiempo y forma. Se sabe que el dinero es cobarde, por lo tanto las expectativas y confianza de los inversores son muy volubles, y es difícil predecir en que momento esa confiabilidad desaparece. Por eso no se puede predecir en qué momento puede producirse una crisis de deuda.
Quienes financian a los EE.UU. no van a salir corriendo de sus inversiones en ese país inmediatamente, pero sí reconocen otras alternativas de inversión en los mercados emergentes. A su vez, la Reserva Federal conoce esa sensación de cautela de quienes financian el déficit, por lo cual los Estados Unidos van a tener que ofrecer tasas de interés más altas para retener los fondos que recibe. Y esto empuja las expectativas de alza de las tasas de interés en la cabeza de los inversores.
* Especialista en mercados internacionales, docente universitario y director de HR Global
Fuentes: Wall Street Journal - Nouriel Roubini Bloomberg.com
